By Luc-Olivier Merson, Public Domain, Wilipedia Commons

Filípides cantó victoria y después murió

Los persas habían jurado que si vencían a los griegos, en la batalla de Maratón, irían a Atenas a saquear la ciudad y a matar a las niñas.

En Atenas, los que no peleaban, tenían el mandato de sacrificar ellos mismos a las niñas, sin dolor, y quemar la ciudad si, transcurridas veinticuatro horas del comienzo de la batalla, no recibían noticias de la victoria.

Este fue el contexto en el que Filípides recibió el desesperado encargo de correr hasta la ciudad, que distaba cuarenta y dos kilómetros de la planicie de Maratón, y anunciar la victoria evitando la catástrofe: los griegos habían ganado la batalla pero les había llevado más tiempo del previsto y el plazo se agotaba

La leyenda dice que Filípides llegó a Athenas, cayó agotado y antes de morir solo pudo decir una palabra: «Nike».

Ayer, me vino a la memoria la gesta de Filípides mientras leía la noticia de que dos participantes, en el maratón de Castellón, habían fallecido: uno, se desplomó durante la carrera, y el otro, unas horas después, en su hotel. La misma noticia recordaba que, el pasado noviembre, otro corredor había fallecido después de cruzar la meta del maratón de Benidorm.

Los comentarios, ahora las noticias vienen ya con los comentarios puestos, hablaban de mala suerte, de que quizá un número mayor de desfibriladores evitaría estas situaciones, de una legislación o un reglamento ineficaz, etc.

Ninguno de ellos hablaba de la gestión de riesgos, de la seguridad personal o de la autoprotección. La mayoría abogan por soluciones ajenas a la responsabilidad del individuo. No es una historia nueva. Parece que, conforme nuestra sociedad desarrolla mecanismos de respuesta a emergencias, el ciudadano se inhibe, depositando toda la responsabilidad sobre dichas estructuras y llegando, en algunos casos, a rayar la temeridad.

Mientras escribo este artículo, se me ocurre otro ejemplo, este sí, con algunos números y también relacionado con el deporte. Me crié en los Pirineos y he pasado largas estancias en la montaña: he sido alumno y monitor en campamentos, miembro de una peña de montañeros y hasta coincidió que cumplí mi servicio militar en una unidad de montaña. Todo ello, me ha permitido conocer, muy de cerca, rescates y situaciones de emergencia en montaña, y su evolución durante los años ochenta y noventa.

No llegué a vivir la época, en la que todo se basaba en la solidaridad de montañeros aficionados, que dejaban su trabajo, y acudían a ayudar, en ocasiones desde muy lejos, aquellos eran los tiempos de los rescates heroicos que duraban días y, a veces, hasta semanas.

En mi época, ya existían los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil (GREIM) que, desde 1981, han ido perfeccionando y desarrollando el arte del rescate en montaña, hasta llegar a la excelencia.

Hoy por hoy, en la montaña española, tienes la seguridad de que una llamada de teléfono pondrá en marcha recursos formidables. Muy probablemente, antes de que transcurra una hora, un equipo de profesionales extremadamente cualificado habrá llegado hasta ti con un helicóptero.

Y puede que ese sea el problema: la montaña es igual de peligrosa hoy, que en los años setenta, y los rescates igual de heroicos y también muy peligrosos, pero la percepción de la seguridad es muy diferente. Incluso es fácil caer en la creencia de que el grado de desarrollo de los equipos de emergencia ha hecho de la montaña un lugar tan seguro como el parque del barrio.

No dispongo de un estudio científico que avale mi reflexión, pero un vistazo a los números del GREIM, puede que, cuando menos, llame la atención acerca de un problema al que no se acostumbra a prestar atención, veamos:

Fuente: Wikipedia

Simplemente es un dato y la pregunta es: si el ciudadano de a pie sabe que, todos los años en la montaña española, más de mil personas necesitan ser rescatadas, de las cuales, una media de cien mueren y quinientas resultan heridas.

El dato me lleva de nuevo al principio: Filípides murió tratando de salvar la vida de sus conciudadanos, desgraciadamente, eso mismo le ocurre todos los años a un buen número de profesionales y, es una amarga paradoja de los nuevos tiempos, que los modernos emuladores de Filípides mueran por no seguir sencillas normas de autoprotección y que, al hacerlo, pongan en riesgo la vida de los que tratan de ayudarles.

Prueba de ello es cómo ha evolucionado la tasa (cada 100.000 habitantes) de mortalidad por accidente en España (Capítulo XX «Causas externas de mortalidad»). Desde el año 1980 hasta el año 2014, la tasa total, ha disminuído más del 22%, pero si desacoplamos los accidentes de tráfico, en los que se ha producido una notabilísima mejora, vemos que las muertes por causas accidentales se ha incrementado en un 12,9%. Teniendo en cuenta que los sistemas de emergencia, sanitarios y el equipamiento de protección en general, ha mejorado exponencialmente (estas tres causas han sido fundamentales para la mejora de la mortalidad de los accidentes de tráfico) debemos concluir que algo malo está ocurriendo con la gestión de los riesgos de los españoles, e intuyo, que la situación debe ser más grave ya que muchas situaciones, probablemente, no se registran como accidente.

Fuente Instituto Nacional de Estadística de España

Creo que hay suficientes datos para concluir que ha llegado el momento de que tomemos en serio la autoprotección y la evaluación de riesgos en el ámbito personal. El desarrollo social ha tenido como efecto secundario el entumecimiento de nuestra percepción del peligro y, probablemente, nos hemos desadaptado. Buscamos emociones en el deporte, en el contacto con la naturaleza o viajando a lugares remotos y en esa búsqueda de lo auténtico nos topamos con peligros que ya no forman parte de la vida cotidiana y que ya no sabemos cómo afrontar.

En la civilización del ocio, es necesario incluir, dentro del sistema educativo formal, la seguridad personal, puede que suene extraño pero no más que, cuando se introdujo la educación sexual, hace ahora treinta años.


Publicación original en el perfil profesional del autor en LinkedIn. Algunos derechos reservados. Licensed under CC BY-ND 4.0.
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