3 propuestas de debate en el escenario peruano reciente

Declaraciones de Ollanta Humala, http://www.andina.com.pe/agencia/noticia-jefe-del-estado-no-pagaremos-ni-un-sol-indemnizaciones-a-terroristas-562741.aspx

Que el presidente de la República del Perú haya cometido -una vez más- un exabrupto político no es algo que llame la atención a nadie. Lo doloroso en este caso es que en sus declaraciones se halla la abdicación liberal de los líderes políticos a defender los derechos de sus ciudadanos. Sus declaraciones sobre el inminente fallo de la CIDH en la que (a todas luces) el Estado Peruano vulneró los derechos de los subversivos rendidos en el episodio del secuestro en la casa del embajador del Japón en el Perú el año 1997 nos recuerdan la gran distancia que hay entre el empequeñecido personaje y el gran traje del cargo que no alcanza a calzar.

Además de su intento por tergiversar el fondo de la cuestión culpando a los activistas y organizaciones de defensa de derechos, el presidente abdica en su función republicana de defender a sus ciudadanos distando de su propia complacencia y de la dictadura de la mayoría.

´República´ proviene de los latinismos “res” y “publica”, que buenamente pueden traducirse como ´la cosa de todos´, ´la que pertenece a todos´, y, ´el interés común´. Siendo así, la raíz etimológica del término tiene su tía abuela mayor en la palabra griega “politeia”, que en ciencia política se traduce para entender las formas de régimen, constitucionalismo y ciudadanía.

Asistimos con estupor, pero sin crisparnos (lo que entristece), a suicidio político del Sr. Humala como adalid de la regeneración política del escenario político peruano. Su caracterización de los familiares de los asesinados extra-judicialmente en el rescate de los rehenes es como llamarlos ciudadanos de segunda clase. Me explico. El rótulo “terrucos” nos habla de una mentalidad atascada en la lógica de la violencia, en la que la “justicia” es sólo un instrumento de castigo sin una formulación aleccionadora ni restitutiva. Para el Sr. Humala las víctimas de los abusos y secuelas de la época de violencia son jerarquizables. Y que los familiares afectados por el asesinato de sus miembros no sean incluídos dentro de las víctimas es una cuestión que las organizaciones de derechos, los liberales y el propio Estado Peruano tendrá que responder para cimentar algún esbozo de futuro compartido.

Las mayor parte de repúblicas modernas crecen en sociedades maduras e ilustradas. Con frecuencia, estas sociedades desarrollan mecanismos de protección institucionales que dan cabida al individuo y lo protegen de una mayoría que podría (por omisión o abuso) cegar el libre desarrollo de su personalidad.

Usanza regular de los políticos en sus manifestaciones en el interior del país

En el sentido de lo anterior, el republicanismo del Sr. Humala queda en la poca monta del carácter de un improvisado conservador que no tiene la capacidad de proteger lo que es justo por encima de sus apreciaciones personales. Sigue llevando el terno y la moral de oligarca de la sociedad de los señores criollos, aunque se vista de campesino indígena.

Frente a estos actos de desprotección ciudadana, la tarea liberal es promover el debate y la lucha de ideas con el objetivo de proteger las libertades civiles y de vencer al oscurantismo sobre el que amenaza el 2016. En nuestro país, el debate acerca de las libertades civiles se truncó hasta noviembre del año 2000. Luego de una democracia quinceañera se presenta el escenario para continuar el trabajo político de protección de los ciudadanos: queremos decir, el reconocimiento a los involucrados, afectados e interesados en lo que sucedió en el país hasta el año 2000 (y que continúa en una faceta evolucionada en el vraem) va de la mano con el desarrollo y maduración política de nuestra sociedad.

Para ello, propongo retomar 3 actividades:

  • reconocer a los familiares y deudos de todas las partes involucradas en el conflicto interno como “víctimas” dentro del Registro Único de Víctimas (RUV);
  • repotenciar el debate acerca de las funciones sociales de las FFAA, de los partidos y organizaciones civiles en general, pero, sobre todo, incluir en este escenario político a las organizaciones cercanas al post-senderismo; y,
  • revitalizar los valores republicanos: ley, solidaridad y ciudadanía.

En estos 3 aspectos cabe mencionar que hay un inicio en los proyectos de ley e iniciativas que se presentan al Congreso de la República para mejorar la ingeniería partidaria. Además, las mismas FFAA parecen cuestionarse acerca de sus funciones en el escenario peruano local como parte del sistema internacional regional y dentro del escenario peruano en sí mismo.

Lamentablemente, los aspectos más reacios a una mejora de su propio diseño son los de participación política de los grupos derivados del senderismo. En este gobierno hubo una intentona de ley de negacionismo que no prosperó, pero que muestra el carácter ambivalente de este gobierno: autárquico en sus declaraciones de gallito de pelea y débil en la defensa de sus buenas políticas. ¿Será que es más fácil hacer de tonto junto con la corriente mayoritaria que mejorar la vida real tomando medidas que, aunque impopulares, necesarias?

Estas propuestas de política deliberativa no chocan con el progreso de otras esferas de política del país; pero esperamos que no se corrompan con temores y amenazas falaces de los grupos retrógradas ni que nos quiten -una vez más- los intentos de maduración de civilis comunitas.

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