Las canciones más trístidas II

Paisaje de invierno con nieve, cerca de Amberes (detalle). 1575. Lucas van Valckenborch

Cold Song

Cualquiera que se precie de ser un auténtico colimense sin duda tendrá al invierno como la época más feliz de todo el año. El clima invernal de Colima es lo más parecido al paraíso siempre y cuando el termómetro marque de 24 grados para abajo pero sin llegar a los 13 grados pues podríamos, no lo quiera dios, morir de frío. Este clima, sin embargo, provoca en las zonas septentrionales del país así como en las superficies polares del planeta una “blanca depresión”.

En la semi ópera “Arthur King” que consagró a Henry Purcell como genio de la música barroca hay una parte conocida como “La escena helada” donde aparece el dios del amor. Cupido invoca al Genio del frío en un paraje nevado y sombrío. Le hace despertar de la muerte solo para hacerle manifestar su poder y su grandeza. En principio dentro de la diégesis de la semi ópera no hay nada demasiado tristído en esta parte. Dos seres sobrenaturales interactúan para evidenciar que si bien la frialdad de la naturaleza puede llegar a ser inclemente, el ser humano al poseer en su fuero intrínseco al amor (Cupido) tiene la capacidad de dotar calor y creatividad suficiente para contrarrestar y superar las fuerzas paralizantes de las bajas temperaturas. En el fondo se trata de una escena optimista.

Lo lamentable emerge en este caso del modo en extremo dramático en que se manifiesta el pobre Genio del frío. La atmósfera inicia en tono grave y creciente con lentos violines protagonistas y de movimientos ateridos que cumplen ejemplarmente la mímesis de quienes hacen los involuntarios movimientos tiritones del congelamiento. De la misma forma el Genio del frío recién despertado inicia su brevísimo y tristón monólogo con voz temblorosa. Apenas alcanza a pronunciar sílaba por sílaba seis líneas argumentales renegando de su suerte para finalmente suplicar hasta el paroxismo que lo dejen volver a congelarse hasta la muerte.

Su patético suplicio sirve para contrastar el ánimo cálido y feliz de Cupido. En la siguiente melodía el Genio helado aparece más templado. Para efectos de este artículo eso ya no importa. El fragmento de la semi ópera de Purcell que aquí abordamos ha prevalecido más allá que la obra entera. Ha sido interpretado por numerosos artistas atraídos por la intensidad del angustiante drama. Por lo mismo, ha servido para acompañar como soundtrack reforzante a secuencias muy tristes. Una de las mejores fue editada para la muerte de Moliere en la película de la directora francesa Ariane Mnouchkine. Durante casi cinco minutos prácticamente sin diálogos una serie de planos cinematográficos muestran el ataque de frío y tuberculosis del dramaturgo, las carreras histéricas de sus compañeros, los esputos sanguinolentos, los recuerdos agónicos y la nieve.

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