Luis Spota, el niño terrible de bucareli

Spota, el niño terrible de bucareli

Si alguien me hubiera pedido presentar a Luis Spota a mediados de los años ochenta me bastaría con unas cuantas líneas porque su obra era conocida por todos y estaba en todas partes: en las librerías atiborradas de sus novelas, programas de radio y de televisión, artículos periodísticos; ahora a 28 de su muerte es como si el prolífico escritor nunca hubiera existido.

Las generaciones anteriores tenían en sus bibliotecas mínimo un par de libros de Spota, ahora, no se reeditan, y los pocos que quedan de aquellos enormes tirajes (Ignacio Trejo Fuentes asegura que cada año de ellas se reimprimían cien mil ejemplares, más las traducciones a 20 idiomas) ahora están en los puestos de libros de viejo, con sus hojas amarillentas y sus portadas con los bordes raspados.

No hay registros del hombre que fue hijo de un campesino italiano, que apenas siendo un niño escapó de su casa porque no soportaba la rigidez paterna, que a los 21 años era director del desaparecido vespertino Últimas noticas de Excélsior (de aquel Excélsior, antes de que lo convirtieran en simple publicidad gubernamental), que fue miembro fundador y presidente del Consejo Mundial de Boxeo, que dirigió cinco películas, que escribió más de veinte cintas y escribió otras tantas novelas.

Tengo una seguridad, Luis Spota fue un hombre de su tiempo, pero fuera de lugar en México. En aquellos años, cuando gozaba de miles de lectores, era mal visto que un escritor vendiera y fuera conocido. Que un escritor hablara de cosas tan del público bajo como el box o el toreo. Que un escritor no hablara de los “grandes temas” e hiciera referencia a la larga tradición de la literatura.

El rancio poder que detentaba el poder literario en México era similar al que tenía el PRI en el gobierno. Razón por la cual nunca fue acogido con beneplácito por sus pares, escritores que siempre lo veían con recelo, a excepción de sus amigos cercanos. Hoy, un escritor que dirige, que hace crónica boxística, que venden sigue guardando cierto resquemor pero ya no es desdeñado.

Spota, cuenta Sara Sefchovich, presumía de ser precoz en todos los aspectos de su vida, por ejemplo: “a los doce años había publicado su primer cuento (en El Universal Gráfico, aunque Ramón Márquez asegura haberlo buscado sin éxito, porque en realidad, según Mary Lou Dabdoub, lo publicó un año después — lo cual también es precoz — en la revista El Cuento, dato que confirmaría Edmundo Valadés, director de esa publicación).”

A los 14 ya hacía entrevistas y fotografía para la revista Hoy; a los veintiún años ya era director de un periódico y fue en este diario, El últimas noticias de Excélsior, donde ganó mucha de su reputación. La leyenda dice y las portadas lo confirman, que durante 43 días seguidos sus reportajes ganaron la primera plana del periódico, amén de la ocasión que diez de sus notas tuvieron estuvieron en llamado a primera plana.

Obseso, compulsivo, Spota no paraba de escribir, de buscar la siguiente historia, el siguiente tema. Por eso, en 1948 cuando la novela “El tesoro de la Sierra madre” de B. Traven fue llevada al cine, con Humphrey Bogart como protagonista, Spota se aventuró a develar su identidad. El periodista siguió la ruta del dinero que lo llevó a un sitio en Acapulco donde Traven recibía su correo. Sería ahí, que dispuesto con una cámara con telefoto, Spota le sacaría una placa para posteriormente incluirla en su reportaje de la revista Mañana, que lo llevaría a hacerse acreedor al Premio de Periodismo otorgado por la Asociación Nacional de Periodistas en 1948. Sin embargo, Spota no lo sabía pero se había equivocado y había retratado al agente literario del autor, Harold Croves.

Spota era un observador muy certero de su tiempo, pero más del Poder. Por eso en sus reportajes, crónicas, pero principalmente en sus novelas el tema principal siempre fue este. En su tetralogía (Retrato Hablado, Palabras mayores, Sobre la Marcha y La víspera del trueno), es el ejercicio del poder el hilo conductor que hilvana las tramas. Y es curiosamente su cercanía con el poder, con los políticos encumbrados, (simpatizante siempre de la derecha, aunque crítico de la clase política) lo que lo llevó a tener muchos detractores con la intelectualidad de su tiempo.

Spota siempre fue muy cercano al policiaco. Su novela más conocida, Casi el paraíso, es totalmente noir. Es la historia de un estafador que decide utilizar sus encantos para ganar dinero en la clasista sociedad mexicana de los años cincuenta. Lo de antes, es otra historia de un antiguo ladrón que es obligado por un policía a seguir delinquiendo. Pero sería en el cine, junto al director Roberto Gavaldón y el escritor José Revueltas, que harían un par de películas totalmente noir en factura y narrativa. La noche avanza, la historia de un vanidoso y manipulador pelotari que en una sola noche recibe todas las facturas de su vida. En La palma de tu mano, vuelve el equipo completo, en esta un adivinador decide chantajear a una millonaria pero con funestos resultados.

Sin lugar a dudas, Spota, pese al ninguneo, sigue siendo imprescindible.

(Texto aparecido en El cuaderno Gonzo #1)