El primer día de mi muerte

Tu patio es lindo. Así se ve en una foto a todo color que llevo en mi mente. En esta foto de tu patio, al fondo puedo ver un pequeño cuarto que se usa para guardar cosas en tu casa.

Antes de llegar a ese cuarto, están los cordeles sobre los que hoy sólo hay ganchitos de madera, porque toda la ropa la han descolgado para que el patio se vea muy ordenado por tu cumpleaños.

Hacia la derecha, hay un caño para lavar que está pegado a la pared que divide tu casa con la del vecino. Hoy este caño tiene un pequeño pedacito de jabón bolívar. También hay una esponjita al lado del jabón y el tapón de metal está bien puesto.

Del caño no cae ni una gotita. Aunque a los lados, sí está un poco mojado.

También veo nítidas, por supuesto, esas pequeñas baldosas color cera-líquida-roja sobre las que unos minutos más tarde va a caer mi cabeza, seguida de todo mi cuerpo, cuando resbalaré desde esa pared a la que me subí luego de subirme al caño, intentando encontrar un improbable par de pilas tamaño “doble A” que estaré buscando.

Mientras caiga, sé que por un acto reflejo, voy a cerrar los ojos. Y también sé que voy a sentir que una caída que dura 1 ó 2 segundos, para mí durará como diez.

Mi sentido del oído es el que se apagará al final. Es el que me hará escuchar los gritos de horror de todos los niños cuando esté cayendo. Además del sonido de mi cabeza cuando esté golpeando el piso.

Ese sonido será muy agudo, sonará como cuando tocan una campana.

Cuando los niños griten, tu mamá dejará la torta que aún está decorando. Saldrá corriendo desde la cocina y me llevará inconsciente a la mesa de la sala donde ya casi no quedarán bocaditos.

Me dejará echado en la mesa y correrá al teléfono de la cocina a llamar a mi mamá que llegará en 20 ó 30 minutos a la casa.

Y mientras tanto, yo estaré en un lugar nuevo y celestial.

Este lugar será un cuarto astral. Así podré sentirlo. Estaré yo solo mirando desde este cuarto hacia abajo y podré verme echado en la mesa de la sala. Hacia los lados y hacia arriba veré como un cielo de estrellas donde todo se verá brillante y bonito.

Nada me inquietará, no sentiré miedo ni pena.

Mi corazón se llenará de calma y de paz. Desde este cuarto, voy a ver a todos los niños que me mirarán preocupados. Estoy seguro que me parecerá ver que tu mamá estará escuchando si mi corazón todavía late, mientras me tapará con gasa un pequeño chorrito de sangre que me estará saliendo de la cabeza.

Por unos minutos parecerá que no estoy respirando. No habrá expertos, nadie sabrá a ciencia cierta lo que me estará ocurriendo.

Desde este cuarto de estrellas, podré ver el auto de mi mamá llegando y la veré corriendo hacia la puerta de tu casa.

Antes de que tu mamá le abra la puerta, yo voy a saltar desde este cuarto hacia mi cuerpo, que seguirá sin moverse, en la mesa de la sala. Será uno de los saltos más increíbles que jamás voy a dar.

Abriré los ojos y respiraré tranquilo, con mucha calma.

Entonces voy a mirar primero a tu mamá que viene delante, le voy a cerrar mi ojo derecho como cuando uno hace una broma y en ese momento a tu mamá le va a volver todo el color.

Me voy a reír, y tú y todos los niños se van a echar a reír también.

Y entonces, mi mamá me va a llevar al doctor para que me pongan unos puntitos en la cabeza, sin sospechar nada de todo esto que habrá ocurrido en ese cuarto astral.

Y esas pilas “doble A” ya no las voy a venir a buscar.

Nunca, nunca más.

    Javier Albarracín V.

    Written by

    Peruano. Feliz.