Sobre los medios y los refugiados

Como estudiante de comunicación, una de las cosas que primero corregí cuando empecé la carrera era a estar informado, a abrazar esos pedazos de realidad que nos llegan desde los distintos medios y que conforman una realidad.

Todo ello siendo consciente de la mirada objetiva que cualquiera, ya no solo profesional o persona de a pie, debería tener.

Entre estas noticias, estaba la incesante ola de imágenes de los refugiados sirios intentando avanzar en la Odisea por la supervivencia en la que se ha convetido su vida en pleno siglo XXI. Entre todos los vídeos que uno puede encontrar por la red con una simple búsqueda, encontré un patrón que me llamó la atención: había casi tantas personas sujetando cámaras como refugiados intentando huir.

Me pareció triste.

Daba la sensación de ser un espectáculo. Como si un niño malvado hubiera echado en un vaso de agua un montón de hormigas y grabara su sufrimiento intentando escapar de esa situación. Para colmo, este niño malvado, se empeña en apretar hcia abajo aquellas hormigas que están casi a punto de hacerlo (por si no quedaba claro, aquí me estoy refiriendo a una supuesta periodista húngara, que, aunque provenga de una sociedad con un muy estricto sistema de gobierno, no hay nada que excuse su falta de humanidad).

El viaje de estos individuos se convierte, así en algo lúdico, mero espectáculo. Pasa de ser un hecho noticioso, del cual beben los medios, a convertirse en un espectáculo apto para todo tipo de curiosos que no se dignan siquiera a ayudarlos. Más bien, esperan que ocurra algo para tener su propia exclusiva.

Sé que en este mundo, una imagen vale más que mil palabras; que el poder de una imagen puede conmover a sociedades enteras. Pero cuando sobran las imágenes, hace falta recordar que todos somos seres humanos, y que deberíamos intentar echar una mano, en vez de grabar con una cámara.

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