Detrás del salón: más que tijeras y tintes

Isidora Acuña
Sep 6, 2018 · 3 min read

Una mujer con un estilo único, risueña y de carácter sencillo es Verónica Vargas de 33 años. Trabaja hace 8 como peluquera en el salón Mario Mezza, ubicado en la comuna de San Miguel.

De un principio a Verónica no le gustaba mucho la idea de estudiar peluquería, más bien le ilusionaba estudiar Mecánica de motos, ya que posee una, la cual es su medio de transporte día a día. Sin embargo, se dedicó a este oficio porque no hallaba qué estudiar y descubrió que tenía una gran habilidad con las manos que consideraba, debía compartir. Así fue como las vueltas de la vida la llevaron a estudiar en la Escuela de Peluqueros y Estilistas de Chile Mario Mezza.

Estudiaba y trabajaba a la vez haciendo el aseo, y cuando se graduó en marzo del 2010, una colega se accidentó y le dieron la opción de remplazarla. “A los 6 meses yo ya cortaba, lo que normalmente los alumnos no hacen. No me gustaba estar en clase, soy una persona inquieta, más práctica y de estar con la gente” comentaba Verónica entre risas.
A partir de aquella fecha comenzó a desempeñarse como peluquera en el salón que está ubicado entre Gran Avenida José Miguel Carrera y la calle Berlín en la comuna de San Miguel.

Las ganas de estudiar, de hacer algo y vivir de ello es lo que finalmente la motivó a seguir el camino de la peluquería. Siempre contó con el apoyo de su madre, quien bromeaba con ella y le decía que estudiara peluquería para que le arreglara el pelo. Tras años de ejercer en este oficio, que se ha vuelto su vida, admite que, si bien es un oficio entretenido porque conoce a harta gente, a la larga termina queriéndolo como odiándolo. Generalmente se exige el doble porque es un oficio muy competitivo. “En la peluquería uno gana, uno se encarga de producir, porque uno es el jefe, si yo no trabajo, yo no gano”.

Sin embargo, desempeñarse en este oficio si bien tiene sus ventajas también conlleva sus desventajas.
La carrera de peluquería suele ser muy corta porque después terminas sufriendo de dolor en las muñecas y las manos (conocido como Síndrome del Túnel Carpiano) por la constante utilización de objetos como la tijera, además de encontrarte expuesto prolongadamente a productos tóxicos — comenta Verónica — . Se estima que aproximadamente un peluquero bueno puede llegar a durar desde 12 hasta 20 años, más de eso no.

Tiene claridad de lo sacrificada que es la vida en este oficio, ya que es sumamente absorbente. Al igual que la vida del enfermero, este demanda de casi todo su tiempo y de pasar todo el día en el salón, en concreto desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche. En las fechas importantes como Año Nuevo, su horario se extiende según la empresa indique, no depende de ella. A futuro espera poder independizarse y vivir de la peluquería. Más que dedicarse a cortarle el cabello a los clientes, desea vivir de los negocios y poder administrar sus propios salones.

    Isidora Acuña

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    20, Estudiante de Periodismo UAH.

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