El caco era un rayo

Callao y Córdoba cuando no había celular.

Me arrebataron el Samsung J3 (un favor) en la esquina de Callao y Córdoba, a metros del poste de luz en el que se cagó encima mi amigo Lisandro.

–Guardá el celular que te lo roban–me acababa de wasapear la jedi, como todas las noches después del laburo. Nunca le hago caso porque es como cuando te dicen que sueñes con los angelitos, y nunca soñé con ellos.

“Soy el chorro”, escribí para hacerme el gracioso. Antes de que pudiera apretar Enviar, un caco pasó en bicicleta a contramano por Córdoba y me manoteó el celular. Iba como un rayo.

–¿Te lo robó? –me preguntó una mujer que estaba al lado mío para cruzar el semáforo.

–Sí, encima mi novia me acaba de decir que guarde el celular y yo le estaba poniendo en joda que era el chorro –le respondí. La historia le chupó tanto un huevo que no hizo ni una mueca y cruzó la calle.

Te quedás sin celular y es como si te dejaran en pija en el medio de un tiroteo entre Clint Eastwood y Lee Van Cleef. De repente el mundo te expulsa o peor, un maleante tuitea con tu cuenta.

Cuando reaccioné, volví a la oficina, cambié las 40 contraseñas y llamé a Claro para dar de baja el chip. Jennifer de Medellín me hizo un cuestionario para cerciorarse de que yo era el dueño. Antes que nada me preguntó si estaba bien y me sentí contenido. Deben ser ellos los que mandan a afanar para ir actualizando el stock.

La variante Kan de la Siciliana.

Ya en el club de ajedrez de Paraguay y Callao, el Maestro me sugirió que podía ser la Side, que me había mandado a afanar para investigar mis datos porque soy periodista. Me sentí importante y me dio un poco de cagazo al mismo tiempo.

El Beto, que se había acercado a nuestro tablero para hablar de la variante Kan de la Siciliana, nos dijo que había una bandita de pibes en bici con vía libre para el arrebato entre Plaza Houssay y Tribunales, y que no habláramos boludeces. Yo preferí la versión del Maestro.

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