El derecho a enojarse

Los tiempos han cambiado, ahora la gente ya no está tan dispuesta como antes a aceptar comentarios o chistes racistas, clasistas o sexistas entre otros. El fenómeno se amplifica con las redes sociales, donde la gente no duda en compartir su disgusto.

El último enojo masivo ocurrido en Chile fue por culpa de una viñeta de Hervi en el diario La Tercera, que no sólo provocó una ola de comentarios en Twitter sino que también disgustó a organismos como el Observatorio Contra el Acoso Callejero. A la viñeta se le pueden hacer muchas lecturas, una de ellas es la legitimación del viejo verde.

Muchos manifiestan que estos enojos masivos son algo negativo, que son linchamientos virtuales comparables a cacerías de brujas. Dicen que estamos muy sensibles, que nos ofendemos por cualquier cosa y llaman a respetar la libertad de expresión.

¿Pero no es acaso parte de la libertad de expresión el poder expresar nuestro enojo? La libertad de expresión no es un escudo mágico que te blinda de críticas, tal vez no te metan a la carcel por hablar estupideces, pero eso no significa que me caigas bien o que no voy a hablar en tu contra.

El problema es que a vista de muchos, ahora es un crimen sentirse ofendidos y enojarse, que uno es grave, que era solo broma, etc. Puras excusas, por lo tanto ahora ejerzo mi derecho inalienable a enojarme y les digo, chúpenla meando perros culiaos, me voy a enojar por la weá que se me pare la raja y si no les gusta, me importa un soberano pico. ¿Qué tanta weá reshushetumare?, ¿me tengo que reir de tus mierdas de chistes nazi reculiao?, ¿porque tienes 2 lucas más que otro weon te crees más?. Mejor anda a hacerle comentarios sexistas weones a tu mamá, a ver si no te va a pegar una patá en la raja (y ojalá el zapato te quede atravesado en el orto por aweonao). El derecho a enojarse es escencial y si te lo quieren quitar, manda a la soberana mierda a todos los weones.