Y ella ya estaba muerta antes de haberse matado, porque no era vida vivir con el corazón destrozado de aquella manera, ni era vigor estar tan infausta como ella estaba.

Físicamente estaba viva, pero sentimentalmente ya era una difunta hace un buen tiempo. Y la esperanza era lo único que mantenía su mente viva, pero ésta no es eterna; se desvanece. Entonces, al pasar de los días, la indiferencia, la soledad y la pena, la esperanza se fue desvaneciendo, y los últimos rayos de ella se escondieron detrás de la decepción y la soledad.

Quedó sola. Tan vencida. Deshecha. Con el alma en sus manos y su corazón atascado en su garganta. Su mente ebria por pena, sin control en su vida. Sin rumbo. Pero ella sabía a donde iba a terminar todo esto:

En el acantilado, y su vida cayendo desde él. Cayendo, cayendo. En el mar, hundiéndose; ahogándose en su pena, en su soledad y en su desesperanza.

Tal como una persona con el corazón roto.