El futuro como objeto de intención.

Algunos comentarios sobre ‘Diseño de Futuros.’

Los participantes de la primera edición del curso “Diseño de Futuros” en h2i institute (Julio, 2018) durante la actividad conocida como ‘Juego de Polak’ que realizamos subrepticiamente ;-) en la plaza de CaixaForum Madrid.

Mi amiga Elisabet Roselló publicó hace algunos días un excelente artículo titulado “Diseño de futuros: ¿el futuro se crea? Unas aclaraciones.” En él, hace una revisión de algunos términos que se utilizan para denominar distintas prácticas que integran diseño y prospectiva. Su argumento es que el “Diseño de futuros” no existe. Dado que probablemente soy uno de los culpables de fomentar el uso del término (particularmente a través del curso que imparto en la escuela h2i institute en Madrid) siento que lo más responsable sería participar en la conversación.

Sin embargo, antes de empezar es importante aclarar que cuando digo que Elisabet es mi amiga y que el texto es excelente no estoy siendo hipócrita. Hace apenas unos días, cuando intercambiamos felicitaciones de año nuevo, le decía a Elisabet que platicar con ella durante los últimos meses sobre diversos temas que nos interesan a ambos ha sido un deleite. Hablar de futuros está muy de moda. Desde mi perspectiva, y como lo ponía hace algunos meses en un breve rant que publiqué en Twitter, una gran mayoría de las personas que actualmente se interesan por el futuro simplemente buscan capitalizarlo (en el sentido más literal del término). Con lo cual, es sumamente esperanzador encontrar a alguien, como ella, que tiene un genuino interés filosófico y un compromiso político con la prospectiva.

Una de las conversaciones que recientemente tuvimos giró en torno a Mark “k-punk” Fisher, Franco Berardi (Bifo) y la idea de una “cancelación lenta del futuro.” El último libro que leí el año pasado fue justamente Futurability de Bifo. Entre otras cosas interesantes que habría que comentar sobre esa obra, un elemento de su diagnóstico sobre el presente me pareció particularmente importante: el régimen neoliberal ha inscrito en nuestra vida cotidiana una lógica de competencia permanente y ubicua que opera no sólo entre compañías sino también, lo que es más triste, entre individuos. Así, Bifo argumenta:

“We need a senile approach to the problem of the future. The cult of competition must be replaced by the cult of solidarity and of sharing.”

El texto de Elisabet me hizo reflexionar pero también confirmar el uso que hago del término que ella critica. Así que intentaré defenderlo. Sin embargo, nada odiaría más que mi respuesta se interpretara como parte de una competencia personal o profesional. Considérese esto, entonces, como una defensa “senil” (es decir, solidaria) del “Diseño de futuros”.

Trataré de responder a la crítica de Lis en tres partes. Según yo, cada una es más interesante e importante que la anterior. La primera gira simplemente en torno a un problema de terminología y la segunda es de tipo metodológico. La tercera — que es la que más me interesa — es más bien teórica y filosófica.

  • ¿El “Diseño de Futuros” no existe?

tl;dr: “Diseño de futuros” es la traducción al castellano que hago del término design futures. Distintos autores y profesionales lo han utilizado para designar la intersección entre diseño, prospectiva estratégica y estudios de futuros. En esa intersección se articulan diversas prácticas específicas: artifacts from the future, design fiction, speculative design, experiential futures, etc.

  • ¿En qué sentido el “Diseño de Futuros” es diseño?

tl;dr: Una gran parte de los proyectos que se han desarrollado en este campo emergente que algunos llamamos ‘diseño de futuros’ son como potajes que combinan distintos conceptos, métodos, herramientas y prácticas. En mis cursos he ido desarrollando una ‘receta’ propia para cocinar mi propio potaje que si bien no representa una metodología establecida tampoco es 100% original. Dicha receta es, en el fondo, un proceso genérico de diseño adaptado para trabajar futuros.

  • ¿Podemos diseñar el futuro?

tl;dr: Sí. Es muy difícil tener un gran impacto en el futuro. Pero también es muy difícil no tener ningún impacto. Diseñar no significa especificar completamente sino inyectar intención y propósito en nuestras acciones y decisiones. Desde esa perspectiva, diseño y prospectiva son como dos caras de una misma moneda. Ambas prácticas son resultado de un tortuoso proceso a través del cual los seres humanos estamos aprendiendo a participar intencionalmente en nuestra propia historia.


¿El “Diseño de Futuros” no existe?

