La Crisis en Nicaragua: Antecedentes, Causas
La crisis socio-política en Nicaragua es una que empezó como tal, y hoy comprende la más complicada situación política, económica, y social que Centroamérica ha visto en los últimos 10 años. Lo que empezó con protestas pacíficas en masa en contra del gobierno y sus reformas de seguro social, se ha convertido en un movimiento en contra de un gobierno que muchos ven como corrupto, ilegítimo, y desmedidamente violento. Sin embargo, la administración de Ortega, un antiguo comunista, sigue afirmando que las más de 300 muertes y mil heridos fueron resultado de lo que el Presidente Maduro de Venezuela (gran amigo personal de Ortega) llama “golpistas imperiales” . El gobierno nicaragüense solo ha admitido a muy pocos representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), y se ha rehusado a aceptar las plegarias de la Unión Europea, Amnistía Internacional, y la ONU de tener elecciones abiertas con presencia internacional. La administración de Ortega ha sido caracterizada por su populismo, medidas económicas austeras, y por la controversial decisión de alterar la Constitución para permitir la reelección ilimitada.
La crisis viene en un momento crítico para Centroamérica. Los índices de migración en la región están más altos que nunca, con países como El Salvador y Guatemala llegando a más de 1 millón de migrantes al año. Cómo afectará la crisis en Nicaragua al creciente problema de migración en Centroamérica, y más importantemente, a su desarrollo? Para los fines de este ensayo, se investigarán las posturas de aquellos que piensan que la crisis es un problema interno causado por un régimen dictatorial, y aquellos que desmienten esto y proponen que esta es una crisis fabricada por actores “golpistas”.
Se analizarán y citarán regularmente los reportes de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), Human Rights Watch (HRW, por sus siglas en inglés), y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) establecido por la CIDH y la Secretaría General de la OEA; estos serán yuxtapuestos con las declaraciones de oficiales del gobierno nicaragüense.
Para empezar, se tiene que ilustrar un poco del contexto previo a los enfrentamientos y demostraciones políticas y sociales de los cuales estos reportes hablan. Ortega llegó al poder después de la Revolución Sandinista de 1979, donde se le derrocó al dictador Anastasio Somoza, líder de la nación centroamericana desde 1937. La Dinastía Somoza había arrasado con casi toda la oposición desde el principio, y era reconocido como un régimen autoritario represivo. Por si fuera poco, la familia era extremadamente corrupta, y usaba fondos del estado para enriquecerse a tal punto que su riqueza representaba aproximadamente el 30% de su PIB en 1979 (Birdsall, Nancy; Williamson, John; Deese, Brian; 2002). Ortega era un líder del partido Sandinista, un revolucionario insurreccionista que había organizado a la oposición en contra de la dictadura represiva de la Dinastía Somoza. Se volvió enemigo de los Estados Unidos casi desde que este gobierno escuchó de él, dado a sus influencias y opiniones políticas marxistas-leninistas. Utilizando estas influencias políticas, y su pasión por la causa, Ortega empezó a actuar en contra del régimen de Somoza en actos de sabotaje, protesta pacífica y también armada, y demás. Fue arrestado por 7 años como resultado de esta etapa de su vida.
Ortega fue liberado en 1974, después de siete años preso, y voló a Cuba después que unos diplomáticos extranjeros y allegados de Somoza fueron secuestrados por comandos sandinistas, enviados a La Habana y luego intercambiados por la devolución de prisioneros políticos miembros de la oposición como Ortega. Al vivir en Cuba, fue entrenado en tácticas de guerrilla por expertos soviéticos (Schultz, 1988). Ortega regresó de Cuba con una visión mucho más clara de cómo hacer una resistencia eficaz en contra del régimen. Cuatro años después, se mudó a Costa Rica con Murillo y sus tres hijos de un matrimonio anterior. Según las biografías y enciclopedias, San José se convirtió en la base desde la cual Ortega detonó la revolución. No fue muy difícil, dado a la lucha que había atravesado el pueblo Nicaragüense en la década de los setenta bajo la dictadura de Anastasio Somoza, hijo. Nicaragua estaba llegando al punto de quiebre con la dinastía Somoza, la desigualdad estaba llegando a niveles demasiado alarmantes, y por si fuera poco, acababa de ocurrir un terremoto que cobró hasta 11,000 vidas del cual el país aún no se había recuperado.

Pero Ortega era el hombre que necesitaba el movimiento: decidido, ingenioso, introvertido y serio — parecía ser el héroe revolucionario que muchísimos marxistas esperaban. Sin embargo, Nicaragua estaba atrapada en el abismo de la guerra civil, entre la espada de la desastrosa imitación de la economía cubana, y la pared de un embargo de los Estados Unidos que aseguraría que cualquier experimento político fracasara.
Ortega, por su parte, jugó en la galería internacional. Agitó a las Naciones Unidas, declarando: “Que el presidente Reagan recuerde que Rambo existe solo en las películas”. Desesperado por la legitimidad, aceptó un plan de paz y elecciones en 1990. Seguro de su victoria, le dio la bienvenida a observadores extranjeros, y cuando salieron los inesperados resultados, se le hizo imposible negar la realidad como tanto le gusta hacer ahora.
