Protesta de la Coalición Stop the War contra los ataques de EEUU a las plantas de armas químicas sirias en abril de 2018

La “peste zombie” rojiparda o cómo se están popularizando las ideas fascistas en la izquierda (II)

Traducción del texto publicado originalmente en Fightback,el 16 de mayo de 2018.

DAPHNE LAWLESS

Segunda parte del artículo aparecido en la edición de junio de Fightback sobre el fascismo y el antifascismo. La primera parte está aquí.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Para que una infección se propague, se necesita tanto un germen (un virus, una bacteria, una espora o similar) como un vector (algo que transporte y transmita el germen). Mi análisis es que el agente de la peste rojiparda es una debilidad política de la izquierda radical que es al menos tan antigua como el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y cuyas raíces se remontan a la Revolución Rusa. También sostengo que el vector de esa peste -la razón por la que ha estallado repentinamente- ha sido el uso armamentístico de las redes sociales llevado a cabo por organizaciones propagandísticas reaccionarias muy bien dotadas de recursos, tanto las que pertenecen al Estado ruso como las que están ligadas a magnates angloamericanos de extrema derecha. La segunda historia es más fácil de contar, así que empezaremos por ahí.

Vector 1: Guerra de información, rusa y de otro tipo

La historia está surgiendo cada vez más de la influencia extremadamente fuerte sobre no sólo la derecha nacionalista en ascenso, sino también sobre gran parte de la izquierda activista, de una operación de propaganda y comunicación extremadamente sofisticada dirigida, por un lado, por agencias del Estado ruso y, por otro, por oscuras redes de multimillonarios derechistas. Las recientes revelaciones periodísticas de Cambridge Analytics, la empresa de “Big Data” propiedad de la familia Mercer (que también es propietaria de la red Breitbart de sitios web nacionalistas blancos), han puesto de manifiesto su influencia no sólo en las elecciones presidenciales de EE.UU. de 2016, sino también en el referéndum británico “Brexit” del mismo año. Estas han sido las mayores victorias para el nacionalismo de derechas desde hace décadas, por mucho que algunas facciones de la izquierda hayan intentado reclamarlas como victorias para nuestro bando (un análisis que he rechazado en artículos anteriores — WiCL, pp. 33–40).

Mientras que los Mercers, y otros multimillonarios activistas estadounidenses como los Koch, están principalmente interesados en desmantelar las instituciones liberales o neoliberales que se interponen en el camino de su rentabilidad, el canal de noticias de la televisión estatal rusa RT y toda una red de sitios web y “granjas de trolls” de redes sociales se dedican abierta o secretamente a oponerse a la globalización neoliberal y a la política exterior intervencionista de Estados Unidos y la UE. El periodista estadounidense Casey Michel da un ejemplo de cómo funciona en la práctica:

Consideremos una de las revistas emblemáticas de la izquierda estadounidense que, a pesar de todo su apoyo a los derechos de los homosexuales, la transparencia del gobierno y el derecho al voto en lo que concierne a la sociedad estadounidense, ha exhibe un enfoque notoriamente blando hacia un régimen que se opone violentamente a todo lo anterior.
La cobertura de los asuntos rusos por parte de The Nation es una vergüenza nacional. RT es un sitio web que da espacio a neonazis como comentaristas “expertos”. Sin embargo, eso no impide que The Nation publique artículos tipo “y tú más” en defensa del canal de propaganda; artículos con el mismo argumento, con exactamente los mismos titulares, que los que se encuentran en las publicaciones nacionalistas blancas.
El grupo de observadores rusos de The Nation se ha ocupado últimamente de dar crédito a los “referendos autonómicos” en Ucrania Oriental, legitimando así la apropiación ilegal y neoimperialista de tierras, o el argumento de que toda la crisis ucraniana fue “instigada por el intento de Occidente… de introducir [a Ucrania] de extranjis en la OTAN”.
El hecho de que estos puntos de vista encajen extrañamente con los de Trump y sus consejeros amigos de Breitbart es quizás otra rareza de esta era de psicosis ideológica. Stephen Cohen, el principal analista ruso de The Nation (y esposo de la jefa de redacción de la revista y editora Katrina vanden Heuvel), incluso ha sido respaldado por David Duke y la esposa del nacionalista blanco Richard Spencer, el padrino intelectual de la “alt-right” pro-Trump, como una voz sensata en lo que respecta a las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
A veces, la sustancia y el estilo de lo que se ha denominado el “alt-izquierdismo” son indistinguibles de los de su homólogo del otro extremo del espectro político. Y los info-guerreros de Moscú parecen apreciar el parecido, ya que la edición estadounidense de Sputnik exhortó a los partidarios de Bernie Sanders a votar por Trump (al igual que el propio Trump, repetidamente).