La primera vez que usé el término ‘diseño de futuros’ fue en Marzo del 2015 en un artículo que publiqué en la revista Código. El artículo — que, por cierto, identifica las mismas tres “disciplinas” que menciona Elisabet en su texto — es una breve reseña de 5 proyectos de diseño ficción y diseño especulativo. ¿Por qué decidí usar ese término? El artículo, entre otras cosas, era un esfuerzo por promocionar una master class con Stuart Candy y Jake Dunagan (los iniciadores de la práctica conocida como experiential futures) que organicé como Director Académico de Posgrados en CEDIM. A sugerencia de ellos mismos, el nombre del curso fue “Design Futures Master Class”.

El anuncio para la Design Futures Master Class (CEDIM, Ciudad de México, Junio 2015).

La clase constó de dos sesiones. La primera (que relaté aquí), incluyó una introducción a los estudios de futuros y la prospectiva estratégica así como trabajo práctico enfocado en elaborar escenarios para la Ciudad de México en el año 2030. Durante la segunda sesión exploramos las diversas formas en la cuales, como escribió Candy en su tesis doctoral, “futures and design are getting married” (el término “futures”, por cierto, se usa para referirse, de manera informal, al campo teórico y práctico de los estudios de futuros y la prospectiva estratégica). El trabajo consistió en la producción de diversos artefactos y experiencias a través de los cuales materializamos esos distintos escenarios.

‘Operación Axolotl’, el proyecto en el que yo colaboré (y que Candy menciona en esta pieza para The Economist), representaba un servicio de emergencia para la CDMX en un futuro de colapso.

La estructura de la clase reflejaba muy bien ese matrimonio entre diseño y futuros. El nombre de la misma respondía al hecho de que, como mencioné arriba, en esa intersección habitan una multiplicidad de ideas y prácticas que resulta muy productivo estudiar juntas.

Siguiendo esa lógica, a finales del mismo año, en colaboración con Karla Paniagua y Alfredo Narváez, lanzamos nuestro primer bootcamp de ‘Diseño de Futuros’ en CENTRO. Para ese curso configuramos una propuesta metodológica original que articula como un proceso de diseño (que describiré más adelante) distintas teorías y métodos de estudios de futuros y prospectiva con prácticas específicas de diseño especulativo, diseño ficción y futuros experienciales.

Posiblemente una traducción más literal de design futures sería ‘futuros de diseño’. Sin embargo, además de sonar extrañísimo, parecería referirse exclusivamente a los futuros del diseño como disciplina. Además, desde mi perspectiva, ‘Diseño de Futuros’ tiene otras dos ventajas. En primer lugar, es un término similar a ‘Estudios de Futuros’. En segundo lugar, sugiere precisamente esa idea que Elisabet critica y que yo buscaré defender más adelante: que los futuros se pueden diseñar.

Si bien el término design futures no es tan comúnmente utilizado como los términos más específicos speculative design o design fiction tampoco somos los únicos en usarlo. Lo importante es que en casi todas las instancias se usa precisamente para designar, en términos generales, esa intersección entre diseño y futuros así como las diversas prácticas que ahí dentro se pueden articular. Además de Stuart y Jake (quien lo usa también en su sitio personal), otro protagonista de este campo, Elliot P. Montgomery de Extrapolation Factory lo usa en este diagrama que busca precisamente visualizar la relación compleja entre estas diversas prácticas.

Un mapa publicado por Elliot P. Montgomery en Twitter.

Design futures aparece aquí como la intersección entre la estrategia, los estudios de futuros, el diseño especulativo y el diseño como disciplina general. En el libro que Elliot y su compañero Chris Woebken publicaron recientemente como Extrapolation Factory Operator’s Manual (y que, dicho sea de paso, es lo más cercano que existe a una monografía metodológica de estas prácticas emergentes) escriben:

“Integral to situating the Extrapolation Factory within the larger canon of futures studies is an examination of the relationship between futures studies and design. Our work exists at the nexus of these two disciplines, in the realm of speculative design and design futures. Design futures, like futures studies as a whole, is still being defined and might never reach a state of singular definition. Rather, it can be thought of as a diverse range of design practices governed by the belief that design methods have a distinct and important role to play in shaping conversations about the future.

Uno de esos enunciados es clave: el diseño de futuros no está completamente definido y probablemente nunca lo esté. Me atrevería a decir que lo mismo sucede con el diseño ficción y el diseño especulativo. A pesar de que esos términos se asocian más directamente con autores específicos — Bruce Sterling y el despacho Near Future Laboratory, con el primero, y Dunne and Raby con el segundo — no por eso debemos considerarlos “disciplinas” unívocamente definidas ni, mucho menos, metodológicamente formalizadas.

Otro uso notable y similar en su afán por integrar diversas prácticas es la organización The Design Futures Initiative que está articulando una red global de diseñadores, estrategas, artistas y futuristas en torno a los distintos nodos de Speculative Futures y las conferencias PRIMER en los Estados Unidos y Europa.

