Las mentiras de los Warren

Al momento de escribir esto no he visto “El conjuro 2”, pero sé que será una película que disfrutaré porque tendrá un nivel aceptable de sustos, cortesía de James Wan. Sé que está basado en el caso de una familia en Londres, el la calle Green Street del barrio de Enfield. La familia Harper aseguraba que su casa estaba embrujada y trataron por todos los medios de llamar la atención del barrio, quienes, para ser sinceros consideraban a la matriarca de la familia sin , Peggy, solo una “loca”. Y para una loca, dos más. Los Warren, quienes ya tenían fama de demonólogos, fueron en su ayuda desde Estados Unidos, consiguiendo en el camino la portada de el periódico sensacionalista “Daily Mirror”. Ese periódico es la contraparte perfecta del norteamericano “National inquirer”, otro rotativo de gran venta que se dedica a vender historias absurdas o escandalosas.

Los Warren, la familia perfecta y católica personificados en “El Conjuro” por Vera Farmiga y Patrick Wilson, son en realidad un dúo de estafadores de siete suelas que han visto en la brujería, las posesiones “satánicas” y el exorcismo la forma de sostener su vida. Aunque ahora, solo Lorraine siga con vida.

Uno sus casos más destacados ha sido la supuesta maldición de Amityville, una casa en los suburbios del estado de Nueva York. En ella, el 13 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo, un chico de veintitrés años mató con un rifle a sus padres y a cuatro hermanos. El tipo, apoyado por su abogado, aseguró que voces dentro de la casa le obligaron a hacerlo. La verdad es que la defensa quería pedir que no fuera condenado por demencia, pero el fiscal de inmediato supo que era un truco y hoy cumple cadena perpetua.

Sin embargo, varios “investigadores paranormales” se apersonaron en la casa. Entre ellos los Warren, quien juraron que la hora de los asesinatos coincidieron con la muerte de la madre de Ed y por eso estaban ahí. Fueron, sacaron la supuesta foto de un fantasma y tuvieron que abandonar el lugar porque otros timadores les habían ganado el caso. Estos fueron los nuevos ocupantes de la casa, la familia Lutz, quienes, en conjunto con el periodista Jay Anson, crearon todo un trasfondo satánico para una casa que compraron en una bicoca. El libro fue un éxito y prestos, los Warren se dieron cuenta que ahí había un negocio. Claro, luego los Lutz fueron fueron expuestos como verdaderos tramposos, incluso por el padre que supuestamente fue a bendecir la casa.

Los Warren buscaron otra historia y cuando la tuvieron contrataron para escribir el caso a Ray Garton. Garton es un escritor de terror con altibajos en su carrera, pero que es muy prolífico y puede presumir. cuando menos, un par de libros buenos. Garton fue fichado para escribir la supuesta historia de posesión de una familia pobre que se acaba de cambiar de casa debido a que el hijo chico tenía cáncer. La casa, rentada a muy bajo precio, antes fue una funeraria. La historia de los Warren y la familia Snedekers le fue contada a Garton y este, bajo contrato tuvo que escribirla.

“Me ofrecieron el trabajo, — dijo en entrevista — porque solía leer las hazañas de Ed y Lorraine Warren en el National Enquirer, cuando era un niño. Fui a Connecticut y pasé tiempo con el Warrens y los Snedekers. Cuando me di cuenta que los Snedekers no podían mantener sus historias de forma coherente, fui a ver Ed Warren él me explicó el problema. “Están locos”, dijo. “Todas las personas que acuden a nosotros están locos, es por eso que vienen a nosotros. Sólo tienes que utilizar lo que puedas y hacer tú el resto. Escribes libros de terror, ¿verdad? Bueno, lo arregla lo que te digan y hazlo de miedo. Es por eso que te contratamos.”

El libro fue terminado, pese a que Garton nunca pudo hablar con el supuesto poseído, pese a que nunca vio las pruebas de actividad paranormal y pese a que, recabando información en el vecindario, la historia del libro no correspondía con la realidad.

Garton continua: “La familia era un desastre, pero sus problemas no eran de índole sobrenatural. Los Warren no podían ayudarlos. En el momento en que entrevisté a Carmen Snedeker, averigüé que estaba haciendo algún tipo de estafa en la lotería interestatal. Me instó en repetidas ocasiones a no mencionarlo en el libro y no decirle a nadie. Su hijo, alrededor de los cuales se centró toda su historia, no estaba por ningún lado. Nunca lo conocí. Al parecer, no tenía cáncer, sino más bien era drogadicto.”

Pese a todo el libro salió, con la petición de Garton de que fue clasificado como ficción, cosa que no hicieron. Con el tiempo, Hollywood decidió filmarlo bajo el nombre de “The haunting in Connecticut”. Garton, años antes de que empezara el rodaje (2008) comenzó a hablar de la chapuza detrás del supuesto exorcismo. Más o menos desde 1992. Por lo que se ganó el odio de los Warren y de una buena parte de los creyentes en la pareja. Garton ya conocía ese tipo de animadversión ya que nació en una familia mormona. Cuando le impidieron escribir terror tuvo que abandonar su casa y sufrir el desprecio de los que antes eran sus amigos.

Los Warren, sin embargo, continuaron con sus “investigaciones paranormales”. Su siguiente caso fuerte es el que se describe en la película “El Conjuro”. Ed dijo en una entrevista “(La familia) vivía en Hebrón, Connecticut y el agente de bienes raíces que les había arrendado la casa los estaba demandando por dos mil dólares. Ella nos pidió que entráramos en la casa y consiguiéramos pruebas que demostraran que allí había fantasmas. Fuimos a la corte de Rockville y ganamos el caso, estableciendo un precedente en los Estados Unidos, porque presentamos una evidencia muy sólida, con fotografías, grabaciones y testigos bastante creíbles”.

Si bien ganaron el juicio no fue debido a los fantasmas, sino al estado ruinoso de la casa. Incluso, varios de los sacerdotes católicos que ellos aseguran son sus aliados de inmediato se desmarcan de ellos.

Sin embargo, esta pareja de “demonologos”, tiene un punto a su favor, saben crear muy bien sus mentiras. Sabían buscar gente con problemas económicos, con poca instrucción, siempre al límite, que se dejaban manipular para poder sacar algo de provecho. Lo mismo mezclaban brujería, que demonios, e incluso hombres lobo, como aseguraron en su libro “Werewolf: The True Story of Demonic Possession”. Supieron crearse un personaje, contar un origen y reunir atrezzos que después exponen en su museo. Esta pareja se alimentaba del cine y a su vez, alimentaron al cine. A la muerte de Ed en 2006, Lorraine se retiró parcialmente, para regresar en ocasiones en algún programa de televisión y ahora, con el éxito de la cinta de James Wan, venderse de nuevo como la gran médium y caza fantasmas, que no es.

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