
La Fórmula de la Felicidad
Hoy hablamos de felicidad, mediante una fórmula que desarrolló Jonathan Haidt en 2011.
Es la siguiente: F = G + C + V
Según Jonathan, el nivel de felicidad percibido por cada uno de nosotros depende de tres factores, que vamos a explicar ahora.
La G es la genética. Durante los años 90 del siglo pasado, varios estudios demostraron que hay una correlación mucho más fuerte con la genética de cada uno que con las condiciones ambientales en las que vivimos en la mayoría de los aspectos de nuestra personalidad, incluido el nivel de felicidad percibido. Jonathan cree que hay un “nivel de felicidad” concreto que está programado en nuestros genes. No es un valor exacto sino más bien una curva de probabilidad, algo así como esto. En el eje horizontal está el nivel de felicidad percibido— más alto cuanto más a la derecha y menos hacia la izquierda — y en el vertical, la probabilidad de tener ese nivel de felicidad en cualquier momento de nuestra vida. Puede ser que haya momentos que puedas considerar muy positivos — que te toque la lotería, que el amor de tu vida te corresponda — o muy negativos — un accidente de tráfico grave, que pierdas un trabajo en el que llevabas mucho tiempo y estabas a gusto — que puedan modificar el nivel de felicidad que sientes de forma puntual, pero está demostrado que, tras pasar cierto tiempo, tras adaptarte a la nueva situación, tu nivel de felicidad vuelve más o menos al nivel programado en tus genes.
La buena noticia es que te puedes “mover” voluntariamente alrededor de ese punto más probable que marca tu genética. Vamos a ver cómo.
La C de la fórmula son las Condiciones de vida que te han tocado. Incluyen cosas que no puedes modificar — el país donde has nacido, la época, la edad, alguna discapacidad física o mental sobrevenida — y cosas que sí puedes — ingresos económicos, estado civil, el lugar donde vives. Las Condiciones de Vida suelen ser más o menos constantes a lo largo de periodos largos de tiempo, no dependen en gran medida de ti y modifican la posición relativa — a mejor o a peor — de tu nivel de felicidad genético de manera constante. Imagínate cómo puede afectar a tu nivel de felicidad vivir en un país en el que se declare una guerra, por ejemplo, o encontrar un trabajo con un nivel de ingresos que te permita vivir desahogadamente.
El tercer parámetro, la V, es el más interesante, puesto que es donde más puedes actuar. Es la Voluntad. Son las cosas que puedes elegir hacer — meditación, ejercicio, aprender algo que te guste, coger vacaciones — y que pueden aumentar tu nivel de felicidad gracias a un esfuerzo por tu parte.
Estas cosas que puedes hacer de forma voluntaria se clasifican en dos grandes grupos: placeres y gratificaciones.
Los placeres son goces o disfrutes físicos o espirituales producidos por la realización o la percepción de algo que gusta o se considera bueno. Son de tipo de los que proporcionan la comida, el sexo, que te rasquen la espalda, una brisa suave en primavera o la contemplación de un cuadro de Velázquez, por ejemplo. Los placeres tienen que estar espaciados en el tiempo para mantener su potencia y cuanto más variados, mejor.
Las gratificaciones son actividades a las que te entregas completamente, a las que dedicas tu atención plena e incluso te permiten perder la noción del tiempo. Aquí se aplica el concepto de “fluir” del que hablaremos en otro episodio de Cosas de Coaching. Las gratificaciones son consideradas un reto personal al que queremos enfrentarnos y disfrutamos con él. Son las sensaciones que tenemos cuando hemos conseguido algo lo suficientemente difícil para nosotros, cuando hemos aprendido algo que nos interesaba o cuando sentimos que hemos mejorado.
Bueno, pues ya sabes el gran secreto, la Fórmula de la Felicidad. Ahora solo te queda poner en los comentarios al vídeo cuáles son los placeres o gratificaciones que vas a acometer desde hoy mismo para aumentar tu nivel de felicidad de forma voluntaria. Porque quieres ser más feliz, ¿verdad?
