“¿Financia Arabia Saudí a ISIS?”: verificando a los verificadores

Traducción del artículo original en inglés de Bob Pitt, publicado el 30 de junio de 2017

El FactCheck del Channel 4 suele ser una buena fuente de información objetiva sobre temas controvertidos. Por eso es decepcionante encontrar allí un artículo reciente de Martin Williams mal investigado y bastante engañoso que valora las pruebas detrás de la generalizada acusación de que el gobierno saudí está financiando a ISIS. El artículo ha sido citado en las redes sociales como un estudio digno de confianza, por lo que vale la pena someter el análisis de Williams a un examen punto por punto para ver si se sostiene. (Versión corta: no se sostiene.)

Los correos electrónicos de Clinton / Podesta

Evidentemente, basándose en un artículo de Patrick Cockburn publicado en octubre pasado en The Independent, Martin Williams afirma que un intercambio de correos electrónicos entre Hillary Clinton y John Podesta en agosto de 2014 proporciona la evidencia que demuestra la complicidad del Estado saudí en la financiación de ISIS. Williams afirma:

Tal vez la indicación más poderosa de los vínculos financieros de Arabia Saudí con ISIS se puede ver en los correos electrónicos filtrados desde la oficina de Hillary Clinton, que fue Secretaria de Estado de EEUU de 2009 a 2013.
Los mensajes, publicados por Wikileaks, contienen una declaración inequívoca de su presidente de campaña, John Podesta:
“Necesitamos utilizar nuestros recursos de inteligencia diplomáticos y más tradicionales para ejercer presión sobre los gobiernos de Qatar y Arabia Saudí, que están proporcionando apoyo financiero y logístico clandestino a ISIL y a otros grupos suníes radicales de la región”.

El correo electrónico que Williams cita, fue obtenido de hecho a través del pirateo de la cuenta personal de John Podesta. Pero la declaración citada no es de Podesta en absoluto. Es de un informe anónimo que le fue reenviado por Hillary Clinton. Su autor era casi seguramente su amigo de toda la vida Sidney Blumenthal. (Tiene el mismo formato y el mismo estilo de otros informes de Blumenthal, y presenta su característica forma de escribir el nombre del dictador sirio como “Basher al Assad”.) Muy lejos de respaldar el análisis de Blumenthal, Podesta ciertamente lo habría rechazado. Como lo escribió en otro correo electrónico filtrado: “Sid se ha perdido en su propia red de conspiraciones. No presto atención a lo que dice”.

En cuanto a Clinton, parece probable que enviara la información a Podesta porque pensó que estaría interesado en sus argumentos sobre el papel de las fuerzas kurdas como aliados de EEUU en la lucha contra ISIS, que constituye el tema principal del documento. No se puede deducir que estuviera de acuerdo con la referencia pasajera de Blumenthal al supuesto “apoyo financiero y logístico clandestino al ISIL” del gobierno saudí. Con respecto a esa cuestión, la información no demuestra nada más que la propia mentalidad conspiratoria de Blumenthal.

Sin embargo, según Martin Williams y el FactCheck de Channel 4, este intercambio de correos electrónicos constituye “quizás la indicación más sólida de los vínculos financieros de Arabia Saudí con ISIS”. De ello sólo se puede concluir que el resto de la evidencia debe de ser muy floja. Como así resulta.

El cable del Departamento de Estado de 2009

En cuanto a la alegación de que el Estado saudí estaba prestando apoyo a un movimiento yihadista, Williams afirma: “No era la primera vez que los funcionarios estadounidenses habían hecho esta afirmación.” Siguiendo todavía a Patrick Cockburn, cita un cable del Departamento de Estado de 2009, filtrado a través de Wikileaks, en el que Williams dice que los funcionarios estadounidenses “expresaron las mismas preocupaciones” sobre la financiación del yihadismo por parte del gobierno saudí, que se plasmaban en el informe de Blumenthal. Williams cita el cable de la siguiente manera:

Las donaciones privadas en Arabia Saudí constituyen la fuente más importante de financiación para los grupos terroristas suníes en todo el mundo. Si bien el Reino de Arabia Saudita (KSA) se toma en serio la amenaza de terrorismo en el interior de Arabia Saudí, hemos tenido siempre problemas para persuadir a los funcionarios saudíes de que aborden como una prioridad estratégica la financiación del terrorismo que emana de Arabia Saudí…
Se necesita hacer más, ya que Arabia Saudí sigue siendo una base crítica de apoyo financiero para Al Qaeda, los talibanes, LeT y otros grupos terroristas, entre ellos Hamas, que probablemente recaudan millones de dólares anuales de fuentes saudíes.

