Inmobiliar: nombre irónico y cero resultados

La economía en crisis y las cuentas públicas con saldos magros no parecen ser obstáculo para la operación de los cientos de instituciones revolucionarias, unas más necesarias que otras. Resuena en cada conversación de nuevos desempleados, de consultores impagos y de privados afectados por la economía que un derrochador superintendente de control de poder de mercado pague $20.000 mensuales por sus oficinas. O que el ministerio de minas pague alrededor de $27.000 mensuales por dos pisos de un edificio y la universidad Ikiam desembolse $8.000 al mes por una pequeña oficina en uno de los edificios más exclusivos de Quito.

No quiero ni imaginar la suma de todos esos montos en el presupuesto general del Estado. Por eso es importante reflexionar sobre una pintoresca entidad creada por el régimen: INMOBILIAR. La idea de esta agencia es gestionar las propiedades estatales. Yo habría pensado que optimizar su uso y ahorrarle plata al Estado debía ser también una de sus líneas de acción, pero eso es incierto.

No sé si el gobierno sepa el cálculo total de cuántas propiedades estatales están en desuso o subutilizadas y por cuántas se paga arriendos estratosféricos. Esos números deberían ser información pública. Tampoco hay manera de saber si los estudios para las plataformas gubernamentales, que contemplaban los cálculos financieros de arrendar versus tener casa propia, se hicieron con una visión global o solo de proyecto aislado. Los valores astronómicos que pagan instituciones públicas por concepto de arrendamiento y que poco a poco van saliendo a la luz harían pensar que no hubo mucha visión integral.

Convendría saber si en el catálogo ideológico de Alianza País sea bien visto rentabilizar miles de metros cuadrados estatales ubicados en zonas de gran demanda. La utilización comercial de los locales de nivel de calle del atrio de Carondelet pueden ser una guía: sí es posible que una institución pública genere ingresos rentando con fines comerciales los frentes de sus edificios. Varios lotes baldíos, locales con buenos frentes comerciales, edificaciones históricas botadas, parqueaderos vacíos, bodegas de carros viejos, esquinas sobrantes y basurales en las mejores avenidas atestiguan la falta de criterio inmobiliario de la irónicamente bautizada Inmobiliar.

¿Han sido los funcionarios de esta entidad demasiado elementales y dogmáticos como para pensar en estos términos? Si lo pensaron, bien por ellos pero fue tiempo perdido y no le ahorraron al Estado un puto centavo. Si no, pues va siendo hora de que Correa lo haga.

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