Foto por José Murillo, unsplash.com

Entre la velocidad y la calma.

Los domingos son especiales. Es el único día de la semana donde realmente puedes apreciar y darte cuenta de la realidad en la que vives. Es el único día de la semana donde todo para, donde todo se calma. Los domingos me recuerdan a mi infancia. Recuerdo que desde pequeño siempre se iba la luz (eletricidad). En esos momentos no existían los smartphones, mucho menos iba a tener una laptop (estaban empezando) y ni hablar de redes sociales. Recuerdo que lo más parecido que tenía a un Gameboy era un Atari con tetris. Pero ya ni caso le hacía porque era lo mismo. Y uno se cansa de lo mismo. Los apagones me tenian harto. Siendo un niño uno tiene esa necesidad de matar el tiempo, y yo «lo mataba» puliéndome en la televisión (que no tenia telecable). En fin, cuando la bendita luz se iba, me las tenía que ingeniar para no aburrirme. Recuerdo que tenía juguetes a montones: Batman, Iron Man, Legos, carros, masilla y otros más. Para ese tiempo no me gustaba leer, o por lo menos no tenía el hábito. Solo me llamaban la atención los libros y revistas con muchas imágenes, sobre todo los que eran tipo mecánica popular. Que se fuera la luz era un evento grande. Tan grande para mi que era como si se acabara todo. Me daba un sentimiento de ¿por qué? Me ponía pensativo. Me ponía nostálgico. Me daban unas ganas de escaparme. Todo se calmaba, todo «paraba». Era un momento donde me tenía que conectar sí o sí conmigo mismo. Con lo que sucedía realmente a mi alrededor. Lo que me hizo muy observador de todo y un tanto «creativo». Sin embargo, llegaba la luz y soltaba todo. Puff a la mierda creatividad. Me sentaba a pulirme en la TV o llamaba a algún vecino con algún videojuego.

Por eso creo que los domingos son una analogía de lo que es la vida. Uno se la pasa puliéndose la semana entera, concentrado en ir al mismo paso que va todo el mundo. Desconectado de su alrededor. Pero, por suerte, siempre habrá un apagón que nos demuestre que debemos de parar un poco. Que debemos soltar cosas y concentrarnos en lo que realmente somos. Conectarnos con nosotros mismos siempre nos dará calma y un sentimiento de paz, imposible de encontrar fuera de un apagón.

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