¿Hace falta autoritarismo para que haya libertad económica?
Mucho se habla acerca de los regímenes de carácter autoritario alrededor del mundo que impusieron a la fuerza reformas económicas que apuntalaron a la libertad económica, como los casos de Chile con Augusto Pinochet, Taiwán con Chiang Kai-shek, Perú con Alberto Fujimori, Singapur con Lee Kwan Yew y Corea del Sur con Park Chung-hee. Todos estos países prosperaron económicamente en los últimos 50 años y están hasta el día de hoy con economías de mercado fuertes e instituciones que favorecen el desarrollo de la iniciativa privada.
Pero aún así, hubieron otros países que en los últimos 50 años no contaron con la presencia de regímenes autoritarios para iniciar reformas orientadas al mercado en sus economías. Podrían mencionarse los casos de los países bálticos, Irlanda, República Checa y Eslovaquia.

Irlanda: el tigre celta
En la década de los 1920, recién independizado del Reino Unido, Irlanda mantuvo altos aranceles al comercio, particularmente durante la Guerra Económica en los años 1930 que mantuvo con el Reino Unido durante el gobierno de Éamon de Valera. Esto se realizó para cortar con la alta dependencia comercial que había con el Reino Unido en aquellos tiempos, y para compensar la caída de los precios internacionales agrícolas fruto de la Gran Depresión que comenzó en 1929. Así también para fomentar la autosuficiencia agrícola y comercial, se realizó una vigorosa campaña de parte del gobierno para que la gente compre productos irlandeses y no los productos británicos. De la misma forma, también se iniciaron procesos de nacionalizaciones y de monopolios estatales en nombre del interés público.
Para 1960, teniendo en cuenta que después de la Segunda Guerra Mundial muchos países europeos crecían rápidamente, Irlanda se encontró estancada toda la década anterior. También contaba con más de 400.000 ciudadanos suyos emigrados a diferentes países. En la década de 1970 la población creció en un 15%, creciendo el empleo en apenas un 1% anual y el Estado se encargó de absorber a la fuerza laboral creciente. El déficit fiscal y la deuda pública continuaron creciendo hasta desembocar una crisis en los años 1980.
En la década de los 1980, la clase media pagaba una tasa marginal impositiva del 60% de su renta, el desempleo rondaba el 20%, la emigración llegó hasta el 1% de la población y el déficit público llegó al 15% del PIB.
Llegado el año 1987, Fianna Fáil (El Partido Republicano de Irlanda fundado por Éamon de Valera) tenía mayoría parlamentaria y logró impulsar reformas para revertir la política económica estatista. A contramano de lo que realizó el fundador del partido, recortaron impuestos y promovieron la competencia.
Eso llevó a que la economía irlandesa se convierta en el Tigre Celta entre la década de los 1990 y los 2000. Así, Irlanda logró un crecimiento del PIB en un 10% anual entre 1995–2000 y en un 7% anual entre 2001–2004.

El giro de la política económica de Irlanda se logró en un ambiente democrático, no sólo mediante reformas impulsadas por un sólo partido, sino también mediante acuerdos logrados entre el Gobierno, y los principales empleadores y gremios en el denominado Pairtíocht sóisialta (Acuerdo social en español). Esto no fue impulsado por un gobierno de corte autoritario.
República Checa y Eslovaquia: La Revolución de Terciopelo
A finales de 1989 ocurrió la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia, que fue la transición no violenta a la democracia de este país en respuesta a las revueltas populares que hubieron en los países que formaron parte del Tratado de Varsovia contra los gobiernos comunistas. De esa manera, el 29 de diciembre de 1989 asume Václav Havel como Presidente de Checoslovaquia. En el año 1992, dadas las tensiones políticas entre los checos y eslovacos, se separan las naciones y se crean la República Checa y Eslovaquia.
En el año 1993 se corresponde el inicio de la entrada de capital extranjero en la República Checa, realizándose fuertes inversiones en transportes y comunicaciones, y producción de maquinaria, fruto de la creación de un clima propicio para la inversión extranjera. Asimismo fue la primera nación post-comunista en ser clasificado en la categoría de grado de inversión, se lograron privatizar grandes industrias y logró mejorar su imagen a nivel mundial.
Luego de una crisis que puso en aprietos el proceso liberalizador de la economía checa en el año 1997, dos planes de austeridad junto con la aceleración de procesos de privatización y de mercado de capitales fueron implementados se recuperó y creció con más fuerza durante los años 2000 en adelante, soportando sin grandes complicaciones la Crisis Económica Mundial del 2008.

En el caso de Eslovaquia no fue muy diferente del caso checo, ya que se realizaron procesos de privatizaciones pero con complicaciones al comienzo, ya que el gobierno de Vladimír Mečiar los inició pero con oscuras maniobras en los procesos, que terminaron estancándose y complicándose la economía a la par, entre 1994–1998 con déficits comerciales y una deuda pública y privada crecientes.
Recién en el año 1998, con el gobierno de Mikuláš Dzurinda (1998–2006), se realizaron fuertes reformas de mercado y una estabilización macroeconómica. Así, el crecimiento económico promedio entre el 2001–2008 de la economía eslovaca fue el 6% y la inversión extranjera directa de 64.000 millones de US$ al año 2013, superando a varias economías latinoamericanas en ese factor, entre ellos Paraguay (este indicador supera más de 2 veces al PIB total paraguayo al mismo año).
Lo que tuvieron más allá de los procesos de transformación de las economías en los casos de la República Checa y Eslovaquia de economías planificadas a economías de mercado fueron también gobiernos electos democráticamente. Václav Havel no en vano decía respecto a estos procesos: “… siempre he sabido que el único sistema económico que funciona es el de mercado. Esta es la única economía ‘natural’, la única que realmente tiene sentido, la única que puede llevar a la prosperidad; porque es la única que refleja la naturaleza misma de la vida”.
Conclusiones
No es una condición sine qua non la presencia de un régimen autoritario para que exista una economía de mercado. Es más, muchas autocracias subsisten con el estatismo económico, ya sea con un gobierno de izquierda o de derecha políticamente hablando. Así lo fueron la Cuba de Castro o los gobiernos de la Junta Militar que gobernó Brasil entre 1964–1985.
Lo que si es una condición necesaria para emprender un proceso de liberalización de una economía es la búsqueda de la mejora de la calidad institucional que permita limitar poderes en los Poderes del Estado, una justicia mayormente libre del tráfico de influencias y mínima burocracia para emprender, más allá de bajos impuestos y libertad para comerciar.