La decadencia de la educación en competencias digitales

Recibes un email de bienvenida. «Me gustaría invitarte a…»

Entonces te das cuenta de que es un curso de social media o community management. Ya sea de una universidad, escuela de negocios, centro de formación o la tienda de fondillonas de la lado de tu casa.

Un curso para 40 o 50 personas, a un precio económico. Vamos a decir entre 500 – 900 euros. Con formadores que son muy buenos explicando cosas, publicando libros y twiteando. Hey, pero lo que tu buscas no es que te explique nada, para eso tienes los tutoriales de Youtube. Apuesto que buscas saber cómo hacer algo que produzca resultados que mejoren lo que haces: el trato con los clientes, convertir fans en leads, visitas en conversiones o construir credibilidad en tu audiencia.

Creo que demasiado de tu inversión en ilusión y expectativas en ese curso va al networking o a las cenas de los viernes.

Seguro, estoy seguro que tendrás 5 - 10h de perspicacia, interesante debate, tensión, conexión, experiencia y provocación y sí, es enteramente posible que escucharás a una o dos personas que te inspiren o motiven.

Pero pienso que podemos estar de acuerdo en que es una manera ridícula de eficientemente hacer que un profesional sobresalga del resto en esta – o cualquier área.

El fallo de este tipo de «pelotazo» está en que sufren porque tratan de ser demasiadas cosas a la vez y aportar demasiados beneficios que después no llegan.

Primero, ser asaltado con una promoción para programa de este tipo parece como un regalo. Está bien hacerlo, participar y aprender. El momento requiere que asientas con la cabeza y digas sí.

Date cuenta de que te involucras en esto no porque realmente crees en ello, aceptas porque es una obligación del sistema, supuestamente para adaptarte a los tiempos que corren, porque es la moda o porque estás desempleado.

Segundo, hay una serie de beneficios tanto para el alumno como el creador del curso, máster o especialización. Esta formación se realiza con un objetivo específico en mente, educar y enseñar a hacer, mostrar el camino para que sea atendido por los asistentes, no los profesores o la institución. El centro recibe el beneficio social por organizarlo, más el falso beneficio de sentirse útil, valioso y cambia vidas. El asistente recibe el beneficio social de participar en algo que podría cambiar las cosas pero que actualmente – y en realidad – no cambia, ni contribuye en absolutamente nada nuevo. Pero si aporta una nueva excusa para no hacer el trabajo que debe ser hecho, además del beneficio comercial de ser parte del un grupo entrenado para no pensar y obedecer.

De nuevo, nada de esto nos beneficia.

Por esta razón la educación relacionada con las nuevas formas de comunicación cada vez está más corrompida. Los asistentes se mueven por motivaciones que no van a encontrar ahí – por lo tanto el elemento de aprender haciendo se elimina.

Participar en cursos de cualquier estrato educativo sobre community management o social media está dramáticamente sobrevalorado precisamente porque aquello que se entrega al receptor es un mecanismo sin fundamento, el cual deja el mensaje: «puedo permitirme pagarlo, seguro que me ayuda a mejorar mi situación».

¿Necesitamos formación en social media y community management para lubricar nuestro trabajo en esta economía conectada?
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