Ansiedad, ataques de pánico y depresión.
Mi historia comienza a los 17 años, la primera ocasión en la que yo empecé a sentirme extremadamente triste, que no quería levantarme de la cama, que a veces intentaba arrancarme el cabello.
Esto sucedía después de que “descubrí” que yo era marica (sí, marica, no gay porque ese término implica blanquitud y cierto status económico), situaciones en las que no me encontraba y pues, aunado a eso, no sabía cómo decirles a mis familiares sobre mi orientación sexual, porque ciertas partes de la familia eran “progresistas” y la otra parte, religiosa (católica) y muy machista.
Al final lo conté pero pasé por mi primera etapa “oscura” de mi vida. Fui al médico y me comentó que lo que yo estaba viviendo eran ciclos depresivos de moderados a fuertes, empecé a tomar sertralina y tuve que acudir, por primera vez, a una terapia psicológica.
La verdad es que esa primera vez no se me hizo “descabellado” tomar medicamentos puesto que el doctor me dio una explicación sobre mis niveles de serototina y dopamina que estaban bajos y que el medicamento y la terapia me ayudarían bastante. Tomé los medicamentos durante un año y, de igual forma, me dieron de “alta” en mis terapias psicológicas.
Todo parecía ir bien, sin embargo este año fue mi segundo periodo negro (el cual no ha acabado).
Comencemos porque una tía murió de cáncer de esófago en enero de este año , el cual se le generó metástasis y después de un año de luchar, llegó a fin su vida.
En febrero, dos muertes más. La primera, mi abuela paterna, la que después de una negligencia médica murió de un infarto fulminante en el baño de su casa, por primera vez veía a alguien muerta, ahí tirada y con color pálido, por primera vez vi en muy mal estado a mi padre, todo eso me afectó.
A los pocos días me entero de la muerte de la mamá de una de mis mejores amigas, la escuché destruida, la vi mal, mi amiga, la que me inspiraba valentía y fortaleza, y ahora la veía destrozada, volvía a ver el dolor en los ojos de las personas a las que amo. Volvía a sentir que otro pedazo de mi corazón se rompía y me hacia falta algo, felicidad le llaman.
Durante ese período peleaba mucho con mi pareja Beto, mi gordo y conocí a otro chico que me ofrecía un nuevo panorama. Al final me di cuenta que había dejado de amar a Beto, otro duelo más sin resolver, terminamos a 4 años de haber iniciado la relación.
Sin sanar ninguno de mis duelos, a los pocos meses empecé la relación sexo-afectiva con Raúl y ahora me acuerdo de la canción de Megara, la cual una parte dice lo siguiente:
“Creía ya haber aprendido, siempre el inicio es hermoso, mi mente dice ten cuidado, porque no todo es maravilloso”.
En fin, a los 2 meses de terminar con Beto experimenté nuevamente depresión, ya la conocía y saludé a mi vieja amiga, pero ella no venía sola, venía acompañada con otras dos que nunca había conocido ni experimentado. Ellas hacían que tuviera miedo a morir de un infarto, que no pudiera dormir, que me sudaran las manos, que me dolieran las piernas, que tuviera taquicardia, náuseas y no entendía qué pasaba con mi vida, cada día más me sentía fuera de mí.
Me decían que tenía que ir al psiquiatra pero yo (aún con conocimiento en enfermedades mentales), decía que no estaba “loco”, que lo resolvería con terapia, pero no fue así.
A los dos meses más acudí al psiquiatra, me explicó que tenía ansiedad y ataques de pánico, en conjunto con la depresión. Me dijo que tenía que tomar clonazepam y me dio mucho miedo, no quería volverme dependiente del medicamento, y él me dijo que lo lograría.
Empecé a avanzar con la ansiedad pero tal parecía que la depresión no me dejaba, Beto estaba muy presente en muchos momentos, además que Raúl y yo nunca nos entendimos por completo.
Raúl y yo nos hicimos mucho daño, porque yo sí postulo que las personas que vivimos con ansiedad, depresión y ataques de pánico, a veces no sabemos lo que queremos, ni cómo lo queremos, a veces solo pensamos en nosotras, en un día más por sobrevivir y eso puede desgastar mucho una relación afectiva.
Al final, después de 5 meses juntos, Raúl y yo terminamos, y vuelve a abrumarme el sentimiento de que no valgo, que no soy suficiente, que hice las cosas mal, tengo otra vez miedos, mucho miedo y me siento muy solo, a veces me siento como una persona que ya hace todo por inercia: despertar, bañarme, ir a trabajar, regresar en el transporte público que hace que me sienta peor, llegar a casa y dormir.
Se me han ido perdiendo mi sonrisa llena de felicidad, la chispa de mis ojos llenos de vida y de sueños, ahora solo me siento “gris”, en el limbo.
No sé que vaya a pasar en el futuro próximo y a largo plazo, siempre he creído que “todo pasa por algo”, pero no me explico por qué me está pasando todo esto a mis 24 años.
Estoy en busca de la felicidad.
Espero lograrlo