Esto es una claro caso de tergiversación por cita selectiva. Si bien el cable argumenta que “hay que hacer más” para impedir que los ciudadanos saudís financien a los yihadistas, también reconoce que el gobierno saudí “respondió a las preocupaciones de financiación terrorista planteadas por EEUU mediante la investigación y detención preventiva de los mediadores financieros sospechosos”, y había hecho “esfuerzos cada vez más agresivos para interrumpir el acceso de al-Qa’ida a la financiación de fuentes saudís”.

¿De verdad se puede afirmar que el Departamento de Estado estaba haciendo la misma afirmación que hizo Blumenthal (o como diría Williams, Podesta) cuando acusó al gobierno saudí de “proporcionar apoyo financiero y logístico clandestino” a ISIS?

Hillary Clinton…

Martin Williams también atribuye gran importancia a un discurso de Hillary Clinton de octubre de 2013, de nuevo publicado por Wikileaks, en el que ella dijo esto de la situación en Siria: “Los saudís y otros están enviando grandes cantidades de armas — indiscriminadamente — no en absoluto con destino a los que creemos que serían los más moderados, los menos probables de causar problemas en el futuro”.

Al contrario que los comentarios de Clinton, el régimen saudí ha sido en realidad extremadamente cuidadoso en el apoyo que ha dado a las facciones armadas que se oponen a Assad. Su táctica desde el principio fue promover organizaciones seculares nacionalistas que lucharan bajo la bandera del Ejército Sirio Libre (FSA), con el fin de marginar a los islamistas democráticos vinculados a la Hermandad Musulmana, mientras al mismo tiempo apoyaba a las fuerzas que fundaron Jaish al-Islam, para actúar como contrapeso salafista no yihadista contra Al Qaeda. Tanto el FSA como Jaish al-Islam son enemigos declarados de ISIS y han combatido contra esa organización.

En todo caso, en su discurso de 2013 Clinton hablaba sólo en términos generales acerca de que “los saudís y otros” habían proporcionado armas a la oposición anti-Assad de una manera que “en absoluto iba dirigida hacia la gente que creemos que sería la más moderada”. Eso está muy lejos de afirmar que el gobierno saudí financiara específicamente a ISIS, por lo que es difícil ver cómo este discurso podría servir como prueba de que lo hicieron. Sin embargo, Williams lo presenta como ejemplo de cómo “la gente en las más altas esferas del gobierno de EEUU tenía buenas razones para creer que el dinero fluía entre Arabia Saudí e ISIS”.

… y Joe Biden

Como evidencia adicional de esto, Williams cita algunas observaciones improvisadas y no totalmente coherentes hechas por Joe Biden en octubre de 2014 durante una sesión de preguntas y respuestas en la Universidad de Harvard, durante la cual el entonces vicepresidente estadounidense acusó a Arabia Saudí, Turquía, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos de inundar Siria de dinero y armas para apoyar a las organizaciones extremistas que combatían contra Assad. Según Williams, Biden incluyó a ISIS entre estas organizaciones. Cita a Biden diciendo: “Catalogamos a [ISIS] como grupo terrorista desde el principio. Y no pudimos convencer a nuestros colegas de dejar de equiparlos”.

Esta cita se ha manipulado para atribuir a Biden una afirmación que él no hizo. Biden se refería a “al-Nusra, que catalogamos como grupo terrorista desde el principio” (énfasis añadido). Esta organización, no ISIS, fue de la que estaba afirmando que “no podíamos convencer a nuestros colegas para que dejaran de equiparla”. Jabhat al-Nusra de hecho se opuso vehementemente al lanzamiento de ISIS y se negó a unirse a él. De hecho, posteriormente luchó junto a otras fuerzas anti-Assad para expulsar a ISIS del territorio de la oposición. Puede afirmarse que algunos aliados estadounidenses (Turquía y Qatar) proporcionaron al menos asistencia indirecta a al-Nusra en el período en que parecía estar alejándose del yihadismo y aún no habían declarado su afiliación a al-Qaeda. Pero eso es muy diferente a afirmar que estos aliados estadounidenses apoyaron a ISIS. Y no nos cuenta nada de a quién ha estado financiando y armando en Siria el gobierno saudí.

Williams omite también mencionar que Biden luego se disculpó públicamente por sus comentarios, afirmando que se refería sólo a la situación en las primeras etapas de la guerra civil siria, y destacando que admitió “el fuerte apoyo de Arabia Saudí en la lucha conjunta contra ISIL” .