Podrán entender lo genuina que fue mi sorpresa entonces, el día que me di cuenta que el actual presidente de mi nación había estado en el poder más tiempo que lo que yo tenía de vida, 8 años antes de mi nacimiento. En las palabras de la Comandante de la Revolución Sandinista y antigua Ministra de Salud del país, Dora María Téllez, “Es un trago amargo al pensar en los 50.000 jóvenes muertos de la revolución y en que a la vuelta de 40 años venimos a caer en una dictadura feroz, igual que la de Somoza”.
La primera incógnita siempre ha sido la naturaleza del conflicto. Simpatizantes del Presidente Ortega, así como también funcionarios de la Policía y el Gobierno, enfatizan que los enfrentamientos entre individuos armados y protestantes fue resultado de un golpe de estado fallido, orquestado por las fuerzas imperialistas de Occidente: “Primero fueron grupos pequeños los que protestaron, pero luego hubo manifestantes violentos y grupos paramilitares […] ataques provocados por las fuerzas paramilitares, organizadas por gente que está en contra del Gobierno” (Ortega, 2018). Sin embargo, el reporte hecho por el GIEI claramente declara que “el Gobierno recurre a mecanismos diversos para contener el descontento social. […] se censura la
transmisión de cinco medios de comunicación; se reprime de forma violenta las protestas por la Policía Nacional –que empieza a usar municiones de plomo en sus armas de fuego- y los grupos de choque afines al oficialismo; y se empieza a construir una realidad discursiva –que se mantendrá durante todo el conflicto- destinada a mostrar a la oposición que protesta como grupos de delincuentes.” (GIEI, 2018). La manipulación de información y censura de la misma es un caso de seria preocupación. Técnicas como las empleadas por el régimen de Ortega superan por mucho el nivel de censura visto en el régimen que él mismo derrocó en 1979. En Nicaragua, los canales de televisión y radio están en su totalidad adueñados por él y su familia, o por un empresario cercano a él. ¨Hoy, de nueve canales en televisión abierta (VHF) que existen en Nicaragua, ocho son controlados por la familia Ortega-Murillo, que dirige los canales 4, 6, 8 y 13 y el sistema informativo de Canal 2. El otro grupo de medios los controla el empresario mexicano-estadounidense, Ángel González (canales 2, 9, 10 y 11) y que también se consideran como dentro de los medios afines a Ortega” (Onda Local, 2017). Adicionalmente, la represión contra periodistas vista en Nicaragua durante esta crisis ha sido comparable con la del régimen de Somoza. La sistemática ejecución extrajudicial de periodistas por miembros de la Policía es inaceptable. “La CIDH reitera su condena al asesinato del periodista Ángel Gahona ocurrido el 21 de abril de 2018, mientras transmitía en vivo la destrucción de un cajero automático de BANPRO, y la presencia de antimotines del Jefe de la Policía en la ciudad de Bluefields. El asesinato de periodistas constituye la forma de censura más extrema y el Estado tiene una obligación de investigar con la debida diligencia y celeridad estos graves hechos, sancionar a todos sus responsables” (CIDH, 2018).
Similarmente, la información acerca de las figuras varía enormemente dependiendo de a quien se le pregunte. La CIDH calcula 325 muertes como resultado de la represión del gobierno (CIDH, 2018), mientras que el GIEI identifica “al menos” 195 muertes causadas directa o indirectamente por el régimen (GIEI 2018). En contraste, Ortega y su esposa (también vice-presidenta) mantiene que las cifras brindadas por estas organizaciones internacionales independientes no solo son falsas, son fabricadas, refiriéndose a los manifestantes como “seres mezquinos, seres mediocres, pequeños, llenos de odio, que todavía tienen la desfachatez de inventarse muertos. Así son esos minúsculos grupos alentadores de odio” (Murillo, 2018). Sin embargo, lejos de negar toda la muerte y destrucción causada por sus fuerzas paramilitares, el presidente le atribuye estas fatalidades a “enfrentamientos” entre “golpistas” y la policía nacional. “Estos datos que se manejan a través de algunos organismos de derechos humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no han sido depurados. Simplemente son denuncias que han recibido y van sumando, van sumando, van sumando” (Ortega, 2018).
En conclusión, decir que la situación en Nicaragua es una que no se puede atribuir a una sola causa sería una mentira. Una inexactitud histórica, más bien. La situación económica y política en Nicaragua es una que cuenta con múltiples factores que rebasan el alcance de este ensayo; pero la situación social, la crisis humanitaria y económica que vive el país actualmente desde el año pasado, esa recae exclusivamente en los hombros del dictador Ortega. Nada de lo detallado por la CIDH, Human Rights Watch, o Amnistía Internacional hubiera ocurrido si no hubiera un hombre tan despiadado en su destrucción de su propia tierra natal, que ni siquiera puede esconder una sonrisa al posar con las fuerzas paramilitares empleadas para las masacres detalladas en dichos reportes.

