¿Quieres emprender? No pidas lo imposible, que se inmolen contigo

Te propongo un trato de inversión: me das 20€, los metemos durante un mes en una caja a buen recaudo y te los devuelvo en dos meses. Nadie tiene acceso a esa caja. ¿Cuánto crees que te podría ‘pagar’ por ese trato? ¿Cuánto esperas ganar o cuánto crees que puedes obtener de rentabilidad?

Este es uno de los ejemplos que se me ha ocurrido de ‘inversión segura’. Tan segura y predecible que no puedes esperar mucha rentabilidad por ella. De hecho si te dijera que te doy 60 euros en dos meses pensarías, ¿dónde está el truco? Pensarías que alguien te está timando. Como mucho podrías pensar, ¿qué podría hacer con mis 20 euros en esos dos meses como alternativa? Te los podrías gastar en el cine, comprar acciones en bolsa, dejarlos en el banco…con tus 20 euros tienes la oportunidad de hacer otra cosa con ellos, pero es difícil valorar esa alternativa, así que como mucho podría exigir una rentabilidad mínima pero muy muy baja.

Ahora te propongo otro trato: me das 20 € porque voy a apostar a los caballos y tengo un 70% de probabilidad de acertar –alguien me chivó información-. Si acierto, te doy 40 euros, pero si no acierto, te quedas sin los 20 €. ¿Aceptarías el trato? Las matemáticas básicas nos dicen que, si las probabilidades son ciertas, estás ante la oportunidad de ganar un 40% a esos 20 € (40€x70% + 0€x30%=28€). Parece un buen trato, pero puede que no estés de acuerdo.

¿Y si ese 70% en realidad es un 50%? Ahora el valor esperado es de 20€…muy justo para decidir. ¿Y si es un 40%, por mucho que me digan que es del 70%? Adiós a mis 20 € -o estaría invirtiendo con un valor esperado por debajo de mis 20€, mal negocio. Ahora decidir si le das 20 € es todo un reto.

Los números son fáciles de hacer, pero los supuestos pueden tener pies de barro. Aquí hay dos opciones: o te muestras conservador y buscas un mecanismo para amortiguar el riesgo (si pierdes, ‘al menos me tienes que dar 10€’) o eres más agresivo (si aciertas quiero que me asegures 60€). Es decir, o me das una gran rentabilidad –que compense mi riesgo- o me das un colchón para no perder todo mi dinero.

Cuando hablamos de futuro es inevitable pensar en riesgo, puede suceder o no; y en incertidumbre, puede suceder una cosa, otra, u otra…(es decir, no sé dónde acabará esto y no necesariamente es algo binario, ganar/perder).

Cuando tienes dinero y quieres hacerlo crecer sabes que no es lo mismo comprar un boleto de lotería primitiva que meterlo en tu cuenta corriente, comprar acciones en bolsa o dárselo a un amigo para que cree una empresa. No es lo mismo, y decidir en esos contextos es muy complicado. Depende de tu tolerancia al riesgo, de tu capacidad para analizar las alternativas, de tu intuición…en definitiva, hay un poco de matemáticas pero también de bruja Lola 🙂

Esto parece de sentido común. Todos entendemos que con nuestro dinero hay que tener cuidado y que el futuro es complejo de predecir. Si nos ensimismamos con las ‘promesas’ –por muy convincentes que parezcan- que nos hacen, igual tenemos algún disgusto por no pensar en términos de riesgos, alternativas y matemáticas básicas. Todos entendemos que si dejamos 20 euros a un amigo con la promesa de que mañana nos dará 60 euros es que éste nos va a timar con una alta probabilidad, o lo que es lo mismo, que rentabilidad y riesgo van de la mano, aunque a veces no sepamos verlo a la primera o no somos plenamente conscientes.

Si esto parece de sentido común, ¿Por qué tenemos problemas cuando quien tiene el dinero es un banco o un inversor? Ambos quieren lo mismo, obtener rentabilidad del dinero que prestan y/o invierten, tratando de medir el riesgo asociado a cada operación. Hoy me quiero detener en la noción del riesgo y abrir un momento lo que parece una caja negra.

