Telenovelas para hombres, bien hombres

Un amigo guionista escribe telenovelas de nuevo cuño para mujeres liberadas. “Estos melodramas siempre deben de tener un ‘interés romántico’ que se resuelva en la trama, pero de fondo debe haber problemas políticos”, me dice muy serio cuando le pregunto por lo que hace. Viendo su cara de cansancio producido por horas y horas de trabajo continuo para entregar a tiempo el siguiente proyecto, pensaba que tal vez el target de las series seamos nosotros los machos. Sí, seamos sinceros las series son una especie de telenovelas para hombres.

A últimas fechas el cine se ha convertido en un divertimento poco alentador para el cinéfilo. La mayoría de las producciones que reciben presupuestos monumentales deben asegurar al máximo su inversión. No es lo mismo invertir un millón de dólares en la trama de un controvertido director, con el que si la taquilla no responde, puedes apechugar el fracaso; a invertir el PIB de un pequeño país en una cinta que tal vez no te reditúe ni el 10% de lo que estés gastando. Es decir, puedes perder un millón Con Spike Lee pero no 400 millones con Michael Bay. Por este riesgo los grandes estudios han decidido ir a lo seguro y gastar en las adaptaciones de comics, series y libros que cuando menos piensan funcionarán.

No me defiendas compadre

Así, actores, guionistas, fotógrafos y demás se han ido a refugiar a la pequeña pantalla que sigue manejando presupuestos con los cuales se puede arriesgar. Los estudios y canales de TV han visto que para atraer al gran público masculino deberían de ofrecerles historias episódicas bañándolas de novedad. Tal vez la primera gran serie dirigida a nosotros, los hombres, fue CSI. Es cierto, ya habían estado muchas antes, pero en canales restringidos de paga. Como es el caso de HBO pero CSI buscó un mercado más amplio.

CSI es heredero de directo de las novelas de Patricia Cornwell y de los tecno-thrillers que tanto se pusieron de moda en los noventas. Jerry Bruckheimer es gran aficionado a ellos así que cuando el guionista Anthony E. Zuiker le propuso hacer algo que mezclara a partes iguales tecnología, grandes dosis de violencia y sexualidad, el productor de origen alemán dijo sí. El resultado es que después de 13 temporadas hemos visto desfilar de todo por ahí, desde romances y muertes en el equipo de policías de Las Vegas, hasta legiones de padres de familia queriendo prohibirla por su elevado tono.

Tal vez lo más curioso de CSI no son sus dos spin offs (uno en Nueva York y otro en Miami), los problemas normales entre guionistas y actores (que llevaron a meter en la congeladora a George Eads por pelearse con una guionista); sino que el sistema de justica norteamericano se ha quejado porque la gente les exige que actúen como sucede en la televisión. Más de un policía ha dicho algo que podría resumirse en “no me defiendas compadre”. Incluso, los tribunales norteamericanos han implementado entre sus normas para formar jurados que les pregunten por sus series policiacas favoritas. Si al prospecto le gusta CSI es tachado de inmediato.

El zombie es amor

Los hombres nos creemos superiores porque no vemos dramas; aunque con otro formato también los consumimos. The Walking dead (TWD) es el ejemplo más claro. ¿Una serie de muertos vivientes es un melodrama? Pues sí. En un programa normal con capítulos autoconclusivos, los personajes siempre están listos para la siguiente aventura, pero en una serie más grande los personajes crecen y deben enfrentar situaciones humanas. Mueren, nacen otros y se enfrentan a sus miedos.

George Romero, creador de La noche de los muertos vivientes, ha declarado en más de ocasión que para el TWD es un melodrama: “Una vez que han visto que el tema (zombie) funciona lo explotan hasta la saciedad. ¡Están por todos lados! ‘The Walking Dead’, ‘Guerra Mundial Z’, juegos, anuncios…¡Uf! Es demasiado”, dijo a varios medios. “Ellos (la AMC, productores del programa) me pidieron que hiciera un par de episodios de ‘The Walking Dead’, pero yo no quería formar parte de ello. Básicamente la serie sólo es una telenovela en la que se ve a un zombie ocasionalmente y que sirve de crítica o sátira hacía la política o el mundo en el que vivimos. No me interesa esa faceta”.

A finales de su cuarta temporada la verdad es que la serie de ha perdido la brújula y más de uno de sus antiguos seguidores ya la llaman The boring dead. Aunque la quinta promete mucho.

Corrómpeme

No hay duda, (salvo para los que somos fans de The Wire) la mejor serie de los últimos años (Stephen King dice que de la vida) es Breaking Bad. Esta producción de Sony y transmitida por AMC logró obtener tres años consecutivos el premio a la mejor serie por parte de los Premios WGA y ha ganado dieciséis premios Primetime Emmy que incluyen a los actores Bryan Cranston, Aaron Paul y Anna Gunn. Breaking Bad entró al Libro Guinness de los récords como la serie mejor puntuada de la historia.

Nada mal para una producción que al principio era recordada por los televidentes como “en la que actúa el papá de Malcom”. A decir verdad una historia donde Bryan Cranston, antigua voz de uno de los malos de Power Ranger y eterno actor secundario, no sonaba nada prometedora. El tráiler explicaba el nudo primario de la trama: un maestro de química necesita vender metanfetamina porque un cáncer lo carcome. La serie no fue bien recibida en los primeros capítulos pero pronto comenzó a volverse viral. La gente comentaba que Cranston ofrecía matices a su personaje, que hablaba sobre drogas y la política de su uso, que estaba inundada de un humor negro increíble, que tenía escenas míticas, como esa cuando Walter White enojado, avienta una pizza al aire y queda justo en el techo de la casa.

