Pertenencias

Pude prometer durante mucho tiempo que te pertenecí, como al adquirir una casa nueva, como encontrar el auto perfecto.

Pero el tiempo, las manías y el equipaje que se carga día con día, nos marchitó, dejamos de regar nuestras almas y jugamos “no está Pasando nada”. La llovizna se convirtió en tormenta y yo seguí siendo tuya.

Mrs. Pertenencia, como el cabello rubio y la ropa ajustada, tanto como la Q que decora mi muñeca izquierda y las ochocientas mil canciones que me recuerdan que el olvido es cuestión de utopías, más aún tratandose de ti, lo que significa que esto está “reverendamente” jodido.

Seguiré siendo tuya, cuando me recuerdes o me odies por la mañana, en este punto tal diferencia no existe, te perteneceré cuando decidas pensar en mi, como lo hago ahora contigo, como esta noche tan particular, para variar la felicidad.

Supongo que de esto está lleno el camino que te dirije al infierno, de escribir palabras que no sé si tienen sentido pero que sabes que de donde vienen se habla lo que no se puede decir…

Me limitare a las siestas nocturnas, engañando a la muerte del alma, para sentir que aún ansias que te pertenezca, y pasadas las horas de ansiosa locura, despertaré sin ser tuya.

Siempre tuya.

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