Pensemos en la situación de un equipo de personas que creen firmemente en que la idea que tienen entre manos puede ser una gran oportunidad de negocio. Pero de momento no hay producto, no hay clientes –gente que paga por lo que ofreces-, no hay más que una Sociedad Limitada, 3.001 euros en el notario, y unas personas que son grandes profesionales con una idea. Este equipo va a necesitar dinero para funcionar, es inevitable. ¿Cómo lo obtienen? Hay varios caminos, pero pensemos en dos habituales:

1.- Acudimos al primer banco de nuestra ciudad. ¿Qué ve el banco? Una empresa de reciente constitución, sin recursos de ningún tipo más que personas. No hay clientes, hay gastos CIERTOS y muchas expectativas de ingresos, pero éstos son INCIERTOS. El equipo quiere un préstamo a 5 años de 75.000 euros, porque con ellos consideran que llegarán al mercado en menos de 12 meses y empezar a generar caja. Su Excel se lo dice así, están convencidos de ello y creen saber que es fácil de lograr.

¿Qué crees que hará un analista de riesgos del banco? Para empezar hará una foto estática –qué cuentas tienen hasta ahora, qué han logrado y qué problemas tienen. Después se pondrá en la peor situación para responder a una pregunta de la que depende su sueldo, ¿y sino me devuelven mis 75.000 euros? Sólo si se cumple esa Excel el banco recupera su dinero y unos intereses –ahora relativamente muy bajos-. Pero, ¿quién dice que la Excel es infalible? La hizo quien pide el dinero y para lograr dinero así que… ¿no habrá un gran sesgo, tan habitual, por cierto?

Lo siguiente que hará el analista es ‘estresar’ el modelo. ¿Cuáles son las ventas que tiene que conseguir para pagar el primer año de la cuota del préstamo? ¿Qué probabilidad existe de que una empresa en esa situación tan inicial devuelva el préstamo? Dos preguntas y nos tumban la operación, básicamente porque el riesgo percibido en estas fases suele superar con creces la rentabilidad –precio- que el banco puede obtener del préstamo.

¿Cómo se puede proteger del impago el banco? Si este equipo llega a convencer de que lo lograrán, el banco querrá protegerse de todas formas. Lo habitual es que pida una garantía. Hasta ahora esas garantías eran los bienes inmuebles que pudieran tener los miembros del equipo o sus familiares. Bien, te presto 75.000 euros pero si impagas puedo embargarte la casa, venderla y recuperar mi dinero.

El problema es que esas garantías cada día valen menos. ¿Una casa más, pensará el banco? La crisis ha traído, y traerá más, un deterioro de los activos de los hogares, lo que se traduce en menos posibilidades financieras. No gracias…otras veces piden ‘pignorar’ dinero en efectivo:

  • Este dinero no se toca mientras el préstamo siga vigente –dice el banco
  • ¿Ridículo no, te pido dinero y me pignoras el que tengo? Contestas tú
  • Si lo tienes ¿por qué no lo pones tú y así no me lo pides a mí? –dice el banco
  • ¿Y si lo pierdo? Contestas internamente
  • Pues eso, lo mismo que estás pensando lo pienso yo –dice el del banco.

Después de esto es cuando surgen las frases típicas de ‘el banco sólo te deja un paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando llueve’. ¿No es el negocio de los bancos prestar dinero?

El banco no presta el dinero para meterlo en la caja segura de la hablamos al principio, sino para que se gaste y, con suerte, puedas generar dinero para devolver el dinero. El negocio de un banco no es regalar dinero, como el nuestro no es dar dinero a los amigos para que lo jueguen en el casino bajo la promesa de que nos lo devolverán.

No nos auto-engañemos, pedimos dinero porque no lo tenemos o no lo queremos poner en riesgo. Necesitamos dinero y queremos que alguien confíe ciegamente en nosotros, nos cobre un precio muy bajo por ello y, si sale mal, no queremos devolver la fiesta (‘para eso está el riesgo’, se dicen algunos).

