Lecciones de Wall Street para La Magdalena

La estación de PATH del World Trade Center, diseñada por Santiago Calatrava abre esta semana en lo que poco a poco deja de ser la zona cero del 9/11 y es un foco de regeneración urbana en Nueva York.

La estación se inaugura con 1800 millones por encima del costo presupuestado. Es un hito en la ciudad e indudablemente un objeto arquitectónico muy atractivo, aunque es la No. 18 en tráfico y no representa un hub demasiado importante de multimodalidad ni coneciones regionales. No obstante los detalles, el tema de fondo es si su valor como catalizador de regeneración y de desarrollo local justifica una factura total de 4000 millones de dólares.

Es ya costumbre y se toma como normal que los grandes proyectos de infraestructura urbana sobrepasen sus presupuestos. Pero en contextos como Nueva York, donde existen empresas cuya capitalización en el mercado es mucho mayor que el monto del sobrecosto y donde anualmente hay decenas de proyectos públicos y privados que sobrepasan el billón de dólares, la cosa no suena tan apocalíptica.

En nuestro contexto hay una sola obra de esa envergadura para cuyo financiamiento vamos a hacer inmensos sacrificios. La pregunta es, ¿su valor y su contribución en el largo plazo justifica el costo final, que hoy no conocemos?

El Metro de Quito se inició, y es nuestro deber ir buscando conjuntamente entre gobierno, academia, corporaciones y ciudadanos, los mecanismos para aprender lecciones, cambiar hábitos, implementar innovaciones y crear las condiciones para que el fin de las obras, los inevitables sobreprecios y las molestias no sean solo eso, sino un aprendizaje.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Jaime Izurieta Varea’s story.