La segunda dulce espera

Para llegar al segundo hijo embarazate del primero. Padece y disfruta del embarazo. Enamorate del sentimiento de engordar cada semana, de la deformación de tu panza, cadera, y lolas. El hecho de mirar más otras mujeres no te hace lesbiana, no por ahora, tené la tranquilidad de que los celos por otros cuerpos es súper normal. La sensibilidad es algo que vas a llevar dentro de tu cartera, a todos lados. Las hormonas van a joderte la vida, mejor que lo sepas desde ahora, para eso están, para que nunca te olvides de la vida que llevas adentro, para que te cuides más que antes y para que dé a poco olvides quien sos, y empieces a pensar en quien te vas a convertir.

Vas a leerte un sinfín de libros, blogs, revistas, artículos sobre la maternidad. Los cursos de pre parto, lactancia, primeros auxilios, van a llenar tu agenda e hinchar un poco las pelotas a tu marido. Nada los va a preparar para los que se les viene. Ninguna palabra escrita o pronunciada puede explicarles lo que es la transición de convertirse en padres.

El día del parto vas a sentirte más viva que nunca. Es el momento en que tu cuerpo y alma se vuelven uno. Cesárea o parto natural, lo que se vive por dentro, los nervios, el dolor, la anestesia, la vulnerabilidad de tu cuerpo como carne, el feto que sale de adentro, ensangrentado, llorando, gritando. La mano de los médicos que separan esa vida de la tuya, momentos que solo recuerdo en imágenes coloridas y olor a quemado.

El nacimiento del primer hijo perdura como un constante recuerdo para siempre. El miedo que aparece desde el primer segundo que él respira no se va nunca. Vas a preguntarte si podrás hacerlo sola, si serás capaz de cuidarlo. Sentirte como una vaca lechera va a ser una sensación cotidiana. Tu hijo depende de vos, tu hijo come de vos. Tus lolas explotan y ni a mil kilómetros de distancia pueden llegar a ser sexys tus pezones. Parecen como dos patys recalentados en el microondas. Pero para ese chiquitín es lo mejor del mundo, lo más lindo, calentito y seguro. Para él tus tetas son como dulce de leche para tu boca.

Con los días te vas enamorando más y más de tu hijo. Tu ser se separa entre alguien que no entiende cómo no tuvo hijos antes, siendo esto tan increíble, y alguien que pide a gritos ayuda en esta guerra entre pañales cagados y un cuerpo dolorido y cansado. Los temas de antes pasan al olvido, los comidas entre amigos se guardan en un cajón, el sexo pasa a ser una calentura de la adolescencia, y los sueños se re inventan.

Y cuando el primer hijo ya duerme seis horas seguidas, deja de. estar colgado a tus lolas, tus fantasías y vida sexual se recomponen, cuando tus amigas te empiezan a decir qué linda y qué flaca estas.. .Ahí en ese momento de plenitud, te agarras de la mano de tu marido y saltas al vacío: ¡la aventura de un segundo hijo empieza!

La gente los va a mirar con cara de “¿Están locos? ¿Otro hijo? ¿Tan rápido? ¿Fue un accidente?” ¿Por qué carajo esperar otro hijo tiene que ser un accidente? ¿No puede ser algo lindo… increíble?” Locos de la guerra que quieren sentir cada emoción que la vida les presenta, que quieren amar y sufrir al mismo tiempo. Descansar y transpirar a la vez, morirse de sed tomando su propia agua. Una pareja de amantes que quieren VIVIR. Sigan repitiéndose eso hasta que no haya falta dar explicaciones a nadie de porque transitan lo que eligieron transitar.

Si tu casa es un triplex, las escaleras van a ser más transitadas que la calle florida en plena hora pico. Subir y bajar para buscar pañales, el fucking chupete que desaparece por arte de magia, el celular que queda cargándose en el tercer piso, el libro favorito de tu hijo, las camisas planchadas de tu marido, la comida que se quema en la cocina, la máquina de lavar que termina con lo suyo. La vida en la escalera cargando una panza cada día más pesada y movediza.

Dormí la siesta con tu hijo, permitite dejarlo abrazar al bebe en camino, que duerman juntos, los dos, los tres, los cuatro. Disfruta de los dolores del embarazo viendo en lo lindo que se va a convertir esa cosita que destruye tus energías y te tiene agotada todo el día.

Tené mucho sexo, busca nuevas posiciones que la panza les dé lugar, y tiempos que el ya nacido les permita. Dormí, dormí todo lo que puedas y soñá, anda a lugares que te re abran la imaginación. Dormí mucho, después solo vas a tener tiempo de soñar que estas durmiendo. Descansa cuanto puedas, la maternidad solo te prepara para el día siguiente.

16 SEPTIEMBRE, 2014 DE JACKSCARPENTER