¡Qué pasó, brody!
Por Iván Cabrera
Hace casi un año, en las tradicionales vacaciones de diciembre, decidí probar un bocadillo tradicional acapulqueño: el bolillo relleno.

Este antojito se prepara con pollo o puerco, papas, zanahoria y chiles en vinagre. Además, se acompaña con un vaso bien frío de chilate (bebida de maíz tostado, cacao y ají).
Llegué y pedí seis ‘bolillos’, dos para mí y otros cuatro para repartirlos entre mis familiares.
En una charola, la pierna de cerdo reposa; está bien marinadita, jugosa y con una costra saladita. Fue horneada junto con las papas, zanahorias, plátano macho y chícharos. Constantemente, la bañan con el caldillo que soltó durante la cocción.
En la mesa, los bolillos fueron abiertos y esperan el contenido. La señora desmenuza la pierna y la mete en el ovoide; con una cuchara le pone los complementos y lo baña con el caldo agridulce.
Envuelven las piezas en papel de estraza y los meten a una bolsa de plástico.
Mientras despachan mi pedido, le pido uno de mis bolillos para ‘irlo comiendo’. El sabor es fuerte, dulzón y la papa le da equilibrio.
Completo el desayuno con el chilate, el tostado se queda en la boca… simplemente delicioso y refrescante para combatir los 28 grados a las 9 de la mañana.
Partimos con el botín, cinco ‘rellenos’ más… y uno de ellos será para mí.