En Siria en particular, esta mediasfera rusa ha jugado el papel protagonista en la amplificación de las formas más despreciables de conspiracionismo y culpabilización de las víctimas en Siria, como es el caso de la bloguera británica Vanessa Beeley. Un error común, sin embargo, es decir que se trata principalmente de una red de “bots”. Más bien, la guerra de la información es librada igualmente por personas reales, como Ian Shilling o Maram Susli. El periodista británico Jonathan Freedland lamenta la eficacia de las redes sociales para desacreditar el periodismo tradicional:

Es lógico que las redes sociales sean el arma elegida. Se ha comprobado que sus algoritmos favorecen la viralidad sobre la veracidad, difundiendo historias falsas más rápida y ampliamente que las verdaderas. Una misteriosa tuitera pro-Assad, sin ninguna otra existencia rastreable en internet, tiene casi tantos seguidores como el editor de Oriente Medio de la BBC. Mientras tanto, la noticia principal en Google News la mañana después de las elecciones presidenciales de EE.UU. jaleaba a Trump como el ganador de la votación popular — a pesar de que había perdido por casi 3 millones de votos. La tribu se dice a sí misma lo que quiere oír.

El politólogo francés Anton Mukhamedov añade:

Vale la pena recordar que al mismo tiempo que encarcelaba y torturaba a los izquierdistas rusos, el Estado ruso ha estado haciendo un llamamiento para construir un “mundo multipolar”, un eufemismo para denominar una coalición de potencias tradicionalistas y profundamente reaccionarias “euroasiáticas” que luchan contra el “atlantismo”, como lo denomina Aleksandr Dugin, un ideólogo nacional-bolchevique ruso vinculado al Kremlin. De ahí su apoyo a los partidos identitarios de extrema derecha en Europa, a los nacionalistas blancos en Estados Unidos, pero también a los grupos antibelicistas que ven la colaboración con Rusia como la clave para asegurar la paz mundial. Mientras que la visión de Putin parece ser la de unas potencias hegemónicas actuando sin interferencias en su propia esfera de influencia, RT y otros medios estatales han estado anunciando la amenaza de una “nueva Guerra Fría” para instar a la derecha y a la izquierda política a unirse tras la potencia ruso.

Amar Diwarkar sugiere en su excelente artículo “Las permutaciones del asadismo” que el modelo para este discurso ruso sobre Siria es de hecho el hasbara (“explicación”) israelí sobre Palestina:

Esta técnica se caracteriza por una asociación público-privada que une la guerra de información con los objetivos estratégicos del Estado israelí. Multifacética y adaptada a la era digital, es profundamente consciente de que la percepción conforma la realidad. Aunque arraigada en conceptos anteriores de agitprop y censura, el hasbara no busca interferir en el suministro de información contradictoria a las audiencias. En cambio, acepta de buen grado un mercado abierto de opinión. Lo que pretende hacer en este contexto es promover la escucha selectiva limitando la receptividad de las audiencias a la información, en lugar de restringir su flujo…
No es sorprendente entonces que el asadismo haya incorporado con éxito el manual de hasbara en su arsenal. Trágicamente, muchas voces familiarizadas con la desviación y el negacionismo israelí respecto a Palestina también emiten un silencio ensordecedor hacia la contrarrevolución de Assad contra los sirios. La negación se expresa con términos como ‘seguridad’ y ‘contraterrorismo’, el ‘mal menor’ y racionalizaciones islamófobas, a la vez que rutinariamente se formulan acusaciones conspirativas en intentos desesperados de exonerar a un Estado con las manos manchadas de sangre.

