Los deberes para hoy son evaluar los deberes

Estamos siendo testigos de un debate suscitado entre defensores y detractores de los deberes escolares que considero de gran importancia y que requiere cuanto menos una reflexión. Se oyen posturas a favor y en contra pero no estamos siendo testigos de un debate que nos ofrezca una perspectiva más amplia de este asunto. Personalmente considero que los deberes tienen un papel importante en la jornada académica de los estudiantes pero es cierto que no todo vale. Lo primero que nos podríamos cuestionar es su propia denominación.

Deberes es sinónimo de obligación, lo cual puede ofrecer un rechazo inicial al tratarse de algo impuesto sin más. Otro término más amable puede ser tareas escolares que describe perfectamente lo que son sin esa carga negativa. Antes de decantarnos a favor o en contra de estas tareas podemos plantearnos algunas cuestiones:

● ¿A qué edad deben empezar a tener tareas escolares los niños? Es importante definir qué y cuántas tareas asignar a cada ciclo educativo. No es lo mismo niños de infantil que estudiantes de secundaria o universidad. Las tareas escolares en casa las debe poder realizar el estudiante de forma autónoma por lo que es necesario que tenga la madurez y el desarrollo necesarios para poder llevarlas a cabo. Considero que la edad de 7 años puede ser un buen momento para el inicio de esta rutina. A esta edad las tareas deben ser cortas y muy concretas.

● ¿Cuál es el horario escolar? A mayor jornada escolar, menor cantidad de deberes y viceversa. Los estudiantes tienen jornadas escolares muy variables en cuanto al número de horas y parece lógico pensar que es un factor determinante a la hora de decidir si los deberes para casa tienen cabida o no.

● ¿Son los deberes repetición de los ejercicios escritos realizados en el aula o son actividades que despiertan el interés de los estudiantes? Una de las razones por las que los estudiantes muestran rechazo hacia los deberes es que les resultan poco estimulantes. En general, los deberes suponen una continuidad del trabajo en clase sin embargo se podrían ofrecer tareas alternativas que puedan resultar más estimulantes como leer libros, ver películas, escribir redacciones, realizar tareas en Internet o preparar presentaciones.

● ¿Reciben todos los estudiantes las mismas tareas? Si existen diferentes habilidades y necesidades entre los estudiantes los deberes deberían seleccionarse de forma que los alumnos reciban las tareas que más les convienen. Si los estudiantes ven que los deberes les ayudan es más probable que los reciban con mayor agrado.

Considero que la cantidad y la calidad de los deberes es donde radica el problema más que en los deberes en general y es que estos tienen unos beneficios que me gustaría detallar:

● Favorecen que los niños se desarrollen a nivel personal ya que tienen que organizar su tiempo, sus materiales y su espacio para poder cumplir con las tareas. Este trabajo personal es esencial para que el niño sea consciente de la importancia de la gestión del tiempo y aprenda desde pequeño a trabajar de manera eficaz.

● Permiten que estudiantes con un menor aprovechamiento en clase puedan seguir el ritmo del curso ya que los deberes les sirven de refuerzo. Los profesores somos conscientes de que en cada grupo existen diferentes niveles de aprovechamiento y progreso y sería muy positivo dirigir los deberes para ayudar a que los estudiantes cuyo rendimiento es menor alcancen los niveles mínimos.

● Por otra parte, favorecen que los estudiantes desarrollen su potencial algo que quizá sea más difícil en clase por el ritmo grupal de las clases. Cada estudiante tiene unas fortalezas diferentes que quizá no pueda desarrollar en clase al verse obligado a seguir unas pautas por parte del profesor. Las tareas en casa pueden ser la oportunidad de poner en práctica estas destrezas y desarrollar los puntos fuertes que posea.

● Estimulan a que los niños desarrollen estrategias, habilidades y competencias nuevas algo que en el aula quizá no se produzca al contar con la ayuda del profesor y de los compañeros. Cuando un estudiante realiza las tareas escolares en casa se encuentra en un entorno muy diferente al del colegio: no cuenta con la ayuda ni las indicaciones de su profesor ni compañeros. Esta situación debe verse como una oportunidad de crecimiento personal.

● Permiten al estudiante trabajar a su ritmo sin la ansiedad o aburrimiento que puede provocar seguir el ritmo del grupo. Los que trabajamos en el aula somos testigos de cómo algunos estudiantes terminan las tareas antes que otros. De hecho, esto es uno de los retos de los profesionales de la enseñanza presencial ya que lo ideal es mantener a todos los estudiantes trabajando y sacando el mayor rendimiento de la clase. Si esta situación no se gestiona bien y dejamos que algunos estudiantes estén esperando al resto de compañeros podemos ver cómo se aburren y se desmotivan por la falta de estímulos cuyo resultado puede ser un empeoramiento en su comportamiento. Por el contrario, los estudiantes que requieren más tiempo pueden sufrir estrés provocado por el ansia que les produce quedarse atrás. Los deberes les pueden ayudar al permitirles realizar las tareas a su ritmo.

● Favorecen la creatividad de los niños ya que es más fácil plasmar su personalidad en estos trabajos. Una de las limitaciones del sistema educativo puede ser la falta de tiempo y espacio en el aula para que todos los niños desarrollen su personalidad debido al ratio profesor alumno. Las tareas en casa son una gran oportunidad para permitir que los estudiantes den rienda suelta a su creatividad, habilidades y preferencias en un entorno académico.

● Estimulan a los niños a buscar nuevos recursos como páginas web, diccionarios, libros, periódicos, enciclopedias o los mismos miembros de la familia. Los estudiantes pueden contar con recursos fuera del aula que les pueden ayudar a realizar sus tareas de forma diferente. También es una buena ocasión para indicarles dónde encontrar nuevos recursos accesibles a todos ellos: bibliotecas y organismos que forman parte de la comunidad.

Los deberes, en definitiva, suponen un compromiso para el estudiante que favorece tanto su desarrollo académico como personal. La cantidad justa de deberes y unas tareas que estimulen al alumno pueden ser la clave para que pasen de ser una carga a un factor de aprendizaje y motivación.

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