Déficit primario: The elephant in the room.

Tan preocupados nos tiene la “tormenta Trump” que muy pocos hablan de la verdadera bomba de tiempo para el 2017.

“¿Honestamente? Prefería cuando no hablábamos acerca del elefante” Original de Shannon Wheeler.

La constante preocupación que hay acerca del nuevo entorno económico internacional está, en cierta medida, justificada. Es sin dudas peligroso lo que pueda pasar con la reducción del volumen de comercio entre Estados Unidos y México, así como también lo es el tema del muro migratorio. Sin embargo, la sobre reacción con respecto de asuntos internacionales no nos ha permitido fijar nuestros ojos en problemas más grandes (Sí, tenemos problemas más grandes, más urgentes y al interior del país).

El déficit primario es, como he dicho al principio, el elefante dentro de la habitación: Una verdad incómoda, sabida por todos, pero de la que nadie quiere hablar. Primeramente, ¿De dónde viene el concepto de déficit primario?

El concepto rector del diseño del Paquete Económico, es el balance primario

Según el blog de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el balance primario es la diferencia que hay entre los ingresos totales menos los gastos totales del gobierno, pero excluyendo el concepto del pago de intereses (Los intereses serán una cuestión importante más adelante). Este diferencial se ve determinado por la recaudación y otros ingresos del Estado en la Ley de Ingresos, siendo aprobada antes que el Presupuesto de Egresos. De esta manera, la variable determinante son los ingresos debido a que dependen de la actividad económica en general. Los egresos del Estado no son una variable, pues se mantienen relativamente constantes a lo largo del año, siendo determinados por Hacienda y aprobados por ambas cámaras.

Las autoridades fiscales pueden tomar como objetivo un cierto nivel de gasto público real o un porcentaje de deuda con respecto del PIB, igual a un nivel de déficit primario determinado. Siendo el balance primario el objetivo y concepto rector del paquete económico (la SCHP busca un determinado nivel de deuda como meta), el nivel de ingreso toma una gran importancia. México ha venido experimentando siete años consecutivos con déficit primario, es decir, deuda financiando el gasto público (Ya sea productivo o corriente). Esta puede ser interna o externa: la deuda interna paga intereses con la tasa de interés referencial fijada por Banxico y otras tasas internas moviéndose acorde, y la deuda externa paga intereses basada en la tasa fijada por los mercados internacionales.

Balance primario presupuestal para México 2009–2017. Banxico, 2017.
¿Qué podemos hacer al respecto?

Resulta que el gobierno no es una empresa, no tiene ingresos por actividades económicas (Mas que por las paraestatales con las que cuenta, siendo que los mercados de estas se encuentran en un proceso de liberación). Esto quiere decir que:

  • Los ingresos estatales por sus empresas disminuirán en el mediano plazo.
  • Para poder incrementar ingresos estatales se necesita aumentar la recaudación (Aumentando la base tributaria o los impuestos) o aumentar la deuda.

Por lo anterior, nos encontramos ante las siguientes opciones:

  • Aumentar los impuestos. Costo: Golpear el crecimiento económico de corto plazo.
  • Disminuir el gasto público. Costo: Reducir el crecimiento de corto plazo del país.
  • Pedir más préstamos. Costo: Aumento de la deuda.

Finalmente, lo que se decidió fue lo siguiente:

Si no aumentan la deuda ni los impuestos, se reducen los ingresos de las paraestatales y se aumenta el gasto, ¿De dónde obtendremos los recursos necesarios para alcanzar el objetivo planteado de superavit primario al término de 2017? Alguien aquí está mintiendo.

El perro de las dos tortas

En la economía, como en la vida, tenemos siempre limitadas opciones porque tenemos limitados recursos. De esta manera, la consecución de objetivos variados no siempre es posible. En pocas palabras: Si somos ambiciosos, podríamos convertirnos en el perro de las dos tortas. No podemos conseguir superavit primario si no reducimos el gasto y no podemos mantener crecimiento en una economía en desaceleración si no aumentamos el gasto. Así de sencillo.

Tarde o temprano, alguno de los objetivos tendrá que ceder bajo las condiciones actuales, el crecimiento o el superavit. La pregunta es: ¿Cuál cederá primero? La respuesta, lamentablemente, no dependerá de la economía en sí. En cambio, radicará en el momento político. La variable más sensible a la coyuntura social y política, en este caso, es el crecimiento económico. Todo ello dejará de lado la buena intención de una correcta práctica: La disciplina fiscal. Las autoridades dejarán sin solución un problema peligrosamente creciente en pos de la contención de los ánimos sociales.

Si tomamos en cuenta que el último movimiento de la tasa de interés referencial de Banxico fue de 50 puntos base hasta llegar a 6.25%, los intereses a pagar para saldar futuras deudas en el mercado interno (Recordemos que déficit es usualmente igual a deuda) podrían crecer lo suficiente para volverse en algo preocupante.

Del elefante y por qué debemos verlo

Es complicada la situación que nos espera en materia económica para el siguiente año. De todas maneras, no podemos dejar de lado el reto que tenemos al interior del país. Si nos dedicamos a resolver la problemática económica al interior, no podremos dar una buena cara al exterior. En el concierto de las naciones, debemos mostrarnos de la mejor manera posible para no terminar bailando solos cuando la música se apague.

El elefante no es, en principio, el último lapso de siete años con déficit primario. El elefante es el hecho evidente de que no alcanzaremos el superavit, como nos ha sido prometido. Eso implica que tendremos próximamente un año adicional con déficit, dañando cada vez más la perspectiva económica mexicana.

La disciplina fiscal es sólo uno de los tres problemas que frenan a la economía mexicana en su integración al interior, teniendo a la corrupción y la falta de Estado de Derecho como esos otros dos factores. Por ello, no podemos simplemente practicar el autoengaño y continuar con nuestras vidas en tanto el agua no nos llega al cuello, es momento de plantearle solución a estos problemas pero cada vez nos queda menos tiempo. Si queremos un México próspero para el futuro, es momento de actuar.