El futuro esta en las organizaciones ambidiestras

Jorge Peralta
Nov 18, 2019 · 3 min read

En ambientes complejos y de bajo crecimiento económico, las organizaciones sufren que sus resultados no son los esperados. Los directivos han intentado hacer muy eficiente a su organización, han pulido su maquinaria hasta grados verdaderamente admirables, pero sus resultados no son los esperados. Es el mercado el que no responde. Los clientes son volubles y adicionalmente se van sin avisar.

Ese modelo de negocio que durante años había sido exitoso, esos reconocimientos obtenidos en el camino, esas certificaciones de todos los ISOs posibles, hoy ya no es están dejando réditos; pero comenzar de nuevo es demasiado violento, no es posible, debe existir algún culpable.

También es cierto que muchas personas en la organización trabajaron muy fuerte en los años anteriores y que ahora están esperando cosechar los frutos del esfuerzo sembrado durante tanto tiempo. No conciben que el cliente haya cambiado de opinión, que lo que antes funcionó ahora no; que ha llegado un chino, o han llegado unos jovencitos con una aplicación digital a cambiarlo todo.

Las primeras reacciones, y es natural, son de negación, minusvalorando esas tendencias que gritan una realidad irremediable: Los modelos de negocio caducan. Todo tiene su ciclo, todo se acaba, los modelos de negocio también. Los clientes han evolucionado más rápido de lo que hemos hecho nosotros.

Es una realidad que el mundo ha cambiado y que no todas las organizaciones han logrado equiparar esa velocidad, o más aún no han logrado proponer nada que impulse al cliente a generar nuevos apetitos donde ellos sean casi los únicos que puedan resolverlo.

La innovación no es algo nuevo, lo han hecho la mayor parte de las organizaciones durante siglos, lo que ha cambiado radicalmente es la velocidad del cambio, la caducidad corta en la vida de los productos, de las propuestas, de la tecnología. Todo cambia a una velocidad vertiginosa, y los mercados que no cambian tanto (que los hay) se llenan de nuevos jugadores que juegan bien y que nos hacen reflexionar que en ocasiones la experiencia vale de muy poco.

¿Cómo puede entonces una organización mirar permanentemente el futuro para ir dando pasos hacia adelante y al mismo tiempo no perder todo lo que ha logrado?

Eso, que pareciera un imposible o al menos posiciones encontradas han roto el paradigma de la eficiencia en las organizaciones. Ejemplos como los siguientes se aparecen cada vez con más frecuencia:

a) Ocupar la capacidad al 100% implicará no tener espacio para cambios

b) Si no tengo holgura en mi fuerza de ventas no habrá quien visite clientes nuevos

c) Si no hago pruebas con este nuevo producto no terminaremos de descubrir su potencial.

En muchos casos tenemos las intenciones de intentar, de hacer algo diferente, pero no hay margen de maniobra, la eficiencia nos ha llevado a que la mentalidad de cero desperdicios nos lleve a centrase de tal forma en la operación actual, que no da tiempo ni recursos disponibles para pensar en algo diferente. Estamos tan preocupados por cuidar el presente que perdemos de vista que el presente caducará muy rápido y cuando se quiere reaccionar, tal vez es demasiado tarde.

Las organizaciones ambidiestras logran, por una parte, operar el modelo actual con criterios de ejecución eficaces y por la otra dedican agenda y recursos para delinear lo nuevo, con un alto grado de incertidumbre, porque el futuro es incierto.

El futuro requiere de un espacio, porque la única manera de hacerse cargo de él eficazmente es cuando el futuro se pone en el tiempo presente traducido en agenda y presupuesto.

La dificultad que tiene el futuro es que requiere de otro tipo de competencias, que no son compatibles con la eficiencia y el ahorro; se requiere de un mindset diferente que no siempre puede convivir en todas las mentes. Solo aquellas personas con algunas competencias pueden lograr un cierto grado de ambidiestralidad pueden hacer convivir ambos mundos: presente y futuro.

A nivel de estrategia (generalmente orquestada desde la Alta Dirección) la ambidiestralidad no sólo es deseable sino exigible en estos tiempos, pero la praxis es algo mucho más complejo que requiere, en la mayor parte de los casos equipos y responsables diferentes.

Sólo así será posible dedicar los recursos, tiempo y foco suficiente para operar con eficiencia la operación actual priorizando la rentabilidad y por otra parte dedicarle lo necesario a diseñar los nuevos modelos de negocio buscando una diferenciación y permanencia futura.

Jorge Peralta

@japeraltag

www.idearialab.com

@idearialab

Jorge Peralta

CEO IdeariaLab Agencia de Innovación Intrapreneurship&Corporate Innovation Expert LeanStartup&DesingThinking&ScaleUP

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