LA INCREÍBLE HISTORIA DEL ESCONDITE EN LA TIENDA

Hace unos días se publicó en numerosos portales informativos una noticia acerca de la curiosa prohibición de IKEA para que se jugase al escondite. Lo puedes leer, por ejemplo, aquí, o aquí en un tono más simpático.

Lo curioso ya no es la prohibición de una marca tan permisible con sus clientes en el punto de venta, sino que realmente tras la anécdota había un verdadero problema de seguridad, pues los grupos de jugadores crecían exponencialmente sin freno.

Derechos de foto: Fotolia

Como acción de marketing en el que “pasan cosas” en el punto de venta lo encuentro muy atractivo, de hecho me atrae mucho y creo que en circunstancias controladas, es buena idea para llevar a cabo. Que ocurran cosas divertidas en el punto de venta siempre es bueno, ya lo decía uno de los grandes Maestros del comercio a quien tanto debe el sector, Bernardo Trujillo, quien comentaba que el punto de venta ha de ser una continua actuación de circo.

Pero este tema de la tienda me ha recordado a una vieja anécdota que me contó alguien que la vivió en primera persona, y ahora la comparto contigo:

Ocurrió en una tienda perteneciente a una antigua cadena de medianas superficies de electrónica, que ya no existe en España desde hace unos años, en la que los vendedores de la sala de ventas jugaban precisamente a esto que en IKEA no permiten: al escondite. Y lo hacían en horario de apertura, con la tienda abierta e incluso clientes preguntándose dónde estaba todo el mundo. Así que tal como lees, el personal jugaba a esconderse en un congelador, detrás de una exposición, entre cajas de cartón o en los aseos… realmente jugaban y se lo pasaban en grande.

No debe sorprender a nadie que esta cadena de tiendas cerrara.

Cuando se llega al extremo del que estamos hablando, por el camino se han hecho tantas cosas mal que el cierre probablemente era inevitable. Pero si hay que imaginar qué funcionaba mal y limitarnos a tres puntos, estas son mis apuestas:

1. La alta dirección estaba en su torre de cristal.

Porque si hubiera estado pendiente de lo que ocurría en sus unidades de negocio/puntos de venta/tiendas habría detectado con tiempo que las malas ventas no eran fruto de ninguna crisis coyuntural, sino de una profunda crisis interna que tuvo un efecto bola de nieve considerable sin límites, hasta el cierre.

Estos si que jugaban al escondite, y muy bien además, visto lo visto.

2. La dirección de tienda estaba en otra galaxia.

Probablemente al comprobar que todo daba igual para sus superiores y que nadie estaba dispuesto a tomar medidas que corrigieran una mala racha de ventas, se entró en una dinámica de “todo vale”, presagiando que el final ya estaba cerca.

Esta actitud la he visto muchas veces, pero no todo el mundo es capaz de detectarla, y eso es un problema en muchas organizaciones.

3. El personal de tienda no encontraba ningún sentido a su trabajo.

Y como no tenía sentido, porque todo daba igual para todo el mundo, jugar al escondite o trabajar mucho eran la misma cosa, sus superiores a diferentes niveles ya habían tirado la toalla de distinta manera.

Los empleados jugaban al escondite, pero ellos eran, posiblemente, los menos responsables de esa situación, empezando por los máximos responsables de la compañía que nunca reaccionaron a tiempo y permitieron que las malas decisiones fueran tomadas por quienes no debían tomarlas.

La conclusión es que el cliente decidió que esa tienda, y por extensión toda la cadena, debían dejar de existir; para el cliente no merecía la pena que siguieran siendo ni siquiera una opción residual en la oferta comercial de la época. Fin.

Espero que en tu tienda no se juegue al escondite, al menos en estas circunstancias, y si eso ocurre, recuerda que es el indicador de que algo está funcionando rematadamente mal.

Te deseo buena venta y oportunas decisiones.

Jacinto Llorca

Like what you read? Give Jacinto Llorca a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.