¿La dinámica de sistemas puede ampliar el enfoque económico al analizar las políticas públicas?
Hace unos días asistí a un debate entre los economistas expertos representantes del partido de Gobierno y del partido opositor, organizado por la Universidad Continental en Lima, Perú. Ambos discutían sobre las variables macro-económicas con bastante pulcritud académica, además agregando una contextualización política, lo cual hacía el debate bastante agudo y útil para los asistentes.
En algún momento del debate se enfocó en algunas variables: (i) productividad, (ii) eficiencia productiva, (iii) inversión, (iv) empleo, (v) formalidad, y para ser justos con la calidad del debate aunque fue incluido al final se tocaron los temas de (vi) capacidades y (vii) tecnología. En resumen, se afirmaba que debía promoverse la inversión privada porque de mantenerse baja no iba a permitir recaudar tributos suficientes lo cual iba a reducir la capacidad de inversión del Estado. También se mencionó que no hay capacidad de inversión puesto que las agencias estatales no gastan rápido aun teniendo dinero. También que ciertas formas de incentivo a la formalidad no iban a funcionar porque la vida de los informales no estaba planteada para acoger incentivos de formalidad. Todas estas ideas me parecieron mucho más complejas que los discursos económicos simplistas que había escuchado en los noventa.
Durante el debate esto me alentó a creer que en cualquier momento definirían un sistema complejo para poder plantear medidas sistémicas. Sin embargo no ocurrió. Cada nombre que los economistas utilizan (empleo, inversión privada, inversión pública) es redondo, perfecto e inalterable. Cuando generan teorías o discursos acerca de las variables económicas, pueden proponer diferentes formas de articular las variables, pero jamás imaginar una variable redefinida. Esto me llevó a pensar que probablemente esta es una de las barreras sobre las políticas públicas en los países. Los economistas son quienes modelan las soluciones. Se puede plantear el cambio de tener menor o mayor énfasis en la inversión pública asociado a una mayor generación de confianza para la inversión privada. Sin embargo ambas variables (inversión pública y privada) son inalterables. Basta una reflexión ligera para entender que en la realidad no hay “una inversión privada científicamente pura”, hay muchos estilos de inversión privada. Por tanto si los modelos utilizan una sola variable, los defectos de aplicación surgen cuando la teoría discrepa con la realidad.
Mi enorme duda (más estructurada) es la siguiente. Si un economista es capaz de asignar una cifra con decimales a una variable que es considerada como perfecta (digamos: “necesitamos 12,8% de inversión privada adicional”), si el concepto de “inversión privada” fuera único y perfecto, sería comprensible vincularlo a otra variable y afirmar que “el Estado tendría 8,63% adicional para invertir en la promoción de proyectos de ciencia y tecnología en convenio con las universidades”, pero nuevamente sin tomar en cuenta que “promoción de la ciencia y tecnología” no es un concepto científico y perfecto. Por lo tanto formular números decimales para ambas variables es como apoyar dos teodolitos de alta precisión sobre un pantano y afirmar que la medición será confiable.

Si se tiene una aspiración de llegar a otro nivel tecnológico del país, con las necesarias capacidades profesionales y técnicas de los jóvenes en el futuro (capaces de gestionar datos a alta velocidad, manejar modelos de inteligencia artificial), no se puede congelar el concepto de “inversión privada”, sobre todo si probablemente un gran porcentaje de la inversión privada inhibe completamente la actualización profesional de sus trabajadores, por muy elevada que sea la productividad actual. No se puede afirmar que se está “promoviendo la ciencia y tecnología” si no se mide el grado de incidencia de las becas de los estudiantes en el grado de posicionamiento tecnológico del país con alta precisión.
Es en esta forma en que pienso que la dinámica de sistemas complejos (disciplina que lejos de concentrarse en los decimales que tiene cada variable permite la detección de patrones comprensibles e integrales de comportamiento de todo un sistema) podría tener un alcance mayor al de la economía para poder desentrampar soluciones. Tal vez debemos pensar en que la elevada complejidad y dinamismo de los escenarios actuales necesitan de herramientas que logren ese nivel de análisis.
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