Carta sin destinatario porque al remitente se le olvidó.

¿Cuanto tiempo puede ser? entre textos, entre una tarde juntos, entre una vida entera.

A veces me pregunto eso -más que solo a veces- y me pregunto si a caso tenés una idea pequeñita de lo que ese tiempo significa para mí, en el sentido de que ha sido un gasto.

No conversemos de un gasto de dinero, yo lo considero una inversión en algo que te importa, en alguien, precisamente. Uno no puede invertir algo totalmente imaginario, un concepto como el tiempo puede verse medido de muchísimas maneras, -es cuarto para la una- -tengo veintiséis años de edad- -cuatro semanas de embarazo- y así, nuestro tiempo en la tierra es indeterminado sin importar qué hagamos.

Sin darnos cuenta regalamos tiempo sin medida, sin ninguna clase de preocupación de que este se nos acabe, porque no sabemos que tan pronto será.

Cuando uno es consciente de que está regalando su expresión más pura de vida, me parece la mayor muestra de algún sentimiento de un ser humano a otro, quisiera que supieras que desde mi lado más humano me encanta regalarte mis horas, mis minutos, mis segundos.

Sé que a veces uno puede apreciar de una manera más grande lo material, lo físico, pero si lo pensás, cada día te hago un regalo más, que se suma a una larga lista de ellos, entre esos risas, yo viendote a vos sonreír, suspirar por lo bajo, caminar con ese porte tan ególatra, me gusta analizar tu humanidad. Vestirte de esa túnica vacía y oscura solo me da más ganas de que entendás que adoro tanto lo mucho que lo intentás ser (pero vos nos sos él) conocer tu lado frágil, dejarme sorprender por cada momento que estamos juntos me parece más y más encantador, no tenés porqué mentirme.

(Al menos a mi no.)

Así que, mi querido ser humano relativamente no insignificante, para vos, el de los ojos dorados y brillantes como el sol, te pido que no dejés que ese brillo tan especial que guardas en vos se apague, quiero que toda esa pasión que llevas por dentro le de paso a cosas grandes, al destino que tanto mereces y a todo el amor que alguien pudiera regalarte, aprecia el tiempo, es un regalo magnífico y el que me has regalado a mí lo atesoraré en mis días más grises, en mis noches más oscuras y cada beso lo guardaré con ternura por si acaso es que llegase a ser el último.

Han sido días, fueron tardes y serán noches, quizás no conmigo pero ahí estarán por siempre.

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