De las valentías íntimas
Llevo casi tres meses sin fumar y es el período de abstinencia más prolongado desde mis 14 años. Pero hasta ayer no había vuelto a escribir una palabra. Ni una. Ni ficción ni apuntes ni un carajo. Al principio ni siquiera lo intentaba. Miraba el escritorio de lejos, convencido de que sentarme a escribir sin fumar era una misión condenada: yo pensaba entre el humo. Cuando dejás de fumar no se trata solamente de tolerar la abstinencia — el hambre en la garganta, como describió con precisión Sonia Budassi en una crónica de Anfibia — . No se trata sólo de los padecimientos, a veces demoledores, en la retirada de la adicción, o de los síntomas que nos arrasan y a veces nos cuestan (la irritabilidad, la ansiedad, el desánimo, las dificultades para conciliar el sueño). Se trata, también, de aprenderlo todo de nuevo después de más de veinticinco años de acompañar hasta el más mínimo de los actos con un cigarrillo entre los labios o los dedos.
¿Cómo se lee sin fumar? ¿Cómo se escribe sin fumar? ¿Cómo se transita el placer, el sufrimiento, el dolor, la soledad, la angustia, el insomnio, el tedio, la mañana? Yo que me las apañaba para fumar de cualquier forma y en cualquier momento — he llegado a fumar en la ducha, manteniendo la mano con el cigarrillo fuera del alcance del agua, y una vez traté de escabullirme para fumar en el balcón mientras me reponía de una cirugía en un sanatorio — llevo más de dos meses aprendiéndolo todo de nuevo.
Me tocaron meses intensos. Voy sabiendo lo que es leer sin fumar. Y también reír con amigos sin fumar, hacer el amor sin fumar, angustiarme sin fumar, llorar sin fumar, emborracharme sin fumar, perder sin fumar. Pero seguía sin saber cómo era escribir sin fumar y era, creo yo, a lo que más miedo le tenía.
Ayer, atrapado en el desvelo recurrente de estos días en que amanezco a las cinco sin excepción, me aventuré a descubrirlo. Puede que no sea mucho. Pero puede que sea, por sobre todos los demás, el más íntimo acto de valentía en esta batalla personal. Y eso nunca es poco.
[1] Este texto fue escrito en febrero de este año. A hoy, son casi nueve meses.
