La magía ancestral de la Bolsos Wayúu

Los que me conoce saben que tengo verdadera devoción por los bordados originales, sobre todo los bordados mexicanos. En esta ocasión no hablaré de ellos, sino de un estilo que no conocía y que ha conseguido cautivarme: el estilo Wayuu.
Mochilas Wayuu: su historia
El origen de los bolsos Wayúu tiene su origen mítico en una leyenda guajira que presenta versiones que varían con el tiempo, la más conocida narra que una araña (Walekerü) escondida y a la luz de la luna, que teje hermosas redes, cinturones y mochilas. Una noche una chica se le acercó alabando su destreza y la araña tocada se ofreció a enseñarle sus secretos. Durante varias lunas la niña fue entrenada en el oficio, recibiendo el gran regalo de los dibujos y colores tan celosamente guardados por Walekerü. Con su primera menstruación, la niña llegó a la edad adulta y decidió dejar su confinamiento llevando el precioso secreto en sus manos, para que la araña desapareciera en las ramas de un árbol.
Así es como este conocimiento textil llegó a las mujeres wayuu, que han aprendido a tejer desde el principio de los tiempos.
Otra versión dice que un joven cazador, después de un largo día, encontró a un huérfano (Walekerü) abandonado a su suerte. Después de mudarse, adoptó al niño y lo confió al cuidado de sus tres hermanas, para que pudiera ser educado en la profesión femenina, pero las mujeres celosas y egoístas rechazaron esta responsabilidad, debiendo asumirla ellas mismas. Esta inusual creación de una niña por un hombre provocó el rechazo de la sociedad matriarcal guatemalteca y la niña fue insultada y tratada con despotismo. El cazador protegió a Walekerü, la llenó de afecto y, a medida que crecía, se convirtió en una hermosa niña.
Esta hermosa mujer en sus noches de soledad y escondite, ha agotado su tristeza tejiendo hermosas redes, guayucos y otras prendas que le ofrecieron en honor a su dulce protector, quien pronto se enamoró de Walekerü. Observando la belleza y calidad de estas piezas, las hermanas del cazador estaban celosas y curiosas por saber cómo las hacía, una noche vieron secretamente impresas, porque de su boca emanaban los hilos con los que tejía, cuando las vieron corrieron espantadas hacia su hermano, expresando que eran obras del diablo. Walekerü, viéndose a sí mismo descubierto y vengándose del desprecio que había sufrido, lleno de ira convirtió a las tres mujeres en murciélagos y, aterrorizado por su acción violenta, huyó de la cabaña temiendo el rechazo de su amado protector.
