No todo es cambiar la O por la A

Por Iván Farías

Sarah Connor fue la primera mujer con la que me identifiqué en una película. Me gustó como pasa de ser la “damisela en desgracia” de gran parte de la cinta original, para al final tomar las riendas de su vida y convertirse en una guerrera. “Yo me ofrecí. Quería conocer a la leyenda.” Le dice Kyle Reese a ella que todavía no sabe de lo que será capaz.

En la segunda parte, Sarah Connor acepta el papel que les es asignado, no solo de Virgen María que debe traer al Mesías al mundo, sino como de maestra guerrera que deberá llevar a su hijo a los límites de su existencia para, en un futuro, salvar a la especie humana. Como bien apunta Mark Dery en su libro “Velocidad de escape”, los roles de género se invierten: Sarah encarna el padre inflexible y lejano, y la máquina, la viril máquina, en la abnegada madre que debe comprender y consolar al vástago.

En varias entrevistas Linda Hamilton y James Cameron han aceptada que este viraje radical de Sarah Connor fue producto del trabajo actoral de Hamilton. Ella se preparó por meses para dar esa imagen. Eliminó toda la grasa de su cuerpo, marcó sus músculos, aprendió a manejar armas, en suma, destruyó su imagen de niña frágil que construyó en su carrera previa.

La siguiente mujer con la que me identifiqué fue con Sigourney Weaver en “Alien”. La teniente Ripley era una chica en una tripulación llena de hombres. Ella era la segunda de abordo, luego del capitán Dallas. El resto eran tipos rudos, forjados en las minas y en el espacio profundo. Ripley nunca hace alarde de fuerza, pero sí de valentía e inteligencia. El engendro que encuentran en el planeta deshabitado es un ser asexuado, que “embaraza” a sus presas por la fuera. Una especie de violador interestelar que te desecha una vez que obtuvo lo que quería.

El enfrentamiento final es entre una frágil Ripley y un extraterrestre casi indestructible. El hecho de que Ripley muestre su ropa interior antes del enfrentamiento final no es gratuito, al contrario, remarcar la fragilidad del cuerpo humano frente a una bestia que tiene ácido por sangre. En la conclusión, la habilidad le gana a la fuerza.

En la segunda parte, también de la mano de James Cameron, Ripley sufre una transformación, no tan radical como la de Connor, pero sí queda manifiesto que no es la de antes. La teniente asume el liderazgo del grupo y sigue conservando su rol femenino, en contra posición a Vazquez, la soldado que es pura masculinidad en bruto. Aquí el sustrato de la cinta es la maternidad. Ripley se vuelve una madre adoptiva conciliadora y amorosa, aunque fiera y resoluta. Su Némesis es una madre devoradora, vengativa, encarnada en la gran procreadora de huevos aliens. Una, la alienígena es la madre de arquetípica, que será capaz de matar por sus hijos de “sangre”. La otra es una madre de nuevo cuño, que su vida va más allá de la crianza.

Ambos personajes, Sarah Connor y la teniente Ripley son personajes complejos dentro en sus respectivos universos. No podrían haber sido hombres porque el sustrato de ambas sagas cambiaría radicalmente. Eran papeles escritos para mujeres.

En la serie danesa “Forbrydelsen”, otra mujer protagonista hace su aparición. Sarah Lund es una oficial de policía que está a punto de volverse a casar con un empresario exitoso. Ella tiene un hijo adolescente y una madre común y corriente. El empresario le pide que cambie su lugar de residencia a Suecia, lo cual, para un danés, es como subir de estatus. Ella ya tiene trabajo, casa y una vida tranquila en Estocolmo. No lo sabemos bien pero al parecer en su trabajo actual tiene ya varios roces, aunque su jefe la quiere y protege. A la semana de su cambio de residencia, muere una chica en medio del bosque y Lund toma el caso como personal abandonando la promesa de un futuro ideal.

En Europa, “Forbrydelsen” fue un éxito apabullante. La Reina Madre en Inglaterra quiso conocer a Sofie Gråbøl, la protagonista y la recibió en la residencia oficial en medio de multitudes que querían estar cerca de esta heroína. Los suéteres que utiliza el personaje de Sofie, con motivos muy de los setenta, se volvieron a poner de moda. Con sólo tres temporadas “Forbrydelsen” se convirtió en un suceso que modificó la forma de hacer series en Europa. ¿A qué se debió su éxito? La creación de un personaje principal complejo y a la vez basado en un cliché, el del detective obsesivo. La única diferencia es que en este caso era una mujer que ponía por sobre la maternidad, el amor erótico y las relaciones fraternales, su deseo. Lund no quería hacer justicia, Lund lo que quería era “saber”.

“No, ella no se puede casar”, le dijo Sofie Gråbøl a Søren Sveistrup, el productor, cuando definían el personaje. “¿A poco Harry, el Sucio estaba casado? ¿A poco El hombre sin nombre tenía hijos?”, le dijo Sofie y el productor aceptó que era cierto. Y del personaje de Clint Eastwood en la trilogía del dólar de Leone, Sofie Gråbøl tomó su vestuario y manera de actuar. Así, esta detective danesa se agregó a la larga lista honoraria que incluye lo mismo a Sherlock Holmes que a Kurt Wallander.

Ninguno de estos tres personajes hubiera funcionado con un hombre. Tal vez la historia hubiera sido interesante pero no causado el mismo impacto y éxito. Actualmente, el reino de lo políticamente correcto ha infectado a Hollywood. Las feministas y muchos otros grupos han pedido que las mujeres salgan del rol de “damisela en desgracia” o de mero objeto romántico. La respuesta de Hollywood y la industria del cómic ha sido pronta, pero equivocada.

El ejemplo más claro de cómo piensan revertir esta sequía de personajes protagónicos es quitarle el mostacho a los hombres y ponerles faldas. Marvel comics, por ejemplo “volvió” a Thor mujer. ¡¡¡¿¿??!! Ya habían convertido a Spiderman en latino y en chica, porque, según sus reportes, el arácnido se vende mucho en Latinoamérica y es muy apreciado por las adolescentes. El resultado fue un fracaso. Hollywood está haciendo lo mismo. El caso más paradigmático es “Ghostbusters”, donde cambiaron a los cuatro protagonistas hombres, unos hermosos perdedores, que gracias a su ingenio logran el éxito, por cuatro chicas bad ass. E incluso cambiaron a la secretaria por un secretario guapo.

Sin haberla visto todavía y pecando de prejuicioso, se me hace que es como tomar todos los Kens de la bodega y ponerles cabello largo y bolsas para venderlos como Barbies.

Creo que merecemos personajes femeninos redondos, creados desde cero, no simples pastiches, basados en uno masculino. Un ejemplo esclarecedor de cómo deberían ser es Imperator Furiosa, dentro de la saga de Mad Max. Fácilmente pudieron hacer un reboot, es decir, iniciar la historia de cero y cambiar el rol masculino por una mujer. Pero su creador decidió tomar el riesgo y recreó toda la historia incluyendo un grupo de mujeres con todas sus problemáticas. Max cede su protagonismo a una Imperator Furiosa, pero no cambia un ápice su forma de pensar y actuar. Por eso creo que no todo es cambiar una “O” por una “A” y ya.

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