Distorsionando el análisis del Washington Institute

Williams cita un estudio de 2014 de Lori Plotkin Boghardt, del Washington Institute, sobre la “Financiación Saudí de ISIS”, en el que él admite que no halló “evidencia creíble” de financiación gubernamental. Sin embargo, Williams continúa:

Pero el informe añadió que el gobierno saudí “se siente complacido por los recientes avances sunís encabezados por ISIS contra el gobierno chií de Iraq, y por las conquistas yihadistas en Siria a costa de Bashar al-Assad”.
Añadió: “No sería sorprendente descubrir una coordinación logística limitada, tal vez indirecta, para hacer avanzar las posiciones sunís en Siria y más allá, o fugas con destino a ISIS de fondos y materiales de los rebeldes apoyados por Arabia Saudí”.
“Los donantes de los países del Golfo en su conjunto — de los cuales los saudís se cree que son los más generosos — han canalizado cientos de millones de dólares a Siria en los últimos años, incluyendo a ISIS y otros grupos”, dijo. “Riad podría hacer mucho más para limitar la financiación privada”.

Una vez más, Williams emplea la cita selectiva, lo cual distorsiona el sentido general del análisis del Washington Institute. Aquí va un pasaje más directamente relevante del mismo artículo:

Existe la idea errónea de que el reino no interfiere la financiación privada de los grupos terroristas que operan en Siria, incluido ISIS. Sin embargo, una de las actividades de Riad más observables de lucha contra la financiación del terrorismo, es su monitoreo del sector financiero formal del país para bloquear donaciones sospechosas. De hecho, las campañas de recaudación de fondos en medios sociales ponen de relieve los problemas que supone enviar esos fondos de Arabia Saudí a Siria. Para asegurar que sus contribuciones lleguen realmente a Siria, se anima a los donantes saudís a enviar su dinero a Kuwait, considerado durante mucho tiempo como uno de los ambientes de financiación del terrorismo más permisivos en el Golfo Pérsico.

Eso proporciona una refutación convincente del mito del apoyo del Estado saudí a ISIS. Pero Williams no ve la conveniencia de citarlo.

¿Cómo se financia ISIS realmente?

Williams también hace un intento de identificar las fuentes reales de financiación de ISIS. Acepta que “no es tan simple como simplemente unas donaciones de donantes adinerados”. Y de hecho, no lo es. Aquí se encuentra un análisis detallado de McClatchy DC de documentos que contienen los registros financieros de la organización en el período comprendido entre 2005 (cuando todavía era Al Qaeda en Irak) y 2010 (cuando se convirtió en el Estado Islámico en Irak):

Los documentos también ponen en problemas a las narrativas populares sobre el grupo, incluyendo lo de que Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico fueron contribuyentes clave en el nacimiento de ISIS… De hecho, según los documentos interceptados, las donaciones externas sólo representaban una pequeña fracción — no más del 5 por ciento — de los presupuestos operativos del grupo desde 2005 hasta 2010…
Charles Lister, que investiga a grupos extremistas como profesor invitado en el Brookings Institution’s Doha Center en Qatar, dijo que no hay evidencia de que los donantes extranjeros como los países del Golfo se volvieran más importantes para el grupo después de 2010; Desestimó esa idea como procedente de un “contexto político de gran recelo y paranoia”.

Como Williams menciona, refiriéndose a un informe del Financial Times, ISIS disfrutó de unos ingresos de 1,5 millones de dólares al día de las ventas de petróleo en ciertos momentos según algunas estimaciones. En un artículo publicado en 2015 para el New York Times, Charles Lister argumentó que la cifra era probablemente una exageración, pero agregó: “ISIS puede estar recaudando hasta 600 millones de dólares al año mediante la aplicación de un impuesto del 50% sobre los empleados pagados por el gobierno, del 5% sobre todas las empresas locales, y de entre el 10% y el 15% en todos los camiones con mercancías que pasan por su territorio”.

El Financial Action Task Force (FATF) publicó un estudio sobre la financiación de ISIS en 2015, que confirmó esta opinión. El FATF observó que “el valor cuantitativo total de las donaciones externas a ISIL es mínimo en relación con sus otras fuentes de ingresos”.

Es obvio que ningún donante saudí podría haber proporcionado nada que se acercara al nivel de financiación que ISIS generó para sí mismo dentro del territorio que entonces controlaba. Por lo tanto, incluso si el gobierno saudí hubiera reprimido a los donantes privados aún más fuertemente de lo que lo hizo, el impacto sobre las finanzas de ISIS habría sido insignificante.

¿Por qué no los detenemos?”

Después de no haber demostrado que el gobierno saudí estuviera financiando ISIS o facilitando tal financiación, Williams, sin embargo, pregunta: “¿Por qué no los detenemos?” (A lo que algunos podrían pensar que la respuesta obvia es: “Porque no lo están haciendo”.)

