Un día normal de hace dos años atrás.. Hoy somos casi 5

Life in a Day

16 sept 2014 4:33 p.m.

Entre gente, colores, música sin sentido, bailarines corriendo en el jardín, escucho un llanto. Lo busco en esa escena, no hay nada. Siento que algo me aleja de donde estoy. Entre sensaciones que corren por mi cuerpo, y un llanto cada vez más claro, entiendo que Félix se despertó.

Mi cuerpo salta como si no tuviera la panza que tengo, lo levanta como si no pesara 13 kilos, como si mis músculos ya estuvieron tibios. Lo pongo en la cama, al lado de Juan. El chupete lo seda por unos minutos hasta que grita por la “mema”.

Los labios de Juan son siempre tibios en los míos, el roce de piel a esa hora recuerda que nos tenemos, la vida que elegimos, que estamos juntos.

El desayuno es la selva recién despierta, un parque de diversiones, un concierto ilimitado. El aroma del café que entra por los poros despertándonos, la manteca que se derrite en las tostadas calientes, las pepitos que caen de las manos de Félix por todo el living dejando sus huellas, y Leona devora cada rastro.

La llegada de Mirian es siempre un espectáculo, leona ladra como si no la viera todos los días, y a Félix le emociona ver gente nueva. Se quedan juntos. Mirian limpia y él la imita, Mirian lo cuide y él corre por el jardín. Leona los mira e intenta llamar la atención con sus desastres cotidianos.

En los pisos de arriba van calentándose las computadores, mientras que la ducha corre y el agua da lugar a la creatividad. El teléfono de Juan le recuerda que le queda poco tiempo para la reunión que tiene a media mañana. Y la adrenalina de todo lo que hay que hacer en tan pocas horas productivas empieza a estresar.

Mails, posteos, reportes, diseños, facturas, pagos; collage de la vida laboral en las cuatro paredes que me encierran. De fondo los gritos de Félix por un juguete que no llega a alcanzar. Mirian golpea la puerta preguntando por el almuerzo “¿Qué preparo? ¿Fideos con crema le parece?”. Y El almuerzo ocurre sin que lo sintamos, como parte de un proceso que no puede omitirse pero que pasa desapercibido.

La siesta la dormimos juntos. Félix pone la mano sobre mi panza, y Simón nada como si nos sintiera, como si entendiera lo que le decimos. La panza se mueve como un terremoto en mis entrañas. Y se duermen, los dos, y mis ojos descansan. Paso a Félix a su cuna y yo continúo con mi día, mi siesta es corta.

Juan llega a casa y la alegría se siente en cada ambiente. Félix despierta de su siesta listo para aventurarse en el jardín. Dedico mis horas a jugar con él. Caminamos, exploramos, buscamos insectos, cosas nuevas que no haya conocido aún, piedras con formas extrañas. Abrazamos a leona, le tiramos la pelota, reímos al verla correr en círculos por el jardín persiguiendo su propia cola.

Cae el sol y llega la hora de las brujas, el cansancio de Félix hace que llore por cualquier cosa. El baño lo relaja y excita, y el piyama lo prepara para el final del día. La comida lo relaja y la mema lo duerme.

Cuando Félix duerme volvemos a ser novios. Comemos juntos, prendemos velas, miramos una peli, ponemos de lado la paternidad y damos lugar a nuestra historia. Juan me hace mimos y descanso, me quedo dormida como un bebe en brazos.. y así, agarrándonos la mano nos dormimos.