Por lo tanto, los bancos no entran en operaciones en estas fases iniciales empresariales si no hay datos históricos sólidos, garantías que se puedan hacer líquidas rápidamente y si no es muy creíble lo que se les presenta (por ejemplo, descontar un pagaré de un cliente muy solvente). ¿Quién lo hace? En modo préstamo hay entidades como ENISA o fondos locales/regionales que suelen hacerlo. Pero estos fondos están teniendo problemas serios de impagos. No sólo los datos públicos lo muestran, sino que personalmente conozco muchas situaciones donde la primera cuota de estos préstamos rompe literalmente a la empresa.

Si una entidad privada rechaza un préstamo, y otra y otra, incluso una pública –que misteriosamente tolera más el riesgo-, no te quejes del ‘sistema’ por el poco apoyo a los emprendedores, más bien es que tienes mucho que demostrar y eres un emprendedor ‘subprime’ en potencia, hasta que no sepas demostrar lo contrario.

2.- Acudimos a negociar con inversores. Ya nos hemos convencido de que pedir prestado dinero puede poner en riesgo a la empresa, y que además es difícil de conseguir en las primeras etapas. ¿Quién estaría dispuesto a dejar dinero a un equipo promotor de una idea que puede ser muy potente? ¡Inversores!

Efectivamente, los inversores tienen muchísimas más tolerancia al riesgo que los bancos. Pero eso…¡no es gratis! ¡Ni fácil! Porque son inversores, toleran el riesgo, pero son todo menos tontos…

a.- Estos inversores cada vez están más especializados: saben si lo que tienes entre manos tiene o no sentido, mercado y posibilidades.

b.- Son muy estrictos en cuanto a la rentabilidad: no arriesgan tanto para hacer una empresa rentable de la que viven unos socios y una plantilla. Quieren algo que se pueda vender, que tenga un gran valor, (mínimo 6/7 veces el valor inicial de su inversión en menos de tres años) para compensar su riesgo y ganar dinero.

  • Me interesa tu empresa, invierto 200.000 euros y me quedo con un 20% de la compañía –dice el inversor. Pero quiero salir en unos 3 años y obtener un mínimo de 1,2 millones por estas acciones cuando las venda. Si además esto se va al carajo en valor, me reservo la opción de buscar vendedor; y si además esto va perdiendo valor y no lo gana, pero tiene futuro, yo puedo obtener un mayor porcentaje de la empresa para compensar mi riesgo.
  • ¿Invertir 1 y sacar 7? ¡Especulación! Dices como emprendedor
  • no, es mi negocio, puedo perder todo mi dinero y además invierto en 10 como tú y unas 7/8 acaban cerrando y mi dinero tirado a la basura- unas inversiones tienen que compensar otras –dice el inversor-.
  • Pero es que tienen muchos derechos políticos en mi empresa, mandas mucho para el porcentaje que tienes –dice el emprendedor.
  • Hasta ahora me has enamorado con tu discurso y con cosas que he visto de tu negocio y producto, pero tienes todo por demostrar. Tengo que asegurarme de que construyes una gran compañía. A partir de ahora nadie más interesado que yo en que lo hagas –dice el inversor.
  • ¿Pero a ti sólo te importa vender, no la caja ni el producto ni nada? Dice el emprendedor
  • Yo sólo maximizo el valor de mi inversión, que en este caso es maximizar el valor de los accionistas. ¿Lo tomas o lo dejas?

Da igual que hablemos de bancos o inversores o amigos. Da igual que hablemos de 20 euros o de 500.000 euros. Al final hay que saber qué incentivos tienen cada una de las partes y hay uno por encima de todos: protegerse del riesgo.

Nadie se inmola con un emprendedor por mucho que se enamore de su discurso. Si lo hace cada vez que ve un proyecto apasionante estarían arruinados.

Lograr comprender esta frecuencia –estos argumentos- es de vital importancia para hacer una estrategia financiera, de producto y de comunicación, adecuadas.

Abrir la caja negra del riesgo de una startups igual no te trae más inversores o más financiación, pero por lo menos comprenderás por qué y podrás tomar decisiones que te alejen o se lleven hacia ese camino, que no tiene que ser el único camino. No todo el mundo tiene que tener inversores o financiación bancaria. Aunque crecer de forma considerable es francamente difícil sin ellos.

Artículo previamente publicado en Sintetia.com