Williams señala la necesidad de cooperación con Arabia Saudí en cuestiones de seguridad, junto con la importancia del país como productor de petróleo y ser un importante cliente para los fabricantes de armas británicos. De ello deduce que tales consideraciones han provocado el silencio oficial de Gran Bretaña sobre el patrocinio de terrorismo por parte de Riad. Formulando la pregunta “¿Qué dice el gobierno del Reino Unido al respecto?”, Williams responde: “No mucho”. Señala que en el mandato de David Cameron, el gobierno encargó un informe sobre la financiación extranjera de grupos terroristas, pero el Ministerio del Interior ha declarado que no puede ser publicado. Williams observa: “Sin este informe, no podemos decir con certeza lo que el gobierno británico sabe sobre la financiación de Arabia Saudí a ISIS”.

Pero resulta que sí podemos. O al menos tenemos un buen resumen de lo que el gobierno sabe, basándonos en la evidencia escrita presentada por el Ministerio de Defensa a la investigación del año pasado sobre la financiación de ISIS de la Comisión de Asuntos Exteriores. El documento del Ministerio de Relaciones Exteriores enfatizó que el gobierno saudí ha desempeñado un papel central en los esfuerzos para bloquear la financiación del terrorismo y declaró que “no hay evidencia sustantiva” para apoyar la acusación de que ha estado proporcionando apoyo financiero a ISIS. Aquí está el pasaje relevante:

Con la amenaza de Daesh cercana, el Gobierno saudí ha estado a la vanguardia de los esfuerzos internacionales para derrotar a Daesh, incluso mediante el liderazgo conjunto de la Coalición para reducir los recursos de Daesh. Arabia Saudí cuenta con un conjunto completo de leyes para prevenir la financiación del terrorismo, que se aplican vigorosamente.
Los saudíes son copresidentes del CIFG (Counter-ISIL Finance Group), que es el mecanismo de la Coalición para supervisar la financiación de Daesh. Junto con su trabajo con el CIFG, Arabia Saudí ha trabajado para desconectar a Daesh del sistema financiero internacional. También están aplicando la Resolución 2253/2199 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el régimen de sanciones a ISIL y Al-Qaeda y la lista de 1267/1989.
No hay pruebas sustanciales que confirmen las acusaciones de apoyo financiero del gobierno saudí a Daesh. El Ministerio del Interior saudí aprobó leyes en marzo de 2015, que hacen ilegal para los residentes saudís proporcionar apoyo a Daesh, al catalogarlo como entidad terrorista. Arabia Saudí ha tomado medidas activas para impedir la financiación privada de grupos terroristas, incluyendo Daesh y sus afiliados. Esto incluye el monitoreo del sector financiero formal a través de informes de actividades sospechosas (SAR) para identificar y bloquear donaciones sospechosas de estar destinadas a grupos terroristas…
Arabia Saudita ha tomado medidas adicionales recomendando a sus establecimientos religiosos que no participen en asuntos relacionados con Siria, más allá de las labores de ayuda humanitaria, y la introducción de un sistema de denuncia. Esto proporciona incentivos financieros para la denuncia de operaciones de lavado de dinero y financiación del terrorismo.

Aunque esto proporciona una respuesta acreditada a la pregunta del FactCheck: “¿Arabia Saudí financia a ISIS?”, las evidencias del Ministerio de Defensa no aparecen en ninguna parte del artículo de Martin Williams.

La relación real entre ISIS y el régimen saudí

Un último punto. Si el gobierno saudí financiara a ISIS, o al menos hiciera la vista gorda con los ciudadanos que lo hicieran, se podría esperar que esto se reflejara en la actitud que ISIS toma hacia el Estado saudí. Pero Williams no mostró ningún interés en investigar este aspecto de la cuestión. Si lo hubiera hecho, habría encontrado que ISIS ha declarado insistentemente que exige el derrocamiento violento del régimen saudí.

En 2014, Abu Bakr al-Baghdadi lanzóun ataque mordaz contra la familia gobernante en Arabia Saudí, etiquetándolos como ‘la cabeza de la serpiente’. Continuó diciendo a sus partidarios que priorizaran atacar a la minoría musulmana chií de Arabia Saudí y al gobierno saudí y a las fuerzas de seguridad, por encima de los ataques a las fuerzas occidentales”. (Una estrategia que los seguidores de ISIS procedieron a implementar.) En 2015, el líder de ISIS pidió a los ciudadanos saudíes que “se levanten contra los tiranos apóstatas”. En 2016, “amenazó con llevar a cabo múltiples ataques en Arabia Saudí, dirigidos a los servicios de seguridad del reino islámico, funcionarios del gobierno y, en particular, a miembros de la familia real Al Saud”.

¿Es este el tipo de actitud que los beneficiarios del apoyo del Estado saudí tendrían hacia sus benefactores? A la inversa, ¿tendría sentido que el Estado saudí ayudara a financiar a unos yihadistas que han prometido su destrucción total? La Casa de Saud puede ser reaccionaria, represiva y bárbara, pero no es completamente estúpida.