La importancia del crecimiento de la influencia personal rusa sobre los líderes de izquierda a largo plazo también debe ser señalada. La izquierda marxista estuvo totalmente marginada en Occidente desde el colapso de los Estados del Pacto de Varsovia a finales de la década de 1980 hasta la era de la guerra de Irak/crisis financiera mundial, 15–20 años después. En aquel momento, muchos consideraban positivo que el Estado ruso deseara amplificar las voces contra la guerra. Pero el suministro ruso de shows pagados en los medios y el hecho de ser tomado en serio se ha convertido en una droga adictiva, a la que muchos izquierdistas estadounidenses y británicos están ahora “enganchados”. Peor aún, esta adicción tiene el efecto secundario de que sus críticas al imperialismo yanqui/europeo son cada vez más indistinguibles de las de ultraderechistas como Alex Jones, que también es promocionado por los medios de comunicación rusos. Casey Michel otra vez:

Tal vez el caso más claro sea el de la candidata presidencial del Partido Verde, Jill Stein, y su circunscripción. En diciembre de 2015, el Kremlin homenajeó a Stein invitándola a la gala de celebración del décimo aniversario de la red de propaganda RT. Más de un año después, sigue sin estar claro quién pagó el viaje de Stein a Moscú y su alojamiento allí. Durante su campaña ignoró múltiples preguntas a este respecto. Sabemos, sin embargo, que Stein se sentó en la misma mesa que Putin y el Teniente General Mike Flynn, que pronto será asesor de seguridad nacional de Trump. También habló en una mesa redonda patrocinada por RT, que usó su presencia para criticar el “desastroso militarismo” de Estados Unidos. Después, en la Plaza Roja de Moscú, Stein describió el acto como “inspirador”, y continuó diciendo que Putin, a quien definió como un político inexperto, le dijo que él “estaba de acuerdo” con ella “en muchos temas”.
Stein se presenta a sí misma como una defensora de las clases bajas y del medio ambiente, y una adversaria del Estado policial y de los medios de comunicación corporativos, y sin embargo parece disfrutar de su unión de espíritus puros con un oficial de inteligencia cleptócrata que arrasa los bosques y detiene o mata a periodistas críticos e invade países extranjeros. Su verdadero denominador común, por supuesto, es que tanto Putin como Stein se oponen obstinadamente a la política exterior de Estados Unidos.

Es importante entender que ni el estado ruso, ni los Mercers o los Kochs, están particularmente interesados en apoyar el “fascismo” o en promocionar la política verde. Lo que les interesa es utilizar estrategias mediáticas sofisticadas para construir un bloque populista contra el liberalismo y a favor de la soberanía ilimitada de los Estados nacionales. Los medios de comunicación rusos, en particular, amplifican las voces “antiglobalización y antiimperialistas” de la izquierda hasta conseguir que las audiencias occidentales puedan oponerse a las interferencias con la política exterior rusa.

Sin embargo, la respuesta no es tan simple como “Rusia lo hizo”. Las teorías de conspiración sobre cómo los movimientos de masas y los levantamientos en todo el mundo son “guerras por delegación de la CIA” revelan una suposición incorrecta y chovinista de que nada puede suceder a menos que una Gran Potencia u otra lo haga. En este caso, es importante señalar que no tendríamos el Brexit ni al presidente Trump si no existiera previamente una considerable audiencia masiva de ideas xenófobas y reaccionarias. Este artículo sostiene que la izquierda ha fracasado en su misión histórica al convertirse en parte de la audiencia del antineoliberalismo unidimensional alineado con los mensajes fascistas.

