Nostalgia de lo no vivido

A veces nos entregamos a la resignación. Entendemos que la época más interesante del mundo ya pasó y que nos tocó nacer en medio de la resaca post-fiesta. Los grandes músicos se encuentran muertos o en el final de sus carreras, las grandes luchas ya fueron dadas, los grandes ideales ya fueron desarticulados, los jóvenes revolucionarios se están muriendo de viejos.

Entonces extrañamos aquel mundo que no conocimos. Un mundo en el que había luchas para dar, músicos a quienes apoyar desde sus inicios y líderes a quienes seguir. Pensamos que de haber vivido en aquella época hubiéramos tenido la oportunidad de jugarnos por algo, de darle otro sentido a nuestras vidas, y — como dice Sábato — llegar a morir en paz.

Pero debemos entender que incluso en aquella época hubo gente que no logró cumplir esa premisa. Gente que no se jugó por nada, que no apoyó a los grandes músicos en sus inicios, que no defendió ningún ideal, que no siguió a aquellos líderes que consiguieron derechos para toda la humanidad. Gente que permaneció ajena a los grandes acontecimientos del mundo (los buenos y los malos) y vivió una vida domesticada, sin grandes penas ni grandes alegrías. Esa gente no aprovechó la oportunidad de morir en paz. Me atrevo a decir que ni siquiera la vio.

Saber esto nos llena de miedo. Nos obliga a abandonar esa tranquilidad que nos da la excusa de haber nacido tarde, esa sensación de que no queda nada por hacer. Nos obliga a estar atentos para no terminar en el bando de los que ni siquiera vieron la oportunidad de jugarse por algo. Y sobre todo nos obliga a entender que hemos estado caminando sobre hombros de gigantes. Disfrutamos de los derechos adquiridos y las grandes producciones artísticas que nos dejaron las generaciones anteriores. Es hora de aportar lo nuestro, de hacer crecer al gigante.

Quizá participando de experimentos relacionados a la educación estemos contribuyendo al tan postergado cambio en el paradigma educativo, quizá apoyando y disfrutando cada expresión artística (de esas que tenemos al alcance de la mano) estemos alentando la inspiración de los talentosos de hoy en día, quizá yendo a las marchas por los derechos de la mujer estemos participando — aunque sea con un rol secundario — de la gran revolución de nuestros tiempos. Quizá esos pequeños pero significativos actos sean nuestra oportunidad de empezar a jugarnos por algo, para llegar a morir en paz.