2 AM
Hay un viejo reloj que vive en mí, que en mis noches cambiantes señalaba tu ausencia. Una ausencia remarcada en círculos históricos que no supiste, o no quisiste deshacer. ¿Lo intentaste al menos? Desde mi isla ahogaba esa pregunta en la densidad de la noche, en respuesta, ella te regresaba como el mar a un náufrago, un náufrago que en unas horas se iría de nuevo tras las olas. Nunca te conocí lo suficiente, pero noche a noche, al compás de las manecillas, la redención te cubría con su manto, ese manto que era mío y tuyo.
Siempre fuiste suficiente…