La serie se comenzó a llenar de cosas curiosas, que solo los productores le ofrecen a una legión de fans irredentos. Por ejemplo Saul Goodman, el abogado tranza, tiene su propia página en internet (http://www.bettercallsaul.com/) y es tan similar a las reales que muchos se han ido con la finta. Otra página que sigue arriba es la dedicada a Salvar al profesor de química (http://www.savewalterwhite.com/). Cuando intenta donar nos redireccionan a la página oficial de la serie.

Cigarros, café y alcohol

Las series ambientadas en el siglo XIX tienen éxito, las de los cincuenta no. Cuenta que dijo un productor cuando le propusieron Mad Men. Luego de esta negativa Matthew Weiner, su creador la llevó a AMC. La verdad, al igual que con Breaking Bad la historia comenzó con un bajo perfil. Pronto las relaciones enfermizas de la agencia de publicidad Sterling Cooper salpimentadas con alcohol, tabaco, envidias y sexo comenzaron a reunir seguidores uno a uno cada semana.

Matthew Weiner fue escritor de la quinta y sexta temporada de Los sopranos, lo cual anticipaba muchas de las cosas que serían materia común en Mad Men: los personajes complejos, el abuso de estupefacientes y esta especie de correcta danza en la que los vaivenes de la trama nos obligan ver cada uno de los capítulos. El inicio de la serie, homenaje a Vertigo y al diseñador gráfico Saul Bass hace también una declaración de principios: haremos un homenaje a esta época.

Y vaya que lo hace. Desde nuestra perspectiva políticamente correcta del nuevo milenio Mad Men retrata un tiempo en el que el tabaquismo, la bebida, el machismo, el sexismo, el feminismo, el adulterio, la homofobia y el racismo eran cosa común y nadie pegaba el grito en el cielo por que un hombre fuera infiel, porque fumara hasta que la boca se supiera cenicero o porque los blancos dominaran el mundo.

Elmore Leonard, exitoso novelista de westerns y novelas policiacas, quien fue publicista en esa época, afirmaba antes de morir: Mad Men es una exageración, si bebíamos así pero también trabajábamos.

La oscuridad al final de la pantalla

True detective ha sido a últimas fechas la serie que más tenido pegados al televisor a una buena parte de los hombres. La historia trata sobre una pareja de detectives que luego varios años son llevados declarar sobre un caso que ambos investigaron. La historia fue creada y escrita por el otrora desconocido Nick Pizzolato, quien ha logrado salir de los humedales de su estado, Louisiana, para remover a los corazones de los hombres que volvimos a creer en las series policiacas.

Si bien la historia puede verse como una enigma que va desentrañándose capítulo a capítulo, Pizzolato se las arregla para hacer referencias literarias que van desde Faulkner, Cormac McCarthy hasta Robert Chambers y Ambroice Birce, además del nihilismo de Thomas Ligotti. Cosa que los hombres comentamos en las reuniones mientras nuestras parejas se aburren de lo lindo.

Así, este novel escritor se ha unido al selecto grupo de los “Davids”: David Simons, David Chase y David Benioff, creadores de los más grandes éxitos del canal de paga HBO. Si bien Simons, el hombre detrás de The Wire no ha sufrido la fama de los otros, se ha ganado a pulso el prestigio que lo precede. Su serie se ha vuelto motivo de culto y de largas discusiones frente a las cervezas.

Chase por su parte, es también motivo de charla cuando alguien saca a relucir las andanzas de la familia Soprano, cuando discuten las referencias cinematográficas o las dotes paternales de Tony. Pero sin lugar a dudas el que está en la boca de todos en este momento es Benioff, quién está detrás de la enorme empresa que ha sido adaptar la obra de George R. R. Martin, Canción de hielo y fuego, conocida popularmente como Juego de tronos. Obvio, las cantinas y sobremesas en la oficina se llenan de los comentarios culteranos de los compañeros que ven en la lucha por el poder reminiscencias políticas y quienes piden que Peter Dinklage, uno de los icónicos personajes, no muera en la trama.

Pues sí. La próxima vez que le digas al mesero que traiga otra ronda para seguir discutiendo el punto con tus amigos, recuerda que tú también ves telenovelas.

Ojo cuadrado

Si bien las series se han llenado de talento frente y detrás de las cámaras, la verdad es que belleza y capacidad histriónica no están peleadas. Por ejemplo Bones, esta serie derivativa, pero con su propio público tiene a la bella Emily Deschanel. Y qué me dicen de Ghost Whisperer, la antiguaria que habla con fantasmas es nada menos que la bellesima Jennifer Love Hewitt. La inocente Alexis Bledel iluminó durante mucho tiempo Gilmore Girls. True detective tuvo por partida doble bellezas, por un lado Michelle Monaghan y además ofreció un desnudo integral de Rachel McAdams. Jennifer Morrison deslumbraba en House y Lauren Cohan, pese al lodo en la cara y la ropa sucia, brilla en The Walking Dead. Eso sí, la lista es interminable.

Texto publicado en Playboy México en 2014

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