La decisión más rentable: gestiona tu energía

Este ordenador con el que escribo. Mi coche. El fuego de la chimenea que me calienta. Mi móvil. La energía está en todo lo que nos rodea. No se crea ni se destruye, aunque se degrada, según la segunda Ley de la Termodinámica. Algo que tenemos tan asumido en los cacharros se nos olvida para el cacharro más importante que tenemos: nuestra mente, nuestro organismo, nuestra esencia como humanos.

Como si fuéramos un vehículo al que le echas gasolina, o lo recargas en una nueva batería eléctrica. Como cuando nuestro móvil se «muere» y lo tenemos que hacer revivir… las personas necesitamos de energía para vivir. Pero recargarnos es algo más complejo que «enchufarnos». Nuestro punto de recarga es invisible, y no es un acto automático. Asumimos que el sueño repara todos los problemas energéticos, toda la degradación de nuestra energía. Pero el sueño no siempre repara.

Aprendes a no circular demasiado tiempo en reserva cuando te has quedado tirado con el coche en medio de una carretera; o a usar mejor el móvil después de estar incomunicado por hablar más de la cuenta, de cosas sin importancia o por navegar para pasar el rato. Aprendes a comer, a saborear, a apreciar lo que tienes cuando pasas hambre. Aprendes a usar el agua cuando te mueres de sed. La escasez agudiza el ingenio y es un verdadero master para nuestra experiencia.

Lo mismo sucede con nuestra energía. Si un día tienes la desgracia de quedarte en reserva aprenderás lo importante que es. El sueño no la recupera, porque no duermes. Los pensamientos no la recargan, normalmente la descargan un poquito más, un punto más. Sin energía los pensamientos suelen convertirse en grandes enemigos de nuestra mente. Sin energía vives con más ansiedad, con más miedos, con menos confianza en tus posibilidades. Cualquier cosa te parece un mundo. Buscas, como un yonki, la forma de cargarte otra vez de energía pero te desesperas. No hay pastilla que te ayude. No sirve de nada salir a pasear, porque no puedes. No puedes hacer deporte, porque las piernas no funcionan como te gustaría. Te encuentras perdido. ¿Y ahora qué? ¿Cómo vuelvo a ser quien era? Me basta estar al 20%, pero no hay forma de subir. Necesitas algo para coger una escalera y empezar a subir. ¿Pero cómo?

Existen ciertos límites de consumo de nuestra energía por debajo de los cuales recuperar tu estado inicial es francamente duro y difícil. Es en ese momento cuando piensas en lo mal que la has gestionado: ¿para qué me habré involucrado en este problema? ¿Para qué elegiría esta batalla que no va conmigo? ¿Por qué usé mi energía en esa red social, en ese mail, en estar con esta persona que me roba energía? ¿Por qué tomé esa decisión? ¿Por qué no supe apartarme del ruido, de los problemas absurdos, de la mala prensa, del bullicio? Cuando no tienes energía, cada acto, por pequeño que sea, sólo te genera dos cosas: o te descarga más o te ayuda a recuperarte.

El silencio recarga, calma la mente. El bullicio machaca, son miles de estímulos a los que atender. Hay conversaciones que son como el potasio o el azúcar en medio de una pájara, te dan fuerza. Te ayudan a serenarte, pensar en positivo, buscar vías para cargar esa energía. Otras, en cambio, te machacan: cuando te juzgan, cuando no te comprenden, cuando tienes que dar explicaciones, cuando te quieren exprimir, pedir y no puedes dejar de dar. Ahí te quedas sin lo poco que ya tienes. Hay personas y situaciones que te hacen reír, y te cargan de energía. Otras te generan tensión, lastran tu confianza y te generan más miedos. Situaciones que te destruyen un poquito más. Hay momentos donde correr te da fuerza, vitalidad, afán de superación. Otros donde correr para llegar a ese sitio, y cumplir con una agenda, te destruye un poco más.

He vivido meses, muchos, demasiados, sin energía. No supe valorar su importancia. Pensé que era infinita, ilimitada. Asumí, por error, que con las ganas y seguir haciendo era suficiente. Creía que la debilidad humana no era para mí. No discriminé entre personas con comportamientos basura y los que te enriquecen; entre los que te utilizan y los que te aportan; entre quien quiere lo mejor para ti y quien desea que le des lo mejor. Entre problemas motivadores y problemas que sólo son eso, problemas, y lo mejor es que no lleguen, y si llegan que se vayan rápido sin involucrarte demasiado emocionalmente. No me preocupé de usar mi tiempo optimizando la energía. No busqué maneras de cargar la batería cuando estaba en el límite adecuado para recargarla. Me dejé llevar por las ideas de los demás, las agendas de los demás, los intereses de los demás, las expectativas de los demás, las vidas de los demás, las necesidades de los demás…sin valorar mi consumo energético. Con ello te vas anulando, pierdes autonomía y cierta confianza en tus fuerzas.

Colocar la energía en el centro de tus decisiones es una de las mejores decisiones que puedes tomar. Te cambiará la vida. Gestionar tus acciones según su consumo energético y mental puede que sea la forma más efectiva de sobrevivir con cierta cordura.

Da un paso al frente, coloca tu energía en primer lugar. Disciplínate para hacer lo que tienes que hacer: lo que te consume energía y lo que te la recarga. No quieras dar más de lo que puedes. No juzgues, y huye de quien te juzgue (aunque tengas que poner barreras físicas). No entres a batallar si no tienes claro qué te va aportar. No tengas envidia, valora lo que tienes. Sueña, y trabaja en planes, metas, objetivos y pasos concretos para lograrlos. Disciplina, disciplina, disciplina. Mucho trabajo mental. Centrarse, saber respirar. Visiona, rompe primero las barreras de tu mente. Aprende para que los pensamientos negativos pasen, y no echen raíces. Conoce tus limitaciones, pero juega a estar en la frontera y hazla un poco más grande cada día. Entrena, da pasos atrás si hace falta (eso de que nunca hay que dar marcha atrás es un mito). Mandas tú, pilotas tú, decides tú. Ama y déjate amar. Humildad. Huye del rencor. Separa tus pensamientos, tu trabajo, tus problemas, tus batallas, de tu mente. No eres tu trabajo, ni tus problemas, ni tus pensamientos, ni tus batallas. Haz un análisis coste/beneficio siempre en base a la energía que usarás.

No tengas miedo a usar la energía, si sabes cómo recuperarla. No tengas miedo a usar la energía, si la inviertes, es decir, si después se vuelve en algo positivo para ti y los tu entorno. No tengas miedo a usar la energía, si crees que haces lo correcto en el momento adecuado; pero después recárgate como los mejores guerreros tras la batalla. No temas a quedarte sin energía si te mueve la pasión y la motivación, porque suelen aportarte energía extra. Para cargar energía hay que invertir energía, no bajes los brazos, la solución no está en quedarse quieto y morirte de asco. La solución pasa por hacerse fuerte, usar mejor la energía, la fuerza, entrenar, focalizar y ser firme en los propósitos. Qué difícil es todo ello, pero quizás sea el trabajo más rentable de nuestras vidas.