Cuando las mariposas vienen

Me visitan de vez en cuando,
no es muy frecuente pero es muy notable,
son muchas, miles, endebles criaturas voladoras.
Salgo fuera y las veo venir desde el cielo,
dentro empiezo a sentirlo, muchos se emocionan,
pero yo no puedo evitar recordar su última visita, 
pues las mariposas te hacen sonreír cuando vienen, 
y te hacen llorar cuando se van. Es un ciclo:
arriban, te conquistan con sus colores, y cuando lo han logrado, 
se retiran en busca de un nuevo hospedaje.

He aprendido a vivir sin ellas, 
y ya no soy tonto para dejarles entrar,
cierro todas mis ventanas, sello todas mis puertas,
me escondo debajo de la mesa, y trato de no pensar.
Pero no se van tan fácilmente, no les gusta fracasar,
bailan con sus alas, me miran pidiendo que les abra,
diciendo que no son las mismas de la última vez, 
haciendo la promesa de que todo será mejor,
pero no les creo nada... ¿se puede desear algo 
y a la vez tenerle tanto pavor?

De noche se van, despejan la casa, y salgo a tomar aire.
La primera vez que sucedió caí inconsciente, 
no soy el mismo desde entonces,
y aunque hoy todo va mejor, ya no quiero más desorden.
¿Podría soportar otra partida? ¿Se cansarán de buscarme y entonces las extrañaré? No lo sé, pero cuando vienen y se postran en las paredes,
tengo esa sensación mágica de la que siempre quieres más,
algo que de ser real, no importaría nada.

Una dicha única con daños fulminantes,
todos lo saben, las mariposas siempre parten,
la magia se convierte en veneno que las mariposas escondían,
que quema y daña más allá del cuerpo,
que no deja respirar, y agota la genuina belleza de la vida.
Yo he buscado cura por todo lugar, 
pero tratando de curarme sólo enfermo más,
mis amigos dicen que debo seguir creyendo,
que algún día vendrán las mariposas que no se irán,
¿Pero cómo sabré cuales son?
Quizá el viento, me pueda contar la verdad,
él acompaña a las mariposas cuando se marchan;
yo soy sólo un pobre gusano que no quiere ser mariposa,
que prefiere no volar, para no lastimar a alguien,
que no le desea a nadie, lo que las mariposas le hicieron a él.