Diagrama de Alex Reid Ross sobre la interacción entre el aparato propagandístico ruso y los grupos fascistas o rojipardos https://hummusforthought.com/2018/03/16/the-multipolar-spin-how-fascists-operationalize-left-wing-resentment/

Vector 2: redes rojipardas

Otra parte del rompecabezas es una red real y creciente de, no grupos o activistas influenciados por la ideología rojiparda, sino activistas rojipardos conscientes de sí mismos — es decir, gente que quiere crear una alianza o fusión entre la Izquierda radical y la Derecha nacionalista/fascista. Esta creciente red fue expuesta a principios de este año en una entrada de blog seudónima extremadamente larga, pero completa y reveladora, titulada “An Investigation into Red-Brown Alliances” [ii]. La introducción del autor confirma nuestra sospecha de que Siria es la “Zona Cero” del estallido de la política rojiparda:

Este largo post comenzó como una investigación sobre la izquierda y Siria que empecé después de leer en el blog de Sol Process la publicación de tres posts sobre oscuras fuentes pro-Assad usadas en círculos izquierdistas… y que más tarde se expandió a una investigación más extensa, así como una crítica interna izquierdista de la crisis actual de la izquierda desde una perspectiva radical izquierdista, internacionalista y antifascista.

El artículo merece una lectura completa, pero merece la pena reseñar algunos puntos aquí:

  • Explica la tradición política de la “Tercera Posición” (es decir, una posición anticapitalista y anticomunista), un fascismo que incluye retórica socialista y una alianza con movimientos anticolonialistas del Tercer Mundo como los de Gadafi, Robert Mugabe o Hezbolá en Líbano. Crucialmente, algunos de estos fascistas terminaron viendo a la Unión Soviética como el mal menor — como dijo el intelectual fascista francés Alain de Benoist en 1982: “Mejor usar el casco de un soldado del Ejército Rojo que vivir a dieta de hamburguesas en Brooklyn”. Esto debería ser una sobria advertencia para cualquiera que piense que la nostalgia soviética es en sí misma una defensa contra las simpatías fascistas.
  • Señala que los fascistas intentaron apoderarse de la sección de Berlín Occidental del Partido Verde en 1980 — un evento con ecos ominosos para el actual dominio de la tendencia Jill Stein / David Cobb en el Partido Verde EE.UU.. Mientras tanto, la candidata presidencial de los Verdes en 2008, Cynthia McKinney, es también una veterana proveedora de teorías de conspiración de “Rothschild/Soros” que son un antisemitismo apenas velado.
  • Menciona el dilatado movimiento Lyndon LaRouche, cuyos acólitos pueden verses vendiendo el trabajo de sus líderes en las calles de Melbourne. LaRouche comenzó en el trotskismo estadounidense, y luego hizo girar su sectaria organización hacia un abrazo a la extrema derecha. Después de acusar a Barack Obama de ser un nuevo Hitler, ahora defienden una línea pro-Trump y pro-Putin.
  • Analiza el Partido Nacionalista Socialista Sirio (SSNP), un partido fascista de la vieja escuela que forma parte de la coalición de gobierno de Bashar al-Assad en Siria y que recientemente se ha descubierto que financia al destacado demócrata estadounidense de izquierdas Dennis Kucinich.
  • Describe varios “think-tanks” internacionales, sitios web y conferencias contra la globalización neoliberal que son patrocinados y apoyados por socialistas antiguerra de izquierdas, teóricos de la conspiración fascista y de derechas, y aquellos que han evolucionado en una extraña mezcla de ambos.
  • Detalla los fuertes lazos existentes entre muchos de estos activistas del Querfront y “Novorossiya”, los Estados separatistas del Este de Ucrania que son apoyados por Rusia. (La repetida defensa de Jill Stein de los separatistas de habla rusa en Ucrania basándose en que “Ucrania antes era parte de Rusia” causó estupor en las elecciones de 2016).

