Un acercamiento biográfico

Ya que he leído en varias biografías de los medios españoles algunas informaciones erróneas sobre Matisyahu me gustaría copiar un perfil que hice hace un año de Matisyahu para un peculiar trabajo de investigación en el que rastreaba las huellas de la Tanaj en sus canciones:

Matthew Paul Miller (EEUU, 1979) es un cantante de reggae que utiliza artísticamente el nombre en hebreo con el que le conocía de pequeño su familia: Matisyahu [lo que traducido vendría a ser el “don de Dios”]. El joven Matthew se rebeló contra la educación judía familiar cuando era adolescente, sin escapar de tener algunos problemas con las autoridades, y comenzó a interesarse por la música, especialmente en los bongos y en la imitación vocal de las cajas de ritmos. Sin embargo, justo después de una serie de gamberradas, descubrió a Dios en un viaje por las Montañas Rocosas. Esta experiencia se solapó con una visita larga a Israel donde comenzó a recuperar su fe perdida de la niñez.

A su vuelta a casa, ya se reconocía como un creyente judío. Con todo, aún mantenía distancias frente a cualquier autoridad judía y cualquier normatividad religiosa que le marcara cómo tenía que vestir o vivir. Al mismo tiempo, continuó desarrollando sus gustos musicales, que ya unían el reggae con el hip hop, y viajó a Nueva York para continuar sus estudios, donde puedo continuar desarrollando su gusto por la creación musical y teatral. Como consecuencia de sus continuadas visitas a la sinagoga Carlebach Shul, que destacaba por su ambiente heterodoxo y su utilización de la música en el culto, Matthew fue profundizando en el judaísmo.

Pero la transformación de Matthew en Matisyahu llegó con su relación con el movimiento jasídico Chabad- Lubavitch. Desde ese momento se dio cuenta de que no podía desligar su interés por la música de su espiritualidad y se transformó en un observante baal teshuva. De esta forma, en sus discos hay una clara impronta de la fe y la tradición judía. Su presentación física era un claro ejemplo de las tesis de este grupo jasídico: “tu aspecto físico exterior delata tu realidad espiritual interna”. Cuando salía al escenario, Matisyahu reflejaba todos los estereotipos con los que se banaliza la imagen de un judío ortodoxo. Eso era llamativo, sobre todo, por el tipo de música que tocaba, y que algunos críticos han calificado de «jewmaican». La mezcla era paradójica y atractiva para un público que le aupó a los primeros puesto en las lista de ventas y de las radios norteamericanas. La extravagante mezcla de jasídismo y reggae en Matisyahu parecía incluso natural. Eso sí, no debemos olvidar que los rastafaris también utilizan en su creaciones todo un imaginario que se acerca al judaísmo, como el uso de Sión o Babilonia. Asimismo, seguía la doctrina lubavitch de irradiar la santidad por la tierra sin desdeñar lo terrenal.

En la actualidad, sin embargo, Matisyahu se ha cortado sus largas barbas y ha iniciado una transformación que ha sorprendido a muchos de sus seguidores, especialmente aquellos judíos para los que representaba algo más que un simple cantante. Su aparición sin barba tuvo una repercusión impactante entre sus fans, tanto es así, que tuvo que salir al paso con un comunicado en el que aseguraba que ya no iba a existir la estrella de reggae jasídico, aunque siguiera participando de la vida en la sinagoga. Consideraba que había acabado una etapa de su vida en la que había buscado la verdad a través de las normas y la comunidad. Y reconocía que abandonaba el jasídismo para seguir su búsqueda espiritual dentro del judaísmo conservador. Su cambio de look horroriza a quienes veían en él a un líder carismático de la juventud judía. Con todo, Matisyahu sigue defendiendo que es un creyente que busca la verdad a través de la halajá y la observancia religiosa. De hecho, su penúltimo disco titulado «Spark Seeker» [Buscador de chispas] hace referencia a la búsqueda de la santidad en el mundo y su primer single, Sunshine, se abre con una cita del Éxodo (Ex. 23, 20: «Mira, yo enviaré mi ángel delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado»). Eso no ha evitado que las dudas sobre su autenticidad se hayan expandido dentro de un grupo de seguidores que se consideran engañados por quien fue su modelo a seguir.

