No abrir hasta navidad. 5 películas para niños malportados

Las celebraciones decembrinas siempre me han llenado de una profunda tristeza. Quizá es la resignación ante la infancia perdida. Quizá. Desde hace unos años la navidad se me ha antojado morosa y accesoria. Sin embargo, el mejor recuerdo que tengo de mis navidades pasadas, más allá del regalo prometido, es que un 25 de diciembre logré ver por primera vez, sin dormirme, 2001: Una Odisea del Espacio. Va el título así, en lengua vernácula, porque así la vi aquella vez, entrada la madrugada y doblada al español en uno de los canales de señal abierta. Por aquella época, había comenzado mi insomnio adolescente que pasó a ser crónico y era común amanecer con los ojos calcinados, enrojecidos y abiertos como huevos fritos después de un maratón peliculero de maitines. Ya había intentado verla un par de veces, a las mismas horas y por el mismo canal, sin éxito. Ignoro si fue una versión íntegra o una mutilada, no lo recuerdo. Pero ese día, no sabría explicar por qué, pude conquistar su visionado. Y es que en esa oportunidad se me antojó verla como una película profundamente navideña. No sé si eran los colores o los valses de Strauss o el ballet espacial o la idea de una inteligencia (y una moralidad) suprahumana. No sé. Desde entonces no puedo dejar de escuchar los primeros acordes de Also sprach Zarathustra como si fueran un villancico. Comenzó entonces una larga lista, capricho de las televisoras nacionales, de películas que me acompañarán en estas fechas. Desde el Jesús de Nazareth de Zeffirelli hasta clásicos de acción como Die Hard o Lethal Weapon, pasando por todas las encarnaciones de Scrooge (de Rico McPato a Bill Murray), Home Alone y cualquier película sobre decoraciones navideñas.

Por esa razón, hace unos días fui al cine a ver Krampus de Michael Dougherty con muchas expectativas. Su película anterior Treat ‘r Trick me había fascinado y hasta la resalté en una lista anterior. Pero me encontré con algo muy distinto a lo esperado. Si bien, se puede rescatar la dirección de arte y el diseño de producción que legará a nuestras pesadillas los regalos navideños más espeluznantes y una secuencia inicial maravillosa sobre los excesos consumistas, la película se ahoga en una moralina pueril que la lisia. Y es que Krampus termina siendo una película que, aunque muy larga, no deja de sentirse inacabada, a medio hacer. A pesar de la decepción, esa idea de un ser, reflejo invertido de San Nicolás, que castiga en vez de premiar a los que se lo merecen, me fascinó. Así que para quitarme el mal sabor de boca, he pensado en 5 películas que, como el demonio Krampus, nos muestran el lado más oscuro de la navidad.


A Christmas Horror Story, 2015. Grant Harvey, Steven Hoban y Brett Sullivan. Canadá.

Solo puedo comenzar a escribir sobre A Christmas Horror Story diciendo que me sorprendió. Debo confesar que empecé a verla con muchos prejuicios. Su póster solo puede generar sospechas. Imaginaba una de esas producciones de The Asylum (que a veces son tan malas que son buenas), un rip-off de la película de Dougherty. No podía estar más equivocado. Porque si bien, la película tiene cierta estética de telefilm (por un modesto presupuesto evidente), resulta una entretenida antología de terror (que sí la emparenta con el citado director) de tema navideño. 4 historias se imbrican a lo largo del metraje: Unos jóvenes que quieren hacer un documental sobre unos asesinatos que terminan recreando terriblemente la natividad, una familia que en un viaje debe enfrentarse al ya mencionado Krampus, otra que va buscar un árbol de navidad y llevan a su casa algo que no esperaban y un San Nicolás que debe acabar con una horda de elfos infectados y enfurecidos para enfrentarse al final con su reverso maldito. Acompaña a la narración, William Shatner, como un locutor ebrio de ponche de huevo, que informa de extraños sucesos en la ciudad. La sorpresa inicial, se potencia con el final, un plot-twist que agarra desprevenido al más espabilado.


Rare Exports, 2010. Jalmari Helander. Finlandia.

Los escandinavos son gente rara. Rara para ser occidentales. Poco a poco los vamos conociendo y no dejamos de asombrarnos. Porque la invasión nórdica no comenzó con los vikingos. Comenzó con Bergman. Y luego con Abba y un tropel de espigadas rubias en topless, desmelenadas en el mediterráneo, al ritmo mondo de Mah Nà Mah Nà de Piero Umiliani. Después vendrían Björk y las novelas y series policiales. Un pueblo moderno y vanguardista y a la vez tradicional, anclado en su pasado cultural, que parece congelado por las bajas temperaturas (Borges ponderaba que el islandés casi no había cambiado en 900 años). De esa tradición ancestral llega el Papá Noel finlandés, Joulupukki que, traducido literalmente, significa cabra de navidad. Si bien Joulupukki en la actualidad se parece muchísimo al San Nicolás del resto del mundo, antiguamente llevaba unos enormes cuernos de macho cabrío para aterrorizar a los niños y exigir regalos en vez de darlos. Y justamente sobre este ser es que trata Rare Exports. Film telúrico y viril, donde no hay mujeres. Parido en una tierra de paisajes tan imponentes como hostiles y que la vida parece más un milagro que algo natural. Una excavación en el monte Korvatunturi descubre que Joulupukki es real y está enterrado y congelado en el subsuelo. Su extracción provoca que decenas de renos sean masacrados y los niños y las estufas desaparezcan, coincidiendo con un ejército de santa clauses desnudos y barbados que comienza a merodear. Un desenlace pirotécnico deviene en lo más insólito de la película y que termina dándole título. Del catálogo de san nicolases terribles, como Santa Slay o Sint (que trata sobre el Sinterklaas holandés), Rare Exports es un poderoso exponente de la dualidad que ya mencioné y que me fascinó: Joulupukki es el anverso y el reverso de una misma moneda; es, al mismo tiempo, el dadivoso y el castigador.


