Mi madre es una fuerte pelota de nervios, dolores y dilemas. Antes no era muy religiosa, pero desde que mi abuela falleció en el 2012 se ha aferrado más al catolicismo. La religión es la cuna de la muerte y los problemas. En esta se acomodan, se encuentran respuestas aunque siempre suavicen las penas de la vida y, la mayor pena, la muerte.

Estaba «regular», pero le acaban de llamar y decir que la madre de una amiga ha fallecido. Se ha recordado de mi abuela. Aunque la verdad es que la mamá de su amiga vivió mucho más que mi abuela. Mi abuela falleció joven: a sus 74 años de edad. Dicen que fue por una brujería de mi tío que quería, después de comerse la herencia, heredar la casa y los últimos terrenos que quedaban. A mi madre no le dieron herencia porque se casó con mi padre, un pobretón que no le caía muy bien a mi abuela. Desde el principio fue así. Mi madre la noble cenicienta y, a pesar de todo, siempre estuvo al lado de mi abuela pese a lo que le hicieron sufrir por haberse casado con mi papá. No les caía (a mi abuela principalmente). Esto era lo peor. Si no le caés bien a la suegra, que se traduce a si sí podés mantener a su hija y no la vas a dejar pasar hambre, estás jodido. Yo conozco este dilema muy bien, pues soy el producto de la peor situación de él. Y lo mejor de todo es que he elegido una carrera donde los medios económicos no siempre estarán… O sea, no le voy a caer bien a las suegras de mis novias. Es decir, soy un poeta pobretón como mi papá. Pero yo no me caso. Aunque pobre quiero disfrutar del momento. Conozco mi Arte. Siempre puedo escribir libros. Aprender eternamente es mi refranero. Viajaré cuando pueda, sino me contento con viajar por «Google Earth». Es todo. Después te cuento sobre la trágica muerte de mi tío José Antonio, por el cual me nombraron a mí, Juan Antonio.

Hasta entonces,

JARD