El auténtico amor a Honduras

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Si hiciéramos una encuesta preguntando a muchos hondureños sobre el amor a su país, seguramente una aplastadora mayoría se autodefiniría como auténticos patriotas. Es probable también que se auto colocarían el título de prócer muchos corruptos, políticos inescrupulosos, holgazanes, mentirosos y toda una ralea de personajes que encarnan todas las lacras sociales. Ser buen hondureño es mucho más que vestir la camiseta de la selección en un día de partido de fútbol. Es más que tener buenos deseos de cambiar nuestro país. Ostentar el título de buen hondureño no es una condecoración. Es un peso y una responsabilidad que tristemente pocos están dispuestos a llevar.

Hoy quince de septiembre, en el ciento noventa y cuatro aniversario de la independencia de Honduras, busco al auténtico hondureño. Buen trabajador, respetuoso de las leyes. Conocedor de una valiosa tradición recibida de nuestros padres. De una historia de conquistas logradas con mucho esfuerzo. Orgulloso de sus símbolos patrios por lo que significan; el recuerdo de tantas acciones heroicas. Agradecido con Dios por las maravillas naturales que engalanan a nuestra Honduras.

Este buen hondureño seguramente se tomará muy en serio su trabajo. Sea cual sea. Sentirá el orgullo y el agradecimiento de una labor bien realizada, con amor, con esfuerzo y sacrificio. Será una persona que no busca acortar sus responsabilidades sino al contrario. Aligerará con su esfuerzo las cargas ajenas. Verá en su trabajo responsable el poderoso motor para engrandecer a su familia y a su patria.

Se busca un hondureño que no tenga miedo al compromiso. Que se implique en el presente y futuro de nuestro país. Que no vea con desprecio a la política ni a ninguna otra profesión de servicio público. Al contrario, que busque incrementar el bien común con su participación responsable. Que sirva desinteresadamente y cargue generosamente sobre sus hombros las preocupaciones de los demás.

Un hondureño que se proponga comenzar el cambio del país luchando por ser mejor él mismo. Que busque desarrollarse como persona para servir mejor. No por ambición egoísta. Con la mirada puesta en el bien del país en el que vive. Una persona que no se quede en las palabras o en las buenas intenciones. Que sienta como propios los avances de los demás ciudadanos y también haga suya la responsabilidad de cambiar lo que no está bien. Que sea parte de las soluciones y no solamente de los problemas.

Una persona con amplitud de miras y apertura a todo lo bueno y noble. Con ideas claras para iluminar. Sabedor que ha de buscarlas en los libros, pero sobre todo en las personas. Humilde para escuchar a todos y aprender de todos. Especialmente de los mayores y de los que han dado mucho por el crecimiento de nuestra sociedad. Capaz de reflexionar y hacer propios estos ejemplos para luego no temer hacer su aporte personal. Que influya en primer lugar con el ejemplo de una vida coherente. Que no intente imponer sus ideas con la violencia. Tampoco que destruya la labor ajena solamente porque no es suya. Que busque alabar y encontrar el bien en todos antes de criticar.

Un hondureño respetuoso de las leyes. Que combata la corrupción a todo nivel. Exigente consigo mismo para luego serlo con los demás. Que no calle de forma cómplice tantos males que aquejan a nuestras familias y a nuestros niños. Que combata toda injusticia, especialmente aquella que afecta directamente a los pobres y más indefensos.

Un hondureño que expulse de su corazón el odio y la división. Los enfrentamientos inútiles. Que sea comprensivo. Buen amigo, mejor padre. Una persona de bien.

Podría parecer un ideal difícil e inalcanzable. Este fue el que dio origen a nuestro país y el que lo mantuvo en pie hasta nuestros días. El mismo que movió a los próceres a luchar por nuestra independencia. El mismo que nos hará crecer y superar todas las dificultades actuales y futuras. No es tarea fácil. Solamente los que la asuman con sinceridad pueden llamarse para mí auténticos hondureños.

Zambrano, 15 de septiembre de 2015

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

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Originally published at eticaysociedad.org on September 19, 2015.