The Children, 2008. Tom Shankland. Gran Bretaña.

Nuestra infancia siempre estará ligada a la navidad. Para bien o para mal. La ansiedad de encontrar los regalos en el árbol, la tristeza de las expectativas no satisfechas, la irremediable desazón de la pérdida de la inocencia, siempre nos acompañará. Porque los niños son dueños de cualquier festejo decembrino. Y no podían faltar en esta lista. The Children es una pequeña maravilla. Pequeña en duración. Porque apenas es una historia ínfima que se puede contar en pocos minutos, pero que, a través de una edición por momentos histérica y febril, se alarga hasta llegar a los 80 minutos. Pequeña como sus protagonistas, los niños, que se infectan y enloquecen y se vuelven contra los adultos que se olvidan de los primeros por sus celos, favoritismos y discriminaciones. En el medio, una adolescente que tendrá que escoger entre crecer de golpe por las circunstancias o revolcarse en sus niñerías remanentes. The Children tiene el encanto de la miniatura: la pequeñez solo sirve para amplificar su simulacro de perfección.


Películas para no dormir: Cuento de navidad, 2006. Paco Plaza. España.

Historias para no dormir fue pionero del género de terror en España. La serie, creada por Chicho Ibañez Serrador, intentaba emular Alfred Hitchcock presents. Su éxito en la década del 60, originó varios revivals y remakes. Su última encarnación fue Películas para no dormir, un puñado de producciones de distintos directores como Jaume Balagueró, Álex de la Iglesia y el mismo Ibañez Serrador. La última de ellas, es la que ahora nos ocupa. Cuento de navidad es una obra maestra. En poco más de una hora logra conciliar las aventuras infantiles de Amblin, el cine de serie B ochentoso y el slasher decimonónico. Un grupo de niños encuentran atrapada en un pozo a una mujer vestida de Papá Noel que resulta ser una ladrona de bancos. De manera, casi natural y democrática, deciden mantenerla ahí, lastimada y hambrienta, hasta que les dé el dinero obtenido. Si el horror de la película anterior radicaba en la idea de niños rabiosos y violentos por una enfermedad inexplicable, los infantes de Cuento de navidad son capaces de la más horrenda crueldad solo porque son niños. El resultado es una implacable venganza que trascenderá hasta después de la muerte. La impecable ambientación nos lleva a una comunidad vacacional desierta por el invierno a mediados de los 80. Así que no faltan los walkmans, las bmx y los walkie talkies. Si Rare Exports es una película sin mujeres, en esta no hay adultos. Excepto por la cautiva que no deja de enfatizar su ambigüedad: andrógina, debatiéndose entre la vida y la muerte. Este personaje, supera con creces a cualquier Santa Claus asesino como el de Silent Night, Deatly Night o el de Christmas Evil. Una película fabulosa que merece ser tan conocida como la casi escogida El día de la bestia del ya mencionado Álex de la Iglesia.


Gremlins, 1984. Joe Dante. EEUU.

Gremlins es el clásico definitivo. Punto. Por encima del fundacional Black Christmas de Bob Clark (espejo maldito de A Christmas Story del mismo director), por ejemplo. Y es que ha logrado superar la prueba del tiempo y todavía puebla el imaginario colectivo y la cultura pop. Su origen se remonta a leyendas de la fuerza aérea británica que atribuían ciertos accidentes a extrañas criaturas que destruían los aviones y Roald Dahl, se encargó de hacer del mito, literatura. Audivisualmente, encuentra su primera expresión en un capítulo de Twilight Zone titulado “Nightmare at 20,000 Feet”, dirigido por Richard Donner y protagonizado por William Shatner (en la versión fílmica de la serie, es recreado por George Miller y John Lithgow) donde un aterrorizado pasajero debe ver como una criatura destruye el ala de un avión, ante la mirada incrédula de los demás pasajeros. Sin embargo, la obra de Joe Dante, va un poco más allá. Iniciadora de todo un todo un género que continuarán los critters o los ghoulies, la factoría Amblin logra crear un monstruo original: los mogwai, pequeños seres adorables que son sensibles a la luz del sol (y que justifica su accionar en las sombras), se reproducen con el agua y que no pueden comer después de la medianoche porque se convierten en engendros traviesos y furibundos. Entonces atacan como turba, destrozando todo a su paso y sucumbiendo a sus instintos. Pero no solo podemos resaltar a estos pequeños monstruos, también posee una de la más tétricas historias navideñas que escuchamos del personaje que interpreta Phoebe Cates. Porque, a pesar de manejar códigos para toda la familia, no hay remilgo a la hora de mostrar escenas fuertes o de mal gusto, como el de un gremlin explotando en un microondas. Por todo esto y mucho más, Gremlins resulta una película densa, de varias capas. Si bien hay muchas interpretaciones que la definen como una crítica contra la enajenación de la tecnología o solo un espectáculo racista, me parece que, indudablemente, es un ejemplo de la decadencia de la cultura occidental, que reduce la navidad a compras compulsivas, gastos innecesarios y todo tipo de excesos.

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