Tengo que dejar de quererla
Friends. 1 de enero, propósitos de año nuevo. Ver Friends y escribir algo para el día 2 de junio. Para hoy. 236 episodios, 23 minutos de duración cada uno.
151 días desde el 1/1/18. Total: 1,56 capítulos/día, sin fallar ni un solo día.
Incapaz.
He intentado ver Doctor Who también, porque me lo recomendó ella. Llegué a ver toda la primera temporada de, digamos, los “tiempos modernos”. Me gustaba sobre todo la chica protagonista. Como en la segunda temporada ya no estaba, dejé de verla.
Los Simpsons. Ni hice la cuenta. Imposible.
Yo quería ver esas series de cabo a rabo. Como ella. Quería saber el nombre de todos los personajes, los chistes, los momentos importantes que habían marcado su vida.”Mi vida se puede explicar solo viendo los episodios de Friends o los Simpsons”, me dijo. Yo quería verlos porque ella me lo dijo.
Luego me di cuenta que para querer a una mujer no hace falta ver todo lo que ella ha visto, no hace falta conocer su vida de cabo a rabo; no hace falta, siquiera, que te gusten las mismas cosas que le gustan a ella y que no te gusten las cosas que no le gustan a ella. Desde que comprendí esto, como pizza mucho más tranquilo (a ella no le gusta la pizza; odia la pizza).
Para querer a una mujer solo hay que quererla. Ellas lo saben. No sé cómo, pero lo saben. Y tú sabes que lo saben porque te cogen. No en el sentido argentino del término. Si las quieres de verdad, cogen tu hombro para llorar cuando están tristes, cogen tu oreja para contarte tooooooodo lo que han hecho durante el día, cogen tus labios para besarte, cogen tus manos cálidas para calentarse las suyas cuando están frías, te cogen desprevenido, por detrás, poniéndote las manos, esas manos a veces frías, en los ojos para decirte ¿quién soy? sin decirlo porque reconocerías su voz. Porque cuando tú la quieres reconocerías su voz mientras estás en primera fila en un concierto de Metallica, reconocerías su olor bajo cualquier perfume, por intenso que fuera, reconocerías el tacto de su piel de inmediato aunque solo usaras la yema del dedo meñique del pie izquierdo. Si no me creéis, ¡probadlo!
Cuando quieres de verdad a una mujer, estás atrapado. Atrapado del todo, irremediablemente perdido, sin escapatoria, sin posibilidad alguna de que, hagas lo que hagas durante el tiempo que no estás a su lado, todo te recuerde a ella. Ves mujeres caminando por la calle que te recuerdan a ella, escuchas en la radio esa canción que le gusta a ella, en el restaurante de menú del día tienen hoy ese plato favorito de ella, esos zapatos del escaparate le quedarían preciosos a ella, esa frase que te ha dicho tu madre por teléfono, también te la dice ella, ese olor, ese olor… ¿no es el perfume de ella? Ella, ella, ella, ella.
Tengo que dejar de quererla.
