La trampa del ansia

Lo arruina todo.

Usualmente, actuamos por algo que nos mueve, esto puede ser dinero, amor, popularidad, solidaridad o cualquier otro fin que se te ocurra. Hay diferentes maneras de hacerlo, desde la más elegante y sutil a la más sucia y lamentable.

Llega un cierto punto donde para conseguir lo que pretendes, necesitas a otra persona, quizás tienes relación con ella o quizás ni siquiera habías hablado con ésta hasta el día de hoy. Bueno, todos hemos estado ahí, lo que cambia es cómo dominas ese impulso de ansia por llegar donde pretendes.

El ansia:

  • Te hace perder la razón.
  • Cambia las foras correctas por unas indeseables.
  • Elimina toda la elegancia que desprendes.
  • Te identifica y marca como alguien que mejor no tener cerca.
  • Transforma por completo tu imagen (personal y profesional)
  • Proyecta en ti desesperación y en ocasiones frustración.
  • Crea ansiedad, obviamente.
  • Convierte tu trabajo en algo mediocre.
  • Descubre todas tus cartas de una y te hace fácilmente categorizable (peyorativamente hablando).

Todos sabemos esto, pero no está de más recordarlo cuando te aproximes a alguien tratando de ayudarle cuando lo que realmente quieres es ayudarte. Cuando des un consejo esperando vender tu consultoría. Cuando des una conferencia para vender tu libro. Cuando proyectes la imagen de un héroe comprometido, inspirador y noble únicamente para meterte a la audiencia en el bolsillo. O cuando te acerques a personas que podrían impulsarte únicamente para trepar por sus espaldas hasta llegar a lo lato (mete aquí la definición de éxito que se te ocurra).

Recuerda que por muy inteligente, pillo y audaz que seas, el ansia es como un pitbull rabioso contenido por una cadena, que el día menos pensado, cuando te despistes, se soltará y joderá ferozmente a alguien.

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