Aunque menos notorias, otras instancias del uso del término design futures con la misma intención integradora se pueden encontrar en el ámbito académico: ya sea en este taller organizado por la Universidad de Houston y OCAD-U o en este artículo publicado en la revista Futures, por mencionar sólo algunos.

Un último comentario a nivel terminología: En algunas ocasiones he pensado que el término más adecuado para designar en castellano este campo emergente sería diseño prospectivo. Sin embargo, como escribe el filósofo del diseño Cameron Tonkinwise en un artículo titulado Just Design: “Every time you qualify design with, or add design to, some other quality or practice, you are claiming that design does not already do that.” Como argumentaré más adelante, creo que el diseño es naturalmente prospectivo. Es posible — e incluso sería deseable — que en el futuro todas estas prácticas se disuelvan en el campo general del diseño para que todo lo que diseñemos involucre la ficción y la especulación sobre futuros. Tonkinwise escribe:

Designing that does not already
Future, Fiction, Speculate, Criticize, Provoke, Discourse, Interrogate, Probe, Play,
is inadequate designing.

Entonces, si bien todo el diseño debería de ser diseño de futuros, este último existe actualmente como un campo extendido y difuso en el que se articulan diversas prácticas provenientes de los estudios de futuros, el diseño en general (y el diseño especulativo, en particular) y la prospectiva estratégica.

¿En qué sentido el “Diseño de Futuros” es diseño?

Creo que, al hablar de la intersección entre diseño y futuros, es posible enfatizar distintas maneras en las que estos dos campos se han ido articulando.

La más notoria, desde luego, es la incorporación de prácticas de diseño para materializar imágenes del futuro. Así, en un principio, solía definir diseño de futuros simplemente como el uso de artefactos de diseño para comunicar escenarios de manera visible, tangible o experiencial. Sin embargo, creo que existen otras articulaciones que vale la pena reconocer.

Una de ellas, por ejemplo, es la naturaleza participativa que han desarrollado ambos campos de forma independiente pero, sobre todo, en conjunto. En un artículo titulado ‘Futures Studies: Theories and Methods’ el futurista Sohail Inayatullah propone cuatro tipos de estudios de futuros: predictivo, interpretativo, crítico y aprendizaje activo. El cuarto tipo define muy bien la clase de trabajo que están realizando algunos diseñadores de futuros como Extrapolation Factory. “The future,” escribe Inayatullah, “is constructed through deep participation. The categories employed are not given a priori but rather developed as cooperative practice. The future thus becomes owned by those having interests in the future.”

En ‘Testing Hypotheticals’ (2018), Extrapolation Factory trabajó con miembros de la comunidad de Queens para co-diseñar artefactos y experiencias de futuros posibles.

En términos aún más generales, y evidenciado también por el trabajo de Extrapolation Factory entre otros, es bastante obvio que este tipo de proyectos siguen una lógica que refleja un proceso de diseño.

Hoy en día, hablamos de diseño para referirnos no solamente al hecho de materializar objetos, servicios, etc., sino a todo un proceso que involucra la investigación, el análisis y la síntesis de información, la conceptualización y, finalmente, la materialización. El diagrama de doble diamante utilizado por el Design Council del Reino Unido es un ejemplo de esta concepción integral del diseño. Otra manera de representar el proceso es a través de una matriz con dos ejes: real (o concreto) — abstracto, conocer — crear.

El modelo propuesto por Vijay Kumar. Esta y otras variantes se describen en el artículo ‘The Analysis-Synthesis Bridge Model’ de Hugh Dubberly, Shelley Evenson, y Rick Robinson.

Desde esta perspectiva, el proceso de diseño involucra avanzar (aunque no necesariamente de forma lineal) por los cuadrantes de investigación, análisis, síntesis y realización. Una de las aportaciones que realizamos Alfredo y yo en el bootcamp de CENTRO, y que he continuado desarrollando en mi clase ‘Prospectiva y Análisis de Tendencias’ (Maestría en Innovación y Diseño Estratégico, Ibero Ciudad de México) y en el curso en h2i institute, es visualizar ese proceso mapeando las cuatro etapas al cono de futuros de Joseph Voros — un diagrama muy popular en los estudios de futuros pero que recientemente ha comenzado también a ser criticado.