Algunos ejemplos de la fe judía en su canciones, lo que es mucho más central para comprenderlas que la lectura político-ideológica:

a) En Jerusalem [Del disco YOUTH (2006)]: la canción se basa en el salmo 137, especialmente en sus versículos 5 y 6. La fórmula «hemos estado viajando de nación en nación» remarca la importancia del Éxodo. De hecho, utiliza la caracterización de Israel como la tierra de la leche y la miel (Ex. 33, 3: «Id a la tierra donde la leche y la miel corren como el agua»). También nos encontramos con la habitual imagen negativa de Babilonia, en este caso ardiendo, como señalaba la profecía de Isaías contra esta ciudad (Is. 13, 19: « Y Babilonia, la perla de las naciones, joya y orgullo de los caldeos, quedará como Sodoma y Gomorra cuando yo las destruí.». En esta canción Matisyahu usa los conocidos versos del salmo 137 para recoger la experiencia judía del destierro y los problemas a los que se enfrenta la identidad judía actual. El propio vídeo-clip intercala imágenes del Holocausto. Como él mismo ha reconocido, muchas de sus canciones tienen que ver con la experiencia del exilio, que asimila con la propia experiencia histórica de su pueblo a través del destierro. Es un canto a mantener la identidad, a pesar de las dificultades — habla de 3.000 años sin territorio propio- y de vivir en lugares de mayoría no judía. Aunque a primera vista pudiera parecer una defensa de las tesis originarias del sionismo, la búsqueda de una tierra en la que vivir, introduce un matiz espiritual importante: no se trata para él del territorio en sí, sino de conseguir un lugar donde construir la morada para la majestad divina. Aunque esto, no nos equivoquemos, tampoco le ha impedido que en sus canciones se tienda una mano al mundo musulmán, como la canción «Shalom/Salam» con el popular cantante africano Youssou N´Dour.

b) Got no water [Del disco SHAKE OFF THE DUST…ARISE (2004), el título, «Sacúdete el polvo… levántate», procede del poema litúrgico Lekhah Dodi, escrito en el siglo XVI, que da la bienvenida al Sabbath y hace alusión a la relación de amor entre Dios y su pueblo]: utiliza en la canción el Shemá Yisrael que dice: “Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno” (Dt 6, 4). El Shemá es para los judíos un recuerdo de los mandamientos y de la Alianza del pueblo de Israel con Dios en el monte Sinaí, la renovación del encuentro con Dios. Y esto es lo que subyace detrás de esta canción. Repite alguna de las ideas clave en sus canciones: la sed de Dios, la luz, el camino, la confianza o la alabanza. Las referencias a la sed de Dios se pueden relacionar con el salmo 63, 1: «¡Dios mío, tú eres mi Dios! Con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea cual tierra árida, sin agua, sin vida». La confianza en Dios que desprenden los versos de Matisyahu se relacionarían con el salmo 27, que aúna confianza y luz.

También habrá que destacar la imagen de Israel como esposa de Dios que, por ejemplo, es la poderosa imagen que usa el profeta Oseas. En otro sentido, aparece en la canción la figura del Faraón, clave en la narración del Éxodo, el monte Sinaí, donde Dios establece su Alianza con Moisés (Ex. 19) y Mitzraim, nombre hebreo de Egipto y que también aparece en el Génesis como el segundo hijo de Cam, hijo de Noé (Gn. 10, 6). Por último, por norma general Matisyahu se refiere a Dios como Hashem («el nombre», en hebreo), que se utiliza para evitar nombrar a Dios.

c) King Without A Crown [Del disco SHAKE OFF THE DUST…ARISE (2004) y también incluido en YOUTH (2006)]: Aunque en esta ocasión no encontramos versos de los salmos como tal, sí que podemos descubrir elementos de los mismos en la letra. Por ejemplo, al hacer referencia a la sed se podría relacionar con el salmo 42, 1–2: «como ciervo sediento en busca de un río, así, Dios mío, te busco a ti. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo volveré a presentarme ante Dios?». También se puede considerar que el salmo 112 está presente como inspiración en los momentos que habla de la luz y de la seguridad ante los problemas: «Su corazón [del hombre que honra al Señor] está firme; no tiene miedo». Pero por encima de estos, creo que la base de la canción es el salmo 121, 2 y 7–8: «Mi ayuda vendrá del Señor, creador del cielo y de la tierra. (…) El Señor te protege de todo peligro; él protege tu vida. El Señor te protege en todos tus caminos, ahora y siempre».

Por otro lado, más allá de los salmos, la referencia que hace al rayo de fuego puede ser un correlato a Jeremías 23, 28: «Mi palabra es como el fuego, como un martillo que hace pedazos la roca. Yo, el Señor, lo afirmo». Sus referencias al ego se acercan a algunas reflexiones de la literatura sapiencial. Es una de sus canciones más conocidas y expresa su visión de Dios, al que reconoce como fuente de su ser y de su liberación. Asimismo, es un canto de alabanza a Dios en el que se entremezcla la esperanza mesiánica actual. Y no es extraño, ya que liga bien con el mesianismo de algunos de los salmos en los que se basa Matisyahu para componer sus canciones.

Para profundizar en su universo cultural: KAPLAN, Louis: «Yahweh Rastafari! Matisyahu and the Aporias of Hasidic Reggae Superstardom», CR: The New Centennial Review, 7/1 (2007), pp. 15–44 eIMHOFF, Sarah: «The Man in Black: Matisyahu, Identity and Authenticy», Religion and Culture Web Forum, University of Chicago (Feb 2010).