Nostalgias Nocturnas.

Tantas palabras sin decir. Tantos hubiera. Y al final ¿qué es lo que importa? Siempre tan confiado en mi mismo, tan feliz y precavido, sin darme cuenta que tenía agujeros en las manos con las que sostuve todo mi tiempo.

Y lo perdí. Sin darme cuenta llegué a donde estoy, dejando atrás muchas cosas que fui y que quise ser. Cosas que no volveré a sentir. El olor de la comida caliente de mi abuela. El sabor a jarabe cuando estaba enfermo y el calor de los brazos de mi madre.

Y nunca supe apreciar lo que tuve. Después de cada muestra de amor quedaba ese amargo sabor de boca. El descontento conmigo mismo, con mi vida y con lo que me rodeaba. El sentimiento de insuficiencia, siempre comparando mi vida con la de los demás, deseando que fuera tan prolífica como la de aquellos a los que no les interesaba mi bienestar, sin darme cuenta de todo lo que tenía en mis manos.

Viviendo bajo ilusiones y promesas de grandeza. Constantemente fuera de mi mismo, volando para escapar de mi realidad y callar a mi consciencia, y así seguir en el camino hacia ningún lugar. Buscando ser una persona que no era, no fui, y jamás seré. Ignoré una vez más los gritos de ayuda de quienes me necesitaban.

Irresponsable y egocentrista, escuchaba a los demonios y sus mentiras que enaltecían mi ego y me alejaban de mi esencia, una vida sin sentido y sin razón de ser.

Aún hoy no conozco una razón para intentarlo. No sé a donde quiero ir, pero sé que es irrelevante, pues poco importa el destino cuando disfrutas el paisaje.

He de buscar perdón. Recuperar el tiempo, liberar al corazón de sus cadenas y vivir libre. No más miedos. No más días sin decir te quieros. No más sueños bajo sustancias. Hundiéndome en los errores cometidos, busco redención en lugar de resignación. Responsable de mis propios actos y de sus consecuencias, busco un remedio a los dolores de la vida.

Es hora de no desperdiciar más el tiempo. Mañana será otro día.