Si has podido llegar hasta el final de este artículo tan largo, no te quedará ninguna duda de que el fascismo es un camaleón capaz de abrirse camino en el movimiento socialista, verde, anticolonialista y todas las demás clases de movimiento progresista para difundir su mensaje de etnocentrismo y autoritarismo, si no se saca a la luz su verdadera naturaleza lo antes posible.

Anton Mukhamedov entra en más detalles:

… la amenaza de una convergencia entre el rojo y el pardo se cierne sobre Siria tras los ataques, ya que las recientes protestas contra la guerra han reunido a los autodenominados izquierdistas y a aquellos individuos cuyas carreras giran en torno a atacar a los izquierdistas y las minorías.
Que el ex líder del Partido Nacional Británico, Nick Griffin, diga que condiciona su apoyo a Jeremy Corbyn a que este último no atribuya a Assad la responsabilidad del último ataque químico en Douma, debe ser motivo de preocupación. En lugar de echar un vistazo a lo que podría atraer a los nacionalistas británicos del programa del líder laborista, algunos izquierdistas afirmaron que Griffin simplemente “vio la luz”.
Aún más alarmante, el bloguero neonazi Tim Gionet, conocido como “Baked Alaska”, quien previamente asistió al mitin de Unite the Right en Charlottesville, apareció junto a la coalición ANSWER de Los Ángeles en una marcha con banderas del régimen sirio. También se inundaron con imágenes de Bashar al-Assad y Vladimir Putin varias marchas de Stop the War.
En lugar de “ver la luz”, los reaccionarios que se infiltran en los espacios de izquierda se mantienen fieles a sus posiciones e intentan subvertir a los movimientos que se consideran progresistas en favor de un enfoque pseudoantimperialista y reaccionario de la geopolítica, que carece de toda preocupación por los civiles y defiende, bajo la apariencia de un antiimperialismo secular, a un dictador despiadado y sectario que ha ejecutado a miles de personas y sigue cometiendo crímenes contra la humanidad…..
Hace un mes, un artículo publicado por el Centro Legal para la Pobreza del Sur (Southern Poverty Law Center) describía una escena política propicia para la existencia de colaboraciones apenas ocultas entre la extrema derecha y una fracción de la izquierda occidental, como la coalición estadounidense ANSWER o el Partido para el Socialismo y la Liberación (Party for Socialism and Liberation), con argumentarios de política exterior similares a los de los nacionalistas blancos. El autor describía una sorprendente conexión en relación a Siria, establecida por movimientos como la coalición “Hands Off Syria” y grupos de reflexión inspirados en una ideología fascista rusa llamada “eurasianismo”, que comparten la misma afinidad por la intervención militar rusa en Siria. Muy pronto, el artículo, escrito por el profesor de la Universidad Estatal de Portland y experto en fascismo Alexander Reid Ross, fue retirado debido a una amenaza de demanda formulada por uno de los mencionados en el artículo [Max Blumenthal — DL].

Otras voces occidentales destacadas que piden un Querfront entre la izquierda radical y la derecha nacionalista/trumpista contra el globalismo neoliberal incluyen a Cassandra Fairbanks, una activista antipolicía de los medios sociales que cambió públicamente su lealtad de Bernie Sanders a Trump. La bloguera australiana Caitlin Johnstone se ha convertido en una especie de celebridad por sus llamamientos a la izquierda para que colabore con la derecha trumpista contra “el establishment” (es decir, el globalismo neoliberal):

“Los izquierdistas tenemos que atacar a la clase dirigente en todo momento y hacer circular la conciencia de lo que realmente está sucediendo en el mundo, y si esto significa colaborar con la derecha, deberíamos hacerlo… Cernovich y yo probablemente discrepamos en más cosas de las que coincidimos ideológicamente, pero en lo que sí estamos de acuerdo es que es absolutamente estúpido que no trabajemos juntos” (citado aquí).

