El logo no es racista

Lo son los que lo quieren ver así, autoungidos defensores de un grupo que ellos, en su racismo, identifican como débil y necesitado de sus buenos oficios.

Grupo que, por cierto, cuenta con deportistas de élite, escritores, músicos y actores de primera acá en el país y afuera presidentes, parlamentarios, ministros, astronautas, activistas de DDHH, premios Nobel, jueces y empresarios multimillonarios que dudo que hayan llegado a donde están pensándose vulnerables.

La condescendencia es, quizá, un problema mayor y que acentúa cualquier desigualdad. Eso y el sentirse protectores es una mezcla peligrosa.

Si hurgamos con suficiente malicia, de cada imagen que vemos podemos extraer maldad, a veces tácita y a veces deliberada. Y pareciera que la malicia se regocija en que el acusado de racismo no sepa que cae en esa falta, porque nada complementa una lectura acusatoria como sentir la superioridad de ser uno de aquellos cuya inteligencia y preparación le permite ver el racismo que la plebe no ve, y citar un par de nombres pesados acordes con la ocasión.

En fin, odiaría pensar que gente inteligente cae en payasadas como la lectura del Pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelart. Pero no parece haber alternativa.

Mucha basura condimenta el brebaje marxista en estos tiempos. No se lo beban.

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