Estudié Biotecnología en la Universidad de Salamanca. En esta ciudad, lo habitual es festejar la graduación de forma prematura en alguna fecha situada entre febrero y mayo. Los viajes de fin de carrera suelen correr la misma suerte.
La quinta y última promoción de la licenciatura en Biotecnología contaba con un alumnado que no llegaba a las 30 cabezas, pero al viaje de fin de curso sólo fuimos once. El destino elegido fue Budapest, cuyo parlamento preside este artículo.
Una foto mediocre, de viaje universitario normal, pero con unas expresiones faciales dignas de graduados en interpretación dramática. ¿Qué demonios sucedió en ese momento?
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