Hay una gran discrepancia entre los múltiples reportes e informes brindados por organizaciones internacionales independientes y la narrativa que Ortega y compañía están empujando desde el primer día. Esto no fue un golpe de estado. De haberlo sido, los actores internacionales que han estado presentes en el país por meses llevando a cabo su investigación no hablarian de “movilizaciones [que] fueron reprimidas por parte el Estado de forma violenta y mediante un desproporcionado y letal uso de la fuerza” (GIEI, 2018). De nuevo usando las elocuentes palabras de la señora Téllez, “Las dictaduras parecen fuertes hasta que se desmoronan. La de Ortega está derrotada, ha colapsado, cree que gana tiempo pero lo está perdiendo, no gobierna, no maneja la economía, no puede rehabilitar el país, no tiene credibilidad, no es sostenible por la fuerza de las armas y de la policía”. La ex-comandante y ex-sandinista tiene un punto. Personalmente, creo que el legado de Ortega, y por relación, el del partido sandinista, ha sido irreparablemente dañado. No importa que pasado haya tenido, los logros que haya cumplido como revolucionario o líder de la nación, sus intenciones, o lo que planee a futuro, su imagen en las memorias de aquellos nicaragüenses que alguna vez lo apoyaron en contra del opresor Somoza ahora lo ven como algo mucho, mucho peor. Ya ni siquiera se puede hablar de un repudio en contra del Sandinismo, porque no es la ideología nacionalista socialista a favor de la integración latinoamericana y en contra del imperialismo que es el problema, Ortega lo es. Al ser preguntado sobre la distancia entre los valores del Sandinismo y Daniel Ortega en la actualidad, el excomandante Sandinista Hugo Torres proclamó “ya no hablamos de sandinismo, sino de orteguismo”.
Trabajos citados
Lioman, Lima. 2018. BBC. Cómo la crisis en Nicaragua afecta a Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá de una forma “sin precedentes”. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44802850. Consultado el 15 de septiembre. BBC. (2014, Enero). BBC. From https://www.bbc.com/news/world-latin-america-25937292
CIDH. (2018). Capitulo IV: Nicaragua. Informe Anual 2018, 2–40.
Deutsche Welle. (2018, Julio 30). Deutsche Welle. From https://www.dw.com/es/ortega-admite-195-muertos-en-la-crisis-de-nicaragua/a-44883897-0
EFE. (2019, Febrero). Efe. From https://www.efe.com/efe/america/economia/nicaragua-se-encamina-a-su-peor-crisis-economica-de-los-ultimos-30-anos/20000011-3893157
GIEI Nicaragua. (2018). Informe sobre los hechos de violencia ocurridos entre el 18 de abril y el 30 de mayo de 2018.
Hispantv. (2018, Agosto 8). Hispantv. From https://www.hispantv.com/noticias/nicaragua/384786/muertos-violencia-opositores-golpistas-murillo
Human Rights Watch. (2019). Informe Mundial 2019: Nicaragua.
Lopez, I. (2019, Agosto 29). Confidencial. From https://confidencial.com.ni/si-ortega-rechaza-comision-oea-habra-sanciones/
Universidad Centroamericana. (2018, Junio). UCA. From https://www.uca.edu.ni/4/index.php/es-es/notimigrante/702-durante-y-despues-de-la-crisis-a-nicaragua-le-espera-mas-migracion
Baracco, Luciano (2005). Nicaragua: The Imagining of a Nation — From Nineteenth-Century Liberals to Twentieth-Century Sandinistas. New York, NY: Algora Publishing. p. 61
L., Melanie. “The Sandinista War on Human Rights”. The Heritage Foundation.
Shultz, Richard H. The Soviet Union and revolutionary warfare: principles, practices, and regional comparisons. Vol. 371. Hoover Press, 1988.
Pérez, Andrés. “The FSLN after the debacle: the struggle for the definition of Sandinismo.” Journal of Interamerican Studies and World Affairs 34, no. 1 (1992): 111–140.
Fonseca Amador, C. (1985) “Frente Sandinista de Liberación Nacional,” pp. 267–269 in Instituto de Estudio del Sandinismo (ed.) El Sandinismo: documentos basicos. Managua, Nicaragua: Editorial Nueva Nicaragua.Google Scholar
Motyl, Alexander J. Encyclopedia of nationalism, Two-volume set. Elsevier, 2000.
Birdsall, Nancy; Williamson, John; Deese, Brian (2002). Delivering on Debt Relief: From IMF Gold to a New Aid Architecture. Washington, D.C.: Peterson Institute. p. 134
Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua : Aprobado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 21 de junio de 2018 / Comisión Interamericana de Derechos Humanos. p. ; cm. (OAS. Documentos oficiales ; OEA/Ser.L/V/II) ISBN 978–0–8270–6772–1
Onda Local. (2017, 10 de Octubre). Onda Local. From: https://ondalocal.com.ni/especiales/305-los-medios-de-la-familia-presidencial-nicaraguense/