Michael Cernovich, para quienes no lo sepan, es un blogero de la “alt-right” y uno de los principales promotores del bulo del “Pizzagate”, una teoría de la conspiración sin fundamento sobre Hillary Clinton y otros demócratas de alto rango de que forman parte de una red de tráfico de niños. Otros de los motivos de la fama de Johnstone ha sido la repetición de artículos que afirman que la investigación sobre los vínculos entre Trump y Rusia es una estafa clintonista totalmente falsa. Johnstone ahora tiene el honor de haber sido recomendada nada menos que por el músico británico Roger Waters, anteriormente de Pink Floyd. Este último, un activista de izquierdas y pro palestino de largo recorrido, ha estado repitiendo recientemente en vivo en el escenario la negación de los ataques químicos en Siria y la teoría de la conspiración de origen ruso (algo que probablemente no es ajeno, una vez más, al espacio mediático que se le ha dado en la red de RT por sus puntos de vista políticos).

Alexandr Dugin fue mencionado brevemente más arriba, pero el analista geopolítico estadounidense Eric Draitser explica su papel central en la política rojiparda moderna en otro excelente artículo que merece una larga cita:

Dugin es ampliamente considerado como una figura muy influyente en los círculos políticos rusos — sus Fundamentos de Geopolítica sigue siendo un texto obligatorio para los oficiales militares rusos….
Una de las obras más importantes de Dugin es La Cuarta Teoría Política (4PT), un manifiesto pseudo-intelectual de la política fascista que evita las etiquetas políticas del siglo XX en favor de una “nueva síntesis” para un nuevo siglo….. La esencia de 4PT es sólo una variante reenvasada del tercer posicionismo desde una perspectiva abiertamente fascista. Hace un llamamiento a la alineación directa y a la alianza de fuerzas en la extrema izquierda y extrema derecha para atacar el centro. Incluso la página principal del libro dice: “Más allá de la izquierda y la derecha, pero contra el centro”. ¿Te suena familiar?
…su política 4PT del siglo XXI se basa en la idea de una colaboración necesaria entre una izquierda pasada (comunistas, socialistas, etc.) y una derecha pasada (fascistas). Dicho de otra manera, Dugin está rebautizando al fascismo como algo claramente nuevo, separado de el negro legado histórico del nazismo y del fascismo italiano, algo muy necesario en nuestro mundo “postmoderno”. Por supuesto, hay que señalar que cuando Dugin dice “postmoderno” se refiere al multiculturalismo, la igualdad de género, los derechos LGBTQ+, el ambientalismo, el anticolonialismo, el antirracismo y, en general, todo lo que se ha convertido en fundamental para la izquierda en los últimos 50 años.
… esta es precisamente la estrategia duguinista, penetrar en la izquierda a través del antiimperialismo y unirla con la extrema derecha en una visión común pro-rusa. Esa es la agenda de Dugin, y gente como Johnstone resulta muy útil para ese fin. Sólo con observar el número de presuntos progresistas que rechazan con razón las narrativas de los medios corporativos estadounidenses si no están respaldadas por pruebas contundentes, pero que a la vez creen que las informaciones de los medios rusos y los comunicados de prensa del Kremlin son las escrituras sagradas, puedo ver que esa estrategia es bastante efectiva.

[ii] Una excelente fuente de noticias sobre las actividades rojipardas y del Querfront fue el blog Reft or Light (http://reftlight.euromaidanpress.com/), con sede en Ucrania, que reimprimió algunos de los artículos anteriores de Fightback sobre este tema. Lamentablemente, ya no parece estar actualizado.

La “peste zombie” rojiparda o cómo se están popularizando las ideas fascistas en la izquierda (I)

La “peste zombie” rojiparda o cómo las ideas fascistas se están popularizando en la izquierda (III): Los gérmenes del virus rojipardo. ¿Qué debemos hacer?