En esta representación, un proyecto de diseño de futuros podría verse y ejecutarse como un proceso que involucra: investigación para detectar señales de cambio, análisis de tendencias, formulación de escenarios y la realización de prototipos. Los prototipos — es decir, los artefactos de futuro, prototipos diegéticos o, como los llaman Dunne y Raby, las ‘sinécdoques físicas’ — tienen por objetivo detonar conversaciones acerca de cuáles escenarios o futuros alternativos son preferibles para los distintos actores involucrados. El fin último, desde luego, es alimentar una planificación estratégica (o teoría del cambio) que podría ser representada como un quinto paso uniendo el presente con uno o varios escenarios. Parafraseando la tercera cláusula de la primera “ley” de Jim Dator sobre los estudios de futuros, podríamos decir que, para ser útil, el diseño de futuros debe de preceder y estar ligado con la planificación, el diseño estratégico y la administración.

¿Podemos diseñar el futuro?

En el mismo artículo donde Dator propone, un poco en broma, sus tres “leyes” sobre estudios de futuros, él mismo explica lo siguiente:

Understanding and applying the theories and methods of futures studies will enable individuals and groups to anticipate the futures more usefully, and to shape it appreciably more to their own preferences.

¿Qué es diseño si no darle forma a algo para ajustarlo a nuestras preferencias? Hay pocas preguntas que me interesen tanto como la pregunta sobre qué es diseño. A lo largo de los últimos años he llegado a entenderlo simplemente como todo aquello que los seres humanos — y, posiblemente, también otros animales — hacemos para transformar lo que existe en lo que preferimos.

Para algunos autores, diseñar implica crear la especificación completa de un objeto. Sin embargo, creo que esta condición no aplica en todos los contextos en los cuales diseñamos. Si consideramos, por ejemplo, los cuatro órdenes que reconocía el teórico del diseño Richard Buchanan en su famoso artículo ‘Wicked Problems in Design Thinking’, podríamos argumentar que dicha especificación completa es asequible sólo en los órdenes inferiores.

Un diagrama propio que uso para mapear diversos campos del diseño a los cuatro órdenes de Richard Buchanan.

El diseño en el tercer y cuarto orden simplemente no aspira a especificar completamente. El diseño de servicios, organizaciones, experiencias y sistemas se basa en conceptos, visiones e intervenciones que buscan acercar la realidad a lo deseable. En este sentido, una definición como la clásica de Herbert A. Simon en su libro The Sciences of the Artificial resulta mucho más adecuada:

Everyone designs who devises courses of action aimed at changing existing situations into preferred ones.

¿Qué es la prospectiva si no la exploración de futuros posibles para definir cursos de acción hacia aquellos preferibles? Según una formulación que suele usar Stuart Candy, el objetivo de la prospectiva es simplemente unir lo probable y lo preferible. Desde esta perspectiva, es necesario reconocer que el diseño es una actividad naturalmente prospectiva y que la prospectiva y los estudios de futuros son, a fin de cuentas, formas de diseño.

El diseño de futuros, como matrimonio del diseño y la prospectiva, es parte de una larga corriente que ha ido transfiriendo “el futuro” del ámbito del conocimiento (y, por lo tanto, del afán predictivo) al ámbito de la intención. Si bien no podremos nunca especificar completamente el futuro — ya que los actores y factores involucrados son demasiados — sí que podemos generar visiones, intervenciones y cursos de acción para incrementar la probabilidad de nuestros futuros preferibles. En este sentido, diseñamos futuros de la misma forma — y cada vez — que diseñamos sistemas complejos.

Decía arriba que es muy difícil tener un gran impacto en el futuro pero también, por las mismas razones, es muy difícil no tener ningún impacto. He tenido la oportunidad de trabajar con distintas organizaciones en proyectos de diseño estratégico y diseño de futuros. Soy muy consciente de que las imágenes de futuros preferibles a las que apuntan esos proyectos no se realizarán perfectamente. Sin embargo, algunas de esas organizaciones tienen impacto en la vida de millones de personas. Con lo cual, también estoy muy consciente de que sus acciones y decisiones jugarán un rol significativo en los futuros que de hecho lleguen a realizarse. Mi trabajo como diseñador, prospectivista o, si se me permite, como diseñador de futuros, es ayudar a dichas organizaciones a considerar esos futuros con propósito e intención.

Cada vez que doy un nuevo curso o trabajo en un nuevo proyecto — y, al mismo tiempo, pienso en todas las personas alrededor del mundo y en distintos ámbitos que están incorporando prospectiva en su labor de diseño, estrategia, innovación, etc. — no puedo evitar imaginar cuáles podrían ser las consecuencias a largo plazo de una democratización radical de la capacidad prospectiva. Si consideramos el impacto no-intencional que hemos tenido en el planeta — tanto que hemos llegado a inaugurar una nueva era geológica que algunos llaman Antropoceno — esta democratización no podría estar llegando en un mejor momento.

Como conclusión, parafraseando a Buckminster Fuller, diría que estamos llamados a ser diseñadores